miércoles, 5 de marzo de 2014

Tema 7. La crisis de los años 30 y la salida de la Gran Depresión

Tema 7: La crisis de los años treinta y las salidas de la Gran Depresión


1 Las bases de la crisis y el desplome de la bolsa de Nueva York

Cuando parecía que los problemas de reconstrucción económica estaban resueltos, la economía mundial entró en una etapa de profunda represión. Los orígenes de dicha depresión en los años 30, se deben buscar en la evolución de la Economía estadounidense y en su influencia sobre la economía mundial.
A su vez, las bases de esta represión responden a dos factores:
1. La caída de la inversión como consecuencia de la desaceleración de la demanda de las innovaciones de la Segunda Revolución Tecnológica y del aumento de la productividad generado principalmente por la electrificación de la producción.
2. Adopción de políticas económicas no adecuadas.
La crisis tenía como base los cambios estructurales provocados por la guerra y, como factores, el doble impacto de la reducción del crédito exterior a mediados de 1928 y de la difusión de la depresión estadounidense.

1.1.-. Las Bases de la crisis: EE.UU. tras la primera guerra mundial
Tras la guerra, EE.UU. pasó a liderar la economía mundial al mismo tiempo que experimentaba un fuerte crecimiento económico. El aumento de la productividad permitió un fuerte crecimiento de la producción y de la demanda, sobre todo en productos de consumo duradero, como el automóvil o los electrodomésticos. También creció mucho el sector de la construcción. La difusión de la electricidad y del automóvil facilitaba los desplazamientos y hacía posible la urbanización de áreas anteriormente consideradas alejadas del centro de la ciudad.
De la bonanza general participaba la Bolsa, con un crecimiento importante de las cotizaciones, que animaron a mucha gente a arriesgar sus ahorros, provocando una burbuja especulativa. Sin embargo, a principios de septiembre de 1929 las cotizaciones dejaron de subir y empezaron a caer más deprisa de lo que habían subido, lo que desencadenó la peor crisis del capitalismo: la Gran Depresión.
Las causas más profundas de la crisis fueron dos: por un lado, los problemas agrícolas y, por otra parte, los salarios, beneficios y producción industrial.
1. Los problemas agrícolas: la agricultura americana tenía problemas estructurales, principalmente en el sector del trigo y del algodón.
Los productores de trigo tuvieron que hacer frente a la caída del consumo interior (debida a un mayor bienestar de la población que le permitía prescindir del pan) y a la competencia internacional ya que, en el exterior, la recuperación de Europa y los precios más competitivos de otras potencias exportadoras como Canadá o Australia, comportaron una disminución importante de las exportaciones americanas. Como consecuencia el precio se redujo en pocos años a la mitad.
 Respecto al algodón, la situación era peor ya que, en las zonas de monocultivo en el sur, los trabajadores negros trabajaban en explotaciones pequeñas y atrasadas, arrendadas a corto plazo y que eran poco competitivas.
Los principales problemas de la agricultura americana fueron el desfase entre demanda y oferta, puesto que la guerra fue una oportunidad debido a la subida de precios por parte de la demanda europea y animó a muchos agricultores a ampliar y modernizar sus instalaciones. Pero al acabar la guerra, la producción seguía creciendo mientras que los precios comenzaban a descender, aunque la mejora de la productividad permitió un ligero aumento de la renta agraria. El problema residía en las explotaciones endeudadas, que con la caída de precios no lograban cubrir con sus ingresos los gastos de explotación y financieros.
2. La producción industrial, salarios y beneficio
El cambio tecnológico entre 1920 y 1929 propició un crecimiento de la producción del 50% (aunque el empleo disminuyó un 6%). El aumento de la productividad se debió a la aplicación de la electricidad a la producción, a la generalización de la cadena de montaje y a la mejora que representó el camión para el transporte.
Este aumento de la productividad tuvo un leve reflejo en los salarios. El sentimiento
Generalizado era de mejora salarial a causa del incremento de salarios reales (consecuencia de la disminución del precio de los productos agrícolas), de las horas trabajadas y del aumento del trabajo femenino.
Tampoco el aumento de la productividad se reflejaba en los precios de venta, que bajaron poco, por lo que se produjo una gran acumulación de beneficios que incrementó aún más el desigual reparto de la renta (un 20% de las familias concentraban el 98% del ahorro).En esta situación, la producción empezó a crecer más deprisa que la capacidad de compra de la población, lo que produjo un exceso relativo de capitalización de muchos sectores (agravado por la debilidad de las exportaciones a Europa). Los sectores más afectados fueron los de consumo duradero, cuya demanda es elástica. La forma ortodoxa de mantener las ventas hubiera sido disminuir precios o aumentar salarios (Ford). La opción elegida fue: paralizar las inversiones y desviar los beneficios de las empresas hacia las finanzas. Ello se hizo de tres formas:
a) Financiando las compras de los propios productos mediante las ventas a plazos.
b) Concediendo créditos cortó plazo en el exterior
c) Invirtiendo en bolsa o en préstamos para la inversión bursátil.


1.2.-. El desplome de la bolsa de Nueva York en 1929.

1.2.1.-. El descenso de la actividad económica
Los precios agrarios empezaron a descender a partir de 1925. A lo largo de 1929, todos los países importantes vieron disminuir su actividad económica, aunque no parecía demasiado relevante. Sólo la situación de Alemania era preocupante.

Esquema apartado:
1-Descenso de la actividad económica
2-Especulación Bursátil
a) La retirada de los bonos de guerra
b) La captación del pequeño ahorro
c) La inversión a crédito
3-¿Por qué no se detuvo la especulación?
4-El desplome de la bolsa
Los intereses de los bonos de guerra eran elevados y, por tanto, una inversión segura para los capitales europeos que huían de la inestabilidad. Esto afectó sobre todo a la libra tras su regreso al patrón oro (1926), de modo que el gobierno británico solicitó al de los EEUU que hiciese los bonos menos atractivos.
La única forma de hacerlo era encareciéndolos, es decir, aumentando su cotización (aumentando el valor nominal) para que el interés real bajara. (Cotización=valor mercado/valor nominal)
En EEUU, la recesión había empezado por la construcción y el sector del automóvil, pero la caída de la demanda de bienes duraderos se atribuía a la apuesta de los inversores por la compra de títulos a causa de los beneficios que ofrecía la bolsa.

1.2.2.-. La especulación bursátil
El exceso de capital disponible en los años veinte en EEUU es la base de la especulación bursátil que provocó el crack de la bolsa de Nueva York en octubre de 1929. El traspaso al mundo financiero de los beneficios empresariales fue una de las causas de acumulación de capital en bolsa.
Hay que tener en cuenta que la bolsa es un juego de suma cero en el que el valor de los títulos es igual al valor del capital invertido. La subida de la bolsa suele considerarse una señal de buen funcionamiento de la economía, aunque en realidad sólo responde a las expectativas de crecimiento de los valores bursátiles por parte de inversores y depende del capital disponible y la disposición a entrar en el negocio bursátil.
Existe especulación cuando los inversores sólo piensan en el precio de venta futuro de las acciones adquiridas, con la esperanza de poder vender a precios superiores.
a) Retirada de bonos de guerra:
Después de la guerra, llegaron a EEUU grandes cantidades de oro procedentes del saldo favorable de la balanza comercial y del pago de los créditos interaliados. El funcionamiento correcto del patrón oro habría exigido que se pusiera en circulación este oro o su equivalente en billetes, incrementando la masa monetaria.
Ello hubiera provocado una subida de precios interiores, dificultando exportaciones y facilitando importaciones. EEUU se opuso al automatismo del patrón oro con el objetivo de evitar los inconvenientes del aumento de precios sobre sus exportaciones. La solución fue la esterilización del oro hasta el punto de que el gobierno no retiró deuda pública.
 Puesto que al gobierno de EEUU le convenía la retirada de los bonos de guerra, comenzó a comprarlos en bolsa, lo que aumentó la cotización a niveles que inducían a los tenedores a vender. Con estas compras, el gobierno estadounidense añadió una importante cantidad de dinero a la circulación monetaria (fallando la esterilización del oro) y gran parte de ese dinero fue destinado a la compra de otros activos bursátiles, reforzando las tendencias especulativas.
b) Captación del pequeño ahorro:
La especulación, alimentada por factores como la propaganda, sumó la actuación de la banca que, ante la falta de demanda de crédito, creó consultorías para aconsejar a sus clientes la inversión en bolsa o en créditos relacionados con la inversión bursátil. Todo ello con el ahorro de mucha gente que vivía alejada de las finanzas. Mucho de ese pequeño ahorro no se invertía directamente, sino a través de las sociedades de cartera
(Empresas que tenían títulos de bolsa como activos). El pequeño ahorro se sentía atraído por esta forma de inversión. Las sociedades de cartera suelen surgir y prosperar en los momentos de alza de las cotizaciones. A su vez, la cotización de estas sociedades depende de la marcha de su paquete de títulos y de la confianza del público. Su incidencia sobre la especulación era doble: por la captación de capitales ajenos a los circuitos internacionales de inversión en bolsa y por establecer un precio artificialmente caro a determinados títulos para regularizar la caída de otros títulos llegando a comprar sus propias acciones para evitar una caída de la cotización.
c) La inversión a crédito
El factor más importante de especulación fue invertir a crédito. El bróker aceptaba órdenes de compra con una parte de pago aplazado que podía alcanzar el 90% del valor del título comprado. Sólo era necesario abonar el 10% del valor total. El bróker pagaba el resto, retenía las acciones como aval de la cantidad aplazada y utilizaba las mismas acciones como garantía para obtener crédito de prestamistas especializados o de los
Bancos, que obtenían a su vez fondos de los Bancos Federales de Reserva.
Esta afluencia de capitales diversos y el efecto multiplicador de las compras a crédito permitieron que la especulación bursátil creciera desmesuradamente. Los beneficios eran fabulosos y, algunas empresas, habían quintuplicado el valor de sus acciones.

1.2.3.-. ¿Por qué no se detuvo la especulación?
Desde la elección de Hoover en 1929, la especulación se disparó rápidamente. Aunque la especulación bursátil no parece ser demasiado exagerada, ya que el índice pasó de 100 en 1926 a 216 en el punto máximo de las cotizaciones. No obstante, el índice no mide el aumento del capital invertido en bolsa. Al mismo tiempo que crecían las
Cotizaciones, se producían ampliaciones de capital o emisiones de nuevos títulos al mercado que no estaban respaldados por una actividad productiva. Esta inercia especulativa se basa en tres factores:
1. La idea de que cada uno será suficientemente listo para retirarse del mercado en el momento de máximo beneficio.
2. La ausencia de autoridad monetaria: bajo el liberalismo económico, EEUU no disponía de Baco central sino de oficinas de coordinación que hacían recomendaciones a los banqueros.
3. La ideología ultra liberal.

1.2.4.-. El desplome de la bolsa
El 9 de agosto de 1929 se tomó una tímida medida para frenar la especulación bursátil; el Federal Reserve Bank subió la tasa de descuento bancaria de un 5 a un 6%. Entonces comenzó a producirse una disminución de créditos a los bróker. Las ofertas de compra se hicieron cada vez más habituales, por lo que no había inyecciones de nuevos capitales en la bolsa.
Comenzó entonces el pánico y las prisas para liquidar inversiones, lo que resultó ser desastroso para la aceleración de la caída, multiplicada por los efectos de la inversión a crédito. El descenso de las cotizaciones provocaba que los títulos depositados ya no cubrieran la deuda con el bróker, y cuando éste reclamaba que se garantizara la suma
Debida, recibía órdenes de hacerlo con el producto de la venta de las acciones, de modo que se produjo una caída acelerada de las cotizaciones.
El martes negro, el 29 de octubre de 1929, se ofrecieron en venta 29 millones de títulos, sin prácticamente ninguna orden de compra. La bolsa continuó cayendo hasta mediados de 1932 y, según Maddison, no recuperó el nivel de 1929 hasta el año 1954.



2.-.  La depresión en EEUU y la difusión de la depresión al resto del mundo

2.1.-. La depresión en EEUU
Antes de la caída de la bolsa de Nueva York, había dificultades en varios sectores y países. Sin embargo, no cabe duda de que la contracción de la economía estadounidense fue la causa principal de la depresión, aunque la envergadura y la duración se observan desde un punto de vista de la depresión como fenómeno mundial. Aunque la caída de la bolsa no es la causa de la depresión, el crac fue el indicador del cambio de tendencia, que agravó la depresión y la difundió al resto del mundo.
La contracción de la actividad económica en EEUU se agravó con consecuencia de la inadecuación de las medidas de política económica y monetaria con las que el gobierno de EEUU pretendió hacer frente a la depresión y que lo que hicieron fue empeorarla. Por ello, EEUU se convirtió en centro y promotor de la depresión mundial.
La depresión se difundió rápidamente al resto del mundo a causa de la potencia económica y financiera de EEUU y por la conductibilidad del patrón oro para transmitir los choques financieros.

2.1.1.-. Las causas de la depresión
Discutidas ampliamente y acotadas en torno a dos escuelas de pensamiento: la realista (Keynes) y la monetarista (Friedman y Schwartz). Los realistas achacan la depresión al mal funcionamiento anterior de la economía, agravado por la caída autónoma del gasto, de modo que la contracción monetaria sería inicialmente una respuesta pasiva a la disminución de la demanda y la producción. Los monetaristas defienden que la contracción monetaria, que era debida a decisiones políticas equivocadas, causó la caída de precios y de la producción.
a) El impacto del crac bursátil y la crisis financiera
Uno de los factores más destacados de la depresión fue la reducción de la oferta monetaria. A pesar de mantenerse en circulación la misma cantidad de billetes, el conjunto de medios de pago a la vista (billetes en manos del público) disminuyó, agudizando la caída de precios y la depresión general.
La caída del precio de los títulos cotizados en la bolsa tuvo efectos inmediatos en la situación financiera de los bróker y de los bancos que les habían concedido un crédito. Las deudas que los inversores habían contraído con los bróker resultaron en gran parte impagadas tras la crisis bursátil, ya que el valor de garantía era inferior al valor del préstamo. Eso afectaba de rebote a los bancos que habían financiado a los
Bróker con la garantía de los mismos valores.
Cuando los bróker empezaron a quebrar, los bancos tuvieron que quedarse unos valores depreciados que no cubrían las deudas. Este hecho causó la alarma entre los depositarios de estas entidades, que quisieron retirar sus depósitos. Algunos bancos tuvieron que suspender pagas y adoptar medidas ante la crisis.
Una de las medidas fue la reducción del crédito concedido a la clientela y el aumento de reservas en efectivo. Ello significaba una reducción paralela del dinero a manos del público. Faltaba crédito, y nadie sabía dónde encontrarlo.
A pesar de estas dificultades, en esta primera fase no hubo un número inusual de quiebras bancarias, que si se produjeron en cambio en noviembre y diciembre de 1930, por varias razones. Algunos bancos quedaron en una situación muy mala tras la crisis bursátil; otros sufrieron los efectos del pánico del público.
Por tanto estaban implicados tanto entidades saneadas como aquellas con tenencia de activos devaluados. En términos globales, todo esto supuso una reducción adicional de la oferta monetaria. En primer lugar, los depósitos bancarios dejaban de ser medio de pago para convertirse en deudas a corto y largo plazo. En segundo lugar, los bancos que resistían reforzaban sus reservas restringiendo el crédito. Ante la incertidumbre, el público retiraba sus depósitos, disminuyendo las posibilidades de crédito, activando una
Espiral deflacionista y dificultando el funcionamiento de empresas.
La pasividad de la administración ante este panorama se explica por dos factores: la creencia de que era necesaria una limpieza del sector financiero y de la economía del país (del cual la economía en general salió perjudicada) y la adhesión al patrón oro (para mantener la convertibilidad de los dólares en oro, el margen de crédito de la Reserva Federal era muy escaso). Cuando Gran Bretaña abandonó el patrón oro, las presiones sobre EEUU fueron más fuertes, por lo que Hoover creó en enero de 1932 la Corporación Financiera para la Reconstrucción que, no obstante, solo podía limitar la deflación, no iniciar la recuperación.
b) Descenso de la producción y del empleo.
La recesión financiera se convierte en depresión cuando ataca a la producción. La crisis hace que la creación de nuevas empresas o las inversiones en bienes de equipo sean aún más escasas. Se produce así una crisis en el sector de bienes de equipo que se transmite al de materias primas. Parte de las empresas quiebran o reducen su actividad, dejando muchos trabajadores en paro. La disminución de la capacidad de compra de los parados activa un ciclo involutivo nuevo.
La caída del desempleo se acompaña de un incremento de los salarios reales ya que, aunque los salarios descienden, lo hacen respecto a los precios con retraso El incremento de salarios impedía a la empresa minimizar costes en relación a la bajada de precios, lo que se reflejaba en más desempleo.
La depresión afectó también a la agricultura, aunque la producción agraria no disminuyó. La mayoría de las empresas agrarias tenían a trabajadores de su propia familia, lo que no contribuía al desempleo.

2.1.2.-. El debate sobre política económica
La administración Hoover se mantuvo fiel al principio liberal de no intervención en la economía y a la ortodoxia presupuestaria (no gastar más de lo que se recauda). Por tanto, la disminución de ingresos implicaba o una disminución del gasto o un aumento de los impuestos. El resultado fue el empeoramiento de la recesión.
Realistas y monetaristas defendían sus propuestas para salir de la depresión. Los monetaristas defendían un incremento de la masa monetaria para reducir la deflación y los keynesianos afirmaban que las políticas monetarias eran necesarias pero insuficientes, proponiendo un aumento del gasto público a coste del aumento de déficit público. Los beneficiarios del primero son los bancos y, en el segundo, las empresas y los trabajadores (a través de la obra pública).


2.2.-. La difusión de la depresión al resto del mundo
! La difusión de la depresión a escala mundial fue el resultado del peso de la economía
Norteamericana en el conjunto de la economía mundial (EEUU representaba el 45% de la producción industrial mundial en 1929). En la base de la depresión esta la adhesión a las reglas de la economía clásica (patrón oro) y, a la vez, el incumplimiento de estas reglas porque los países que ganaban oro lo atesoraban para evitar la inflación. A escala mundial se impusieron fuerzas deflacionistas responsables de la interrupción de la actividad económica conocida como: la Gran Depresión.
La depresión se transmitió rápidamente a la periferia a través de cuatro mecanismos:
1. La caída del volumen de las exportaciones (superior a la caída de la producción en los países desarrollados y con una recuperación posterior más lenta que la de éstos.
2. El empeoramiento de los términos de intercambio en contra de los productos primarios.
3. La desarticulación del mercado internacional de capitales.
4. La caída mundial de los precios (haría crecer el endeudamiento en términos reales y que perjudicaba aún más a las economías de los países rezagados)

2.2.1.-. La retracción del comercio internacional
La disminución del comercio internacional es un hecho anterior del desplome de la bolsa. Las políticas monetarias deflacionistas para mantener el patrón oro forzaron el comercio mundial a una espiral negativa exacerbada por el aumento de aranceles y por otras restricciones al comercio. El valor del comercio mundial se redujo al 39% en
1932. El colapso comercial se produjo por las restricciones norteamericanas a la compra de productos primarios. Cuando el día después del crac los bancos dificultaron la concesión de crédito, el precio de muchos productos cayó rápidamente. Ello provocó un descenso de la compra de manufacturas por parte de los países exportadores de
Productos primarios y, en consecuencia, una disminución de las importaciones de estos países de productos manufacturados.
Los legisladores estadounidenses atribuyeron la caída de precios en EEUU a la competencia de las importaciones y reaccionaron con una nueva tarifa arancelaria más restrictiva, pensada para proteger los productos agrarios, pero que acabó incrementando los aranceles de productos primarios y manufacturas. Llamada arancel de Smoot-Hawley, fue firmada por Hoover pese a las protestas de 30 países y de 1000 economistas americanos.
La aprobación de este arancel originó una precipitada estampida hacia la protección y restricción de las importaciones mediante aranceles... El intento de cada país de solucionar sus problemas llevó al empobrecimiento mutuo. Las políticas de empobrecer al vecino desembocaron en todos pobres. La espiral de trabas al comercio continuó con la depreciación de la monetaria, el control de cambios, la contingentación (cantidad máxima de importaciones permitidas en un país) de importaciones y los acuerdos bilaterales.

2.2.2.-. El colapso del mercado internacional de capitales
La caída del crédito exterior empezó a mediados de 1928, cuando los retornos de los créditos concedidos superaban el propio crédito, hasta que el flujo de capitales de EEUU resultó negativo. El desequilibrio financiero se vio incrementado por la fuerte reducción que experimentaron las importaciones de EEUU.
Los gobiernos tuvieron que adoptar medidas monetarias y fiscales para defender la paridad oro de su moneda e impedir el empeoramiento de la balanza de pagos. Ello exigía a bancos centrales la imposición de políticas deflacionistas ya que mantenerse en el patrón oro requería una reducción drástica del gasto.
El colapso del crédito internacional comportó serias dificultades para los países cuyas exportaciones tenían precios cada vez más bajos, lo que les dificultaban las importaciones y el pago de deuda pública.
Ante esta situación, los países más perjudicados reequilibraron sus economías saliendo del sistema, mediante la depreciación monetaria y de las restricciones al comercio. Los que antes abandonaron el patrón oro, antes se recuperaron.



3.-. Intervencionismo y nacionalismo económico. Las salidas de la crisis

En la salida de la crisis intervinieron tanto el reequilibrio natural del mercado como las actuaciones estatales. El abandono del tradicional laissez faire, la doctrina del liberalismo económico, por un dirigismo y una profunda y una profunda integración de los fenómenos políticos y económicos que aún perdura. Uno de los resultados fue la importancia que adquirieron los economistas en el gobierno de los diferentes países.
La segunda característica es prácticamente la consecuencia de la anterior: el refuerzo del nacionalismo, la protección de la propia economía, las políticas de empobrecer al vecino, hasta llegar a la autarquía. Gunnar Myrdal lo denominó como la dicotomía de estos años: “una mayor integración nacional a costa de la desintegración internacional”.
Las medidas adoptadas por los diferentes gobiernos en el intento de superar o de paliar la depresión fueron relativamente parecidas. Básicamente fueron: medidas monetarias, restricciones comerciales, suspensiones de pagos de la deuda y medidas sociales.
Las políticas monetarias están íntimamente relacionadas por el hecho de que las políticas monetarias intentan paliar el déficit comercial. Muchos países tenían dificultades para saldar sus balanzas de pagos y veían cómo disminuían sus reservas de oro. En los países centroeuropeos, con Alemania a la cabeza, los problemas procedían de la no renovación de los créditos por parte de EEUU. La situación se agravó hasta convertirse en pánico con la quiebra del Creditansalt de Viena en 1931. El miedo hizo que se retirasen muchos depósitos bancarios, provocando la quiebra de muchos bancos en dificultades.
Las dificultades procedían de la disminución de valor de las exportaciones, consecuencia del descenso del volumen y de la caída de los precios, y de la menor elasticidad de las importaciones, de modo que la disminución de las exportaciones no podía ser compensada con la disminución paralela de las importaciones. Muchos países se vieron obligados a abandonar el patrón oro, devaluando sus monedas o dejando de efectuar la conversión de billetes en oro y/o prohibiendo la salida de oro. Algunos países como Australia y Nueva Zelanda (exportadores de productos primarios) abandonaron el patrón oro tras el crack de la bolsa de Nueva York a principios de 1930. El golpe de gracia ocurrió en 1931 cuando Gran Bretaña abandonó el patrón oro. Cuando EE.UU suspendió su funcionamiento en 1933, el patrón oro quedó reducido a la órbita de Francia (bloque del oro).
Las devaluaciones monetarias reflejaban el empobrecimiento del país, aunque al mismo tiempo intentaban mejorar la balanza comercial facilitando las exportaciones con el abaratamiento de los productos propios y dificultando las importaciones con el encarecimiento de los productos foráneos. El resultado fue una cascada de devaluaciones. Por otro lado, como la devaluación monetaria aumenta el peso de la deuda fijada en otras monedas, algunos países decidieron repudiar la deuda exterior.
El abandono del patrón oro y la devaluación monetaria también presentaba aspectos negativos:
Generaban inflación, incrementaban en términos reales la deuda externa, y provocaban la oposición de los acreedores. La recuperación económica buscada no resultaba tan rápida como se pretendía por varias razones:
a) Porque los países que se mantenían en el patrón oro elevaron las barreras aduaneras, de modo que el abandono del patrón oro facilita más la disminución de las importaciones que el aumento de las exportaciones.
b) Porque el mantenimiento de política monetarias restrictivas con el objetivo de contener la inflación puede dificultar la reactivación económica.
El abandono del patrón oro era una medida necesaria, aunque no suficiente, para una rápida recuperación económica. Eichengreen: “para romper los grilletes del patrón oro, además de abandonarlo, se tenía que abandonar también la forma de pensar sobre la que se basaba”.
Se hizo un último intento de mantener el orden monetario internacional en la Conferencia Monetaria Mundial de 1933. Lo único que se consiguió fue cancelar definitivamente las deudas de guerra y las reparaciones. Una de las medidas que Roosevelt tomó al llegar al poder fue la de defender los intereses de EEUU por encima de cualquier acuerdo. La insolidaridad por parte del líder mundial llevó a los países a
Hacer lo mismo: intentar arreglar los problemas por su cuenta. Sólo en 1936, tras el abandono del patrón oro por Francia, éste, junto con Gran Bretaña y EEUU firmaron el Triple Acuerdo, por el que se comprometían a no devaluar más sus monedas.
Los países que intentaron a la vez mantener el patrón oro y aplicar medidas de política monetaria destinadas a frenar el descenso de la actividad económica se tuvieron que enfrentar a la incompatibilidad entre las medidas expansivas y la rigidez del patrón oro. El aumento del crédito llevaba a un aumento de las importaciones, con la consiguiente pérdida de divisas y, ante el miedo a la devaluación, fugas de capitales (Eichengreen). La seguridad que antes proporcionaba el patrón oro se había evaporado y la inseguridad
Existente empujaba hacia la devaluación o hacia medidas comerciales y de control de salida de divisas cada vez más restrictivas.
Entre esas medidas encontramos el control de cambios, la contingentación y el clearing. El ideal de estas políticas era la autarquía. Las importaciones sólo se toleran como un mal menor. La productividad y la competitividad quedan subordinadas al ahorro de medios de pago. El resultado es el empobrecimiento general, el sacrificio en el altar monetario de las posibilidades de recuperación económica global.
Para atenuar los efectos más perniciosos de las restricciones comerciales, algunos países
alcanzaron acuerdos multilaterales a través de los cuales se concedían preferencias mutuas, como el Convenio de Oslo entre países escandinavos, o los acuerdos de Ottawa en 1932, por el que Gran Bretaña y los países de la Commonwealth establecían la preferencia imperial: rebaja de aranceles internos y aumento respecto al resto de países.
Las trabas al comercio perjudicaban la recuperación la recuperación económica de varias formas: la obtención de materias era relativamente aleatoria, podía resultar insuficiente o no tener la calidad deseada y era aminorada y encarecida por la burocracia, tanto por la obligación de comprar a determinados países que podían no ser los más competitivos, como por la concesión de licencias que daba lugar a discriminaciones, favoritismos y sobornos.
Se establecieron medidas de protección industrial. La principal era la de las barreras aduaneras, a las que se puede añadir las políticas de obras públicas, las exenciones de impuestos, los controles de salarios y las ayudas para la creación de industrias nuevas o la modernización e las ya existentes.
Estas políticas desincentivaban la inversión y la mejora tecnológica y, por tanto, el progreso industrial y el crecimiento económico, pero evitaban el aumento del desempleo, muy elevado durante la depresión.


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