Tema 7: La
crisis de los años treinta y las salidas de la Gran Depresión
1
Las bases de la crisis y el desplome de la bolsa de Nueva York
Cuando parecía que los problemas
de reconstrucción económica estaban resueltos, la economía mundial entró en una
etapa de profunda represión. Los orígenes de dicha depresión en los años 30, se
deben buscar en la evolución de la Economía estadounidense y en su influencia
sobre la economía mundial.
A su vez, las bases de esta
represión responden a dos factores:
1. La caída de la inversión como
consecuencia de la desaceleración de la demanda de las innovaciones de la
Segunda Revolución Tecnológica y del aumento de la productividad generado
principalmente por la electrificación de la producción.
2. Adopción de políticas económicas
no adecuadas.
La crisis tenía como base los
cambios estructurales provocados por la guerra y, como factores, el doble
impacto de la reducción del crédito exterior a mediados de 1928 y de la
difusión de la depresión estadounidense.
1.1.-. Las Bases de la crisis: EE.UU. tras la
primera guerra mundial
Tras la guerra, EE.UU. pasó a
liderar la economía mundial al mismo tiempo que experimentaba un fuerte
crecimiento económico. El aumento de la productividad permitió un fuerte
crecimiento de la producción y de la demanda, sobre todo en productos de
consumo duradero, como el automóvil o los electrodomésticos. También creció
mucho el sector de la construcción. La difusión de la electricidad y del automóvil
facilitaba los desplazamientos y hacía posible la urbanización de áreas
anteriormente consideradas alejadas del centro de la ciudad.
De la bonanza general participaba
la Bolsa, con un crecimiento importante de las cotizaciones, que animaron a
mucha gente a arriesgar sus ahorros, provocando una burbuja especulativa. Sin
embargo, a principios de septiembre de 1929 las cotizaciones dejaron de subir y
empezaron a caer más deprisa de lo que habían subido, lo que desencadenó la
peor crisis del capitalismo: la Gran Depresión.
Las causas más profundas de la
crisis fueron dos: por un lado, los problemas agrícolas y, por otra parte, los salarios,
beneficios y producción industrial.
1. Los
problemas agrícolas: la agricultura americana tenía problemas estructurales, principalmente
en el sector del trigo y del algodón.
Los productores de trigo tuvieron que hacer frente a la
caída del consumo interior (debida a un mayor bienestar de la población que le
permitía prescindir del pan) y a la competencia internacional ya que, en el
exterior, la recuperación de Europa y los precios más competitivos de otras potencias
exportadoras como Canadá o Australia, comportaron una disminución importante de
las exportaciones americanas. Como consecuencia el precio se redujo en pocos
años a la mitad.
Respecto al algodón, la situación era peor ya que, en las zonas de monocultivo
en el sur, los trabajadores negros trabajaban en explotaciones pequeñas y
atrasadas, arrendadas a corto plazo y que eran poco competitivas.
Los principales problemas de la
agricultura americana fueron el desfase entre demanda y oferta, puesto que la
guerra fue una oportunidad debido a la subida de precios por parte de la demanda
europea y animó a muchos agricultores a ampliar y modernizar sus instalaciones.
Pero al acabar la guerra, la producción seguía creciendo mientras que los
precios comenzaban a descender, aunque la mejora de la productividad permitió
un ligero aumento de la renta agraria. El problema residía en las explotaciones endeudadas, que con la
caída de precios no lograban cubrir con sus ingresos los gastos de explotación
y financieros.
2. La producción industrial, salarios y beneficio
El cambio tecnológico entre 1920
y 1929 propició un crecimiento de la producción
del 50% (aunque el empleo disminuyó un 6%). El aumento de la
productividad se debió a la aplicación de la electricidad a la producción, a la
generalización de la cadena de montaje y a la mejora que representó el camión
para el transporte.
Este aumento de la productividad
tuvo un leve reflejo en los salarios.
El sentimiento
Generalizado era de mejora
salarial a causa del incremento de salarios reales (consecuencia de la disminución
del precio de los productos agrícolas), de las horas trabajadas y del aumento
del trabajo femenino.
Tampoco el aumento de la
productividad se reflejaba en los precios de venta, que bajaron poco, por lo
que se produjo una gran acumulación de beneficios
que incrementó aún más el desigual reparto de la renta (un 20% de las
familias concentraban el 98% del ahorro).En esta situación, la producción
empezó a crecer más deprisa que la capacidad de compra de la población, lo que
produjo un exceso relativo de capitalización de muchos sectores (agravado por
la debilidad de las exportaciones a Europa). Los sectores más afectados fueron
los de consumo duradero, cuya demanda es elástica. La forma ortodoxa de
mantener las ventas hubiera sido disminuir precios o aumentar salarios (Ford).
La opción elegida fue: paralizar
las inversiones y desviar los beneficios de las empresas hacia las finanzas.
Ello se hizo de tres formas:
a) Financiando las compras de los
propios productos mediante las ventas a plazos.
b) Concediendo créditos cortó
plazo en el exterior
c) Invirtiendo en bolsa o en
préstamos para la inversión bursátil.
1.2.-. El desplome de la bolsa de Nueva York en
1929.
1.2.1.-.
El descenso de la actividad económica
Los precios agrarios empezaron a
descender a partir de 1925. A lo largo de 1929, todos los países importantes
vieron disminuir su actividad económica, aunque no parecía demasiado relevante.
Sólo la situación de Alemania era preocupante.
Esquema
apartado:
1-Descenso
de la actividad económica
2-Especulación
Bursátil
a) La
retirada de los bonos de guerra
b) La
captación del pequeño ahorro
c) La
inversión a crédito
3-¿Por
qué no se detuvo la especulación?
4-El
desplome de la bolsa
Los
intereses de los bonos de guerra eran elevados y, por tanto, una inversión
segura para los capitales europeos que huían de la inestabilidad. Esto afectó sobre
todo a la libra tras su regreso al patrón oro (1926), de modo que el gobierno
británico solicitó al de los EEUU que hiciese los bonos menos atractivos.
La
única forma de hacerlo era encareciéndolos, es decir, aumentando su cotización
(aumentando el valor nominal) para que el interés real bajara.
(Cotización=valor mercado/valor nominal)
En EEUU, la recesión había
empezado por la construcción y el sector del automóvil, pero la caída de la
demanda de bienes duraderos se atribuía a la apuesta de los inversores por la
compra de títulos a causa de los beneficios que ofrecía la bolsa.
1.2.2.-.
La especulación bursátil
El exceso de capital disponible
en los años veinte en EEUU es la base de la especulación bursátil que provocó
el crack de la bolsa de Nueva York en octubre de 1929. El traspaso al mundo
financiero de los beneficios empresariales fue una de las causas de acumulación
de capital en bolsa.
Hay que tener en cuenta que la
bolsa es un juego de suma cero en el que el valor de los títulos es igual al
valor del capital invertido. La subida de la bolsa suele considerarse una señal
de buen funcionamiento de la economía, aunque en realidad sólo responde a las
expectativas de crecimiento de los valores bursátiles por parte de inversores y
depende del capital disponible y la disposición a entrar en el negocio
bursátil.
Existe especulación cuando los inversores sólo piensan en el precio de
venta futuro de las acciones adquiridas, con la esperanza de poder vender a
precios superiores.
a) Retirada de bonos de guerra:
Después de la guerra, llegaron a
EEUU grandes cantidades de oro procedentes del saldo favorable de la balanza
comercial y del pago de los créditos interaliados. El funcionamiento correcto
del patrón oro habría exigido que se pusiera en circulación este oro o su
equivalente en billetes, incrementando la masa monetaria.
Ello hubiera provocado una subida
de precios interiores, dificultando exportaciones y facilitando importaciones. EEUU
se opuso al automatismo del patrón oro con el objetivo de evitar los
inconvenientes del aumento de precios sobre sus exportaciones. La solución fue
la esterilización
del oro hasta el punto de que el gobierno no retiró deuda pública.
Puesto que al gobierno de EEUU le convenía la
retirada de los bonos de guerra, comenzó a comprarlos en bolsa, lo que aumentó
la cotización a niveles que inducían a los tenedores a vender. Con estas compras,
el gobierno estadounidense añadió una importante cantidad de dinero a la
circulación monetaria (fallando la esterilización
del oro) y gran parte de ese dinero fue destinado a la compra de otros
activos bursátiles, reforzando las tendencias especulativas.
b) Captación del pequeño ahorro:
La especulación, alimentada por
factores como la propaganda, sumó la actuación de la banca que, ante la falta
de demanda de crédito, creó consultorías para aconsejar a sus clientes la
inversión en bolsa o en créditos relacionados con la inversión bursátil. Todo
ello con el ahorro de mucha gente que vivía alejada de las finanzas. Mucho de
ese pequeño ahorro no se invertía directamente, sino a través de las sociedades de cartera
(Empresas que tenían títulos de
bolsa como activos). El pequeño ahorro se sentía atraído por esta forma de
inversión. Las sociedades de cartera suelen surgir y prosperar en los momentos
de alza de las cotizaciones. A su vez, la cotización de estas sociedades
depende de la marcha de su paquete de títulos y de la confianza del público. Su
incidencia sobre la especulación era doble: por la captación de capitales
ajenos a los circuitos internacionales de inversión en bolsa y por establecer
un precio artificialmente caro a determinados títulos para regularizar la caída
de otros títulos llegando a comprar sus propias acciones para evitar una caída
de la cotización.
c) La inversión a crédito
El factor más importante de
especulación fue invertir a crédito. El bróker
aceptaba órdenes de compra con una parte de pago aplazado que podía
alcanzar el 90% del valor del título comprado. Sólo era necesario abonar el 10%
del valor total. El bróker pagaba
el resto, retenía las acciones como aval de la cantidad aplazada y utilizaba
las mismas acciones como garantía para obtener crédito de prestamistas
especializados o de los
Bancos, que obtenían a su vez
fondos de los Bancos Federales de
Reserva.
Esta afluencia de capitales
diversos y el efecto multiplicador de las compras a crédito permitieron que la
especulación bursátil creciera desmesuradamente. Los beneficios eran fabulosos
y, algunas empresas, habían quintuplicado el valor de sus acciones.
1.2.3.-.
¿Por qué no se detuvo la especulación?
Desde la elección de Hoover en
1929, la especulación se disparó rápidamente. Aunque la especulación bursátil no
parece ser demasiado exagerada, ya que el índice pasó de 100 en 1926 a 216 en
el punto máximo de las cotizaciones. No obstante, el índice no mide el aumento
del capital invertido en bolsa. Al mismo tiempo que crecían las
Cotizaciones, se producían
ampliaciones de capital o emisiones de nuevos títulos al mercado que no estaban
respaldados por una actividad productiva. Esta inercia especulativa se basa en
tres factores:
1. La idea de que cada uno será
suficientemente listo para retirarse del mercado en el momento de máximo beneficio.
2. La ausencia de autoridad
monetaria: bajo el liberalismo económico, EEUU no disponía de Baco central sino
de oficinas de coordinación que hacían recomendaciones a los banqueros.
3. La ideología ultra liberal.
1.2.4.-.
El desplome de la bolsa
El 9 de agosto de 1929 se tomó
una tímida medida para frenar la especulación bursátil; el Federal Reserve Bank
subió la tasa de descuento bancaria de un 5 a un 6%. Entonces comenzó a
producirse una disminución de créditos a los bróker. Las ofertas de compra se hicieron cada vez más
habituales, por lo que no había inyecciones de nuevos capitales en la bolsa.
Comenzó entonces el pánico y las
prisas para liquidar inversiones, lo que resultó ser desastroso para la aceleración
de la caída, multiplicada por los efectos de la inversión a crédito. El descenso
de las cotizaciones provocaba que los títulos depositados ya no cubrieran la
deuda con el bróker, y cuando
éste reclamaba que se garantizara la suma
Debida, recibía órdenes de
hacerlo con el producto de la venta de las acciones, de modo que se produjo una
caída acelerada de las cotizaciones.
El martes negro, el 29 de octubre
de 1929, se ofrecieron en venta 29 millones de títulos, sin prácticamente ninguna
orden de compra. La bolsa continuó cayendo hasta mediados de 1932 y, según
Maddison, no recuperó el nivel de 1929 hasta el año 1954.
2.-.
La depresión en EEUU y la difusión de la
depresión al resto del mundo
2.1.-. La depresión en EEUU
Antes de la caída de la bolsa de
Nueva York, había dificultades en varios sectores y países. Sin embargo, no
cabe duda de que la contracción de la economía estadounidense fue la causa
principal de la depresión, aunque la envergadura y la duración se observan
desde un punto de vista de la depresión como fenómeno mundial. Aunque la caída
de la bolsa no es la causa de la depresión, el crac fue el indicador del cambio
de tendencia, que agravó la depresión y la difundió al resto del mundo.
La contracción de la actividad
económica en EEUU se agravó con consecuencia de la inadecuación de las medidas
de política económica y monetaria con las que el gobierno de EEUU pretendió
hacer frente a la depresión y que lo que hicieron fue empeorarla. Por ello, EEUU se convirtió en centro y promotor de la
depresión mundial.
La depresión se difundió
rápidamente al resto del mundo a causa de la potencia económica y financiera de
EEUU y por la conductibilidad del patrón oro para transmitir los choques
financieros.
2.1.1.-.
Las causas de la depresión
Discutidas ampliamente y acotadas
en torno a dos escuelas de pensamiento: la realista (Keynes) y la monetarista
(Friedman y Schwartz). Los realistas achacan la depresión al mal funcionamiento anterior de
la economía, agravado por la caída autónoma del gasto, de modo que la
contracción monetaria sería inicialmente una respuesta pasiva a la disminución
de la demanda y la producción. Los monetaristas defienden que la contracción
monetaria, que era debida a decisiones políticas equivocadas, causó la caída de
precios y de la producción.
a) El impacto del crac bursátil y la crisis financiera
Uno de los factores más
destacados de la depresión fue la reducción de la oferta monetaria. A pesar de
mantenerse en circulación la misma cantidad de billetes, el conjunto de medios
de pago a la vista (billetes en manos del público) disminuyó, agudizando la
caída de precios y la depresión general.
La caída del precio de los
títulos cotizados en la bolsa tuvo efectos inmediatos en la situación financiera
de los bróker y de los bancos
que les habían concedido un crédito. Las deudas que los inversores habían contraído
con los bróker resultaron en
gran parte impagadas tras la crisis bursátil, ya que el valor de garantía era
inferior al valor del préstamo. Eso afectaba de rebote a los bancos que habían
financiado a los
Bróker
con
la garantía de los mismos valores.
Cuando los bróker empezaron a quebrar, los
bancos tuvieron que quedarse unos valores depreciados que no cubrían las
deudas. Este hecho causó la alarma entre los depositarios de estas entidades, que
quisieron retirar sus depósitos. Algunos bancos tuvieron que suspender pagas y
adoptar medidas ante la crisis.
Una de las medidas fue la
reducción del crédito concedido a la clientela y el aumento de reservas en efectivo.
Ello significaba una reducción paralela del dinero a manos del público. Faltaba
crédito, y nadie sabía dónde encontrarlo.
A pesar de estas dificultades, en
esta primera fase no hubo un número inusual de quiebras bancarias, que si se
produjeron en cambio en noviembre y diciembre de 1930, por varias razones.
Algunos bancos quedaron en una situación muy mala tras la crisis bursátil;
otros sufrieron los efectos del pánico del público.
Por tanto estaban implicados
tanto entidades saneadas como aquellas con tenencia de activos devaluados. En
términos globales, todo esto supuso una reducción adicional de la oferta
monetaria. En primer lugar, los
depósitos bancarios dejaban de ser medio de pago para convertirse en deudas a
corto y largo plazo. En segundo lugar,
los bancos que resistían reforzaban sus reservas restringiendo el crédito. Ante
la incertidumbre, el público retiraba sus depósitos, disminuyendo las
posibilidades de crédito, activando una
Espiral deflacionista y
dificultando el funcionamiento de empresas.
La pasividad de la administración
ante este panorama se explica por dos factores: la creencia de que era
necesaria una limpieza del
sector financiero y de la economía del país (del cual la economía en general salió
perjudicada) y la adhesión al patrón oro (para mantener la convertibilidad de
los dólares en oro, el margen de crédito de la Reserva Federal era muy escaso).
Cuando Gran Bretaña abandonó el patrón oro, las presiones sobre EEUU fueron más
fuertes, por lo que Hoover creó en enero de 1932 la Corporación Financiera para
la Reconstrucción que, no obstante, solo podía limitar la deflación, no
iniciar la recuperación.
b) Descenso de la producción y del empleo.
La recesión financiera se
convierte en depresión cuando ataca a la producción. La crisis hace que la creación
de nuevas empresas o las inversiones en bienes de equipo sean aún más escasas.
Se produce así una crisis en el sector de bienes de equipo que se transmite al
de materias primas. Parte de las empresas quiebran o reducen su actividad,
dejando muchos trabajadores en paro. La disminución de la capacidad de compra
de los parados activa un ciclo involutivo nuevo.
La caída del desempleo se
acompaña de un incremento de los salarios reales ya que, aunque los salarios
descienden, lo hacen respecto a los precios con retraso El incremento de
salarios impedía a la empresa minimizar costes en relación a la bajada de
precios, lo que se reflejaba en más desempleo.
La depresión afectó también a la
agricultura, aunque la producción agraria no disminuyó. La mayoría de las
empresas agrarias tenían a trabajadores de su propia familia, lo que no
contribuía al desempleo.
2.1.2.-.
El debate sobre política económica
La administración Hoover se
mantuvo fiel al principio liberal de no intervención en la economía y a la
ortodoxia presupuestaria (no gastar más de lo que se recauda). Por tanto, la disminución de ingresos implicaba o
una disminución del gasto o un aumento de los impuestos. El
resultado fue el empeoramiento de la recesión.
Realistas y monetaristas
defendían sus propuestas para salir de la depresión. Los monetaristas defendían un incremento
de la masa monetaria para reducir la deflación y los keynesianos afirmaban que las políticas monetarias eran necesarias
pero insuficientes, proponiendo un aumento del gasto público a coste del
aumento de déficit público. Los beneficiarios del primero son los bancos y, en
el segundo, las empresas y los trabajadores (a través de la obra pública).
2.2.-. La difusión de la depresión al resto del
mundo
! La difusión de la depresión a
escala mundial fue el resultado del peso de la economía
Norteamericana en el conjunto de
la economía mundial (EEUU representaba el 45% de la producción industrial
mundial en 1929). En la base de la depresión esta la adhesión a las reglas de
la economía clásica (patrón oro) y, a la vez, el incumplimiento de estas reglas
porque los países que ganaban oro lo atesoraban para evitar la inflación. A
escala mundial se impusieron fuerzas deflacionistas responsables de la interrupción
de la actividad económica conocida como: la Gran Depresión.
La depresión se transmitió
rápidamente a la periferia a través de cuatro mecanismos:
1. La caída del volumen de las
exportaciones (superior a la caída de la producción en los países desarrollados
y con una recuperación posterior más lenta que la de éstos.
2. El empeoramiento de los
términos de intercambio en contra de los productos primarios.
3. La desarticulación del mercado
internacional de capitales.
4. La caída mundial de los
precios (haría crecer el endeudamiento en términos reales y que perjudicaba aún
más a las economías de los países rezagados)
2.2.1.-.
La retracción del comercio
internacional
La disminución del comercio
internacional es un hecho anterior del desplome de la bolsa. Las políticas monetarias
deflacionistas para mantener el patrón oro forzaron el comercio mundial a una
espiral negativa exacerbada por el aumento de aranceles y por otras
restricciones al comercio. El valor del comercio mundial se redujo al 39% en
1932. El colapso comercial se
produjo por las restricciones norteamericanas a la compra de productos
primarios. Cuando el día después del crac los bancos dificultaron la concesión
de crédito, el precio de muchos productos cayó rápidamente. Ello provocó un
descenso de la compra de manufacturas por parte de los países exportadores de
Productos primarios y, en
consecuencia, una disminución de las importaciones de estos países de productos
manufacturados.
Los legisladores estadounidenses
atribuyeron la caída de precios en EEUU a la competencia de las importaciones y
reaccionaron con una nueva tarifa arancelaria más restrictiva, pensada para
proteger los productos agrarios, pero que acabó incrementando los aranceles de
productos primarios y manufacturas. Llamada arancel de Smoot-Hawley, fue firmada por Hoover pese a las protestas de 30
países y de 1000 economistas americanos.
La aprobación de este arancel
originó una precipitada estampida hacia la protección y restricción de las importaciones mediante aranceles...
El intento de cada país de solucionar sus problemas llevó al empobrecimiento mutuo. Las políticas de empobrecer al vecino desembocaron en todos pobres. La espiral de trabas al
comercio continuó con la depreciación de la monetaria, el control de cambios,
la contingentación (cantidad máxima de importaciones permitidas en un país) de
importaciones y los acuerdos bilaterales.
2.2.2.-.
El colapso del mercado internacional
de capitales
La caída del crédito exterior
empezó a mediados de 1928, cuando los retornos de los créditos concedidos superaban
el propio crédito, hasta que el flujo de capitales de EEUU resultó negativo. El
desequilibrio financiero se vio incrementado por la fuerte reducción que
experimentaron las importaciones de EEUU.
Los gobiernos tuvieron que
adoptar medidas monetarias y fiscales para defender la paridad oro de su moneda
e impedir el empeoramiento de la balanza de pagos. Ello exigía a bancos
centrales la imposición de políticas deflacionistas ya que mantenerse en el
patrón oro requería una reducción drástica del gasto.
El colapso del crédito
internacional comportó serias dificultades para los países cuyas exportaciones
tenían precios cada vez más bajos, lo que les dificultaban las importaciones y
el pago de deuda pública.
Ante esta situación, los países
más perjudicados reequilibraron sus economías saliendo del sistema, mediante la
depreciación monetaria y de las restricciones al comercio. Los que antes abandonaron
el patrón oro, antes se recuperaron.
3.-.
Intervencionismo y nacionalismo económico. Las salidas de la crisis
En la salida de la crisis
intervinieron tanto el reequilibrio natural del mercado como las actuaciones estatales.
El abandono del tradicional laissez
faire, la doctrina del liberalismo económico, por un dirigismo y una
profunda y una profunda integración de los fenómenos políticos y económicos que
aún perdura. Uno de los resultados fue la importancia que adquirieron los
economistas en el gobierno de los diferentes países.
La segunda característica es
prácticamente la consecuencia de la anterior: el refuerzo del nacionalismo, la protección de la
propia economía, las políticas de empobrecer al vecino, hasta llegar a la autarquía.
Gunnar Myrdal lo denominó como la dicotomía de estos años: “una mayor integración nacional a costa de la desintegración internacional”.
Las medidas adoptadas por los
diferentes gobiernos en el intento de superar o de paliar la depresión fueron
relativamente parecidas. Básicamente fueron: medidas monetarias, restricciones comerciales, suspensiones de pagos de la deuda y medidas sociales.
Las políticas monetarias están
íntimamente relacionadas por el hecho de que las políticas monetarias intentan
paliar el déficit comercial. Muchos países tenían dificultades para saldar sus
balanzas de pagos y veían cómo disminuían sus reservas de oro. En los países centroeuropeos,
con Alemania a la cabeza, los problemas procedían de la no renovación de los
créditos por parte de EEUU. La situación se agravó hasta convertirse en pánico
con la quiebra del Creditansalt de Viena en 1931. El miedo hizo que se retirasen
muchos depósitos bancarios, provocando la quiebra de muchos bancos en
dificultades.
Las dificultades procedían de la
disminución de valor de las exportaciones, consecuencia del descenso del
volumen y de la caída de los precios, y de la menor elasticidad de las
importaciones, de modo que la disminución de las exportaciones no podía ser
compensada con la disminución paralela de las importaciones. Muchos países se
vieron obligados a abandonar el patrón
oro, devaluando sus monedas o dejando de efectuar la conversión de
billetes en oro y/o prohibiendo la salida de oro. Algunos países como Australia
y Nueva Zelanda (exportadores de productos primarios) abandonaron el patrón oro tras el crack de la bolsa de Nueva York a
principios de 1930. El golpe de gracia ocurrió en 1931 cuando Gran Bretaña
abandonó el patrón oro. Cuando
EE.UU suspendió su funcionamiento en 1933, el patrón oro quedó reducido a la
órbita de Francia (bloque del oro).
Las devaluaciones monetarias
reflejaban el empobrecimiento del país, aunque al mismo tiempo intentaban
mejorar la balanza comercial facilitando las exportaciones con el abaratamiento
de los productos propios y dificultando las importaciones con el encarecimiento
de los productos foráneos. El resultado fue una cascada de devaluaciones. Por otro
lado, como la devaluación monetaria aumenta el peso de la deuda fijada en otras
monedas, algunos países decidieron repudiar la deuda exterior.
El abandono del patrón oro y la
devaluación monetaria también presentaba aspectos negativos:
Generaban
inflación,
incrementaban en términos reales la
deuda externa, y provocaban la
oposición de los acreedores. La recuperación económica buscada no
resultaba tan rápida como se pretendía por varias razones:
a) Porque los países que se
mantenían en el patrón oro elevaron las barreras aduaneras, de modo que el
abandono del patrón oro facilita más la disminución de las importaciones que el
aumento de las exportaciones.
b) Porque el mantenimiento de
política monetarias restrictivas con el objetivo de contener la inflación puede
dificultar la reactivación económica.
El abandono del patrón oro era
una medida necesaria, aunque no suficiente, para una rápida recuperación
económica. Eichengreen:
“para romper los grilletes del patrón oro, además de abandonarlo, se tenía que
abandonar también la forma de pensar sobre la que se basaba”.
Se hizo un último intento de
mantener el orden monetario internacional en la Conferencia Monetaria Mundial
de 1933. Lo único que se consiguió fue cancelar definitivamente las deudas de
guerra y las reparaciones. Una de las medidas que Roosevelt tomó al llegar al
poder fue la de defender los intereses de EEUU por encima de cualquier acuerdo.
La insolidaridad por parte del líder mundial llevó a los países a
Hacer lo mismo: intentar arreglar
los problemas por su cuenta. Sólo en 1936, tras el abandono del patrón oro
por Francia, éste, junto con Gran Bretaña y EEUU firmaron el Triple Acuerdo,
por el que se comprometían a no devaluar más sus monedas.
Los países que intentaron a la
vez mantener el patrón oro y aplicar medidas de política monetaria destinadas a
frenar el descenso de la actividad económica se tuvieron que enfrentar a la
incompatibilidad entre las medidas expansivas y la rigidez del patrón oro. El aumento del crédito llevaba a un aumento de las importaciones, con la consiguiente
pérdida de divisas y, ante el miedo a la devaluación, fugas de capitales (Eichengreen). La seguridad que antes
proporcionaba el patrón oro se había evaporado y la inseguridad
Existente empujaba hacia la
devaluación o hacia medidas comerciales y de control de salida de divisas cada vez
más restrictivas.
Entre esas medidas encontramos el
control de
cambios, la contingentación y el clearing. El ideal de estas políticas era la
autarquía.
Las importaciones sólo se toleran como un mal menor. La productividad y la
competitividad quedan subordinadas al ahorro de medios de pago. El resultado es
el empobrecimiento general, el sacrificio en el altar monetario de las
posibilidades de recuperación económica global.
Para atenuar los efectos más
perniciosos de las restricciones comerciales, algunos países
alcanzaron acuerdos
multilaterales a través de los cuales se concedían preferencias mutuas, como el
Convenio de Oslo entre países escandinavos, o los acuerdos de Ottawa en 1932,
por el que Gran Bretaña y los países de la Commonwealth establecían la preferencia
imperial: rebaja de aranceles internos y aumento respecto al resto de
países.
Las trabas al comercio
perjudicaban la recuperación la recuperación económica de varias formas: la obtención
de materias era relativamente aleatoria, podía resultar insuficiente o no tener
la calidad deseada y era aminorada y encarecida por la burocracia, tanto por la
obligación de comprar a determinados países que podían no ser los más
competitivos, como por la concesión de licencias que daba lugar a discriminaciones,
favoritismos y sobornos.
Se establecieron medidas de
protección industrial. La principal era la de las barreras aduaneras, a las que
se puede añadir las políticas de obras públicas, las exenciones de impuestos,
los controles de salarios y las ayudas para la creación de industrias nuevas o
la modernización e las ya existentes.
Estas políticas desincentivaban
la inversión y la mejora tecnológica y, por tanto, el progreso industrial y el
crecimiento económico, pero evitaban el aumento del desempleo, muy elevado
durante la depresión.
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