Tema
3 El surgimiento de la economía internacional
1.
La
integración de los mercados de productos y de factores de producción
La Revolución Industrial,
complementada con la revolución de los transportes, implico cambios importantes
en la disponibilidad de productos y factores de producción, hasta el punto de
revolucionar el conjunto de la economía. Las finalidades de las economías
industriales es producir para vender, lo que les hace dependientes del
comercio.
La integración de los mercados de
factores de producción se produjo exportando factores de los lugares donde eran
relativamente abundantes hacia los lugares donde eran escasos. La tierra apta
para la agricultura y la ganadería, escasa en Europa en relación con su
demanda, era abundante en otras zonas del mundo, que no disponían de suficiente
población, ni capital ni organización económica para explotarla.
La gran emigración europea
representa el mayor movimiento de población de toda la historia de la
humanidad.
El resultado fue el surgimiento de
una economía internacional centrada en Europa y en beneficio de Europa ,
principalmente por tres razones: el mayor valor añadido de los bienes
industriales, la liquidación de las manufacturas tradicionales, que no
pueden competir con los productos
industriales, y el incremento de la dependencia del resto del mundo respecto de
los países industrializados.
1.1 El crecimiento del comercio
La
expansión del comercio fue una característica constante a lo largo del siglo
XIX. Las relaciones comerciales incluían cada vez a más países y más productos,
hasta el punto de que podemos hablar de la aparición de una economía
internacional en el sentido de que los países dependían cada vez más de los
intercambios con el exterior.
1.2 Características del comercio
internacional
Las
principales características del comercio internacional de 1815 a 1913 son:
1
Un crecimiento mucho mayor, tanto en términos absolutos como en términos per cápita.
2
Un crecimiento muy desigual en la participación en el comercio internacional
tanto de los países como de los diferentes productos.
3
Un claro predominio de Europa sobre el comercio mundial, tanto por el volumen
comercializado como los beneficios obtenidos del comercio
4
Una mayor separación entre las aéreas que ofrecen productos primarios y las que
ofrecen productos industriales y, por lo tanto, una mayor división
internacional del trabajo
2.
Evolución
del comercio y políticas comerciales
Las relaciones comerciales experimentaron
un fuerte crecimiento a lo largo del siglo XIX, aunque los ritmos de este
crecimiento y de la riqueza que generaba fueron muy diferentes según productos,
zonas y momentos.
El comercio beneficia a algunos más
que a otros. La asimetría es más
importante entre los países de competencia de productos extranjeros que podían
arruinar la producción propia. Por esta misma razón, las políticas
gubernamentales oscilan entre el aprovechamiento de liberar los beneficios de
la libertad del comercio (librecambismo) y los intentos de preservar la
producción propia encareciendo la entrada de productos extranjeros
(proteccionismo)
2.1 Crecimiento comercial y el avance
del librecambismo
Primera
fase (1815-1847)
La
expansión comercial fue moderada y las políticas económicas fueron
proteccionistas e incluso prohibicionistas, siguiendo la tradición mercantilista
de los siglos anteriores. El crecimiento se debió a la recuperación del
retroceso que había supuesto la larga etapa de guerras casi sin interrupción
desde 1775 (guerra de la independencia de EEUU) hasta 1814 (derrota de Napoleón
en Waterloo). También fue debido al crecimiento de la población, a la primera
difusión de los productos y la maquinaria de la Revolución industrial, ya al
inicio de las mejoras en el transporte.
Segunda
fase (1847-1868)
Muestra
las tasas de crecimiento superior al 5% anual. Este impulso del comercio se
debió a la demanda de materias primas industriales y a la oferta de productos
manufacturados, a la contracción de líneas ferroviarias, con su doble
incidencia sobre la demanda de productos y el abaratamiento del transporte, a
la división internacional del trabajo, especialmente a escala europea, y al
aumento de las disponibilidades de moneda como consecuencia de los
descubrimientos de oro en California y Australia.
Este
impulso comercial se vio reforzado por la adopción del librecambismo en Gran
Bretaña y a su difusión hacia otros países, a partir de la teoría del
crecimiento complementario a la industrialización.
En
la difusión al librecambismo desempeñó un papel muy importante la denominada
cláusula de nación más favorecida. Mediante esta cláusula, un país concedía a
otro una rebaja automática de los aranceles pactados si un tercer país obtenía
una tarifa más baja.
2.2 La depresión del último cuarto de
siglo y el inicio del nacionalismo económico
Tercera
fase (1868-1896)
Las
tasas de crecimiento del comercio fueron mucho más bajas que en la etapa anterior.
La desaceleración del comercio fue importante sobre todo en Europa, por varias
razones coincidentes:
a) La
madurez de las industrias nacionales, que permitían ahorrar compras en el
extranjero (fenómenos muy claros en países como EEUU o Japón)
b) El
fin del primer gran boom de construcción de líneas ferroviarias.
c) Las
dificultades de muchos países monoexportadores primarios, cuyos productos
tenían unas tasas de intercambio cada vez más desfavorables
d) La
depresión económica (1873-1895) que comportó la caída del poder adquisitivo de
una parte importante de la población.
e) La
substitución de políticas de crecimiento alternativo por políticas de industrialización
protegida, primer paso hacia un retorno general al proteccionismo
Entre los años 1873 y
1895, las economías capitalistas se vieron afectadas por una etapa de
crecimiento desacelerado a causa de una crisis de sobreproducción, tanto
industrial como agrícola, que se tradujo en una crisis financiera. Un exceso de
oferta respecto a la demanda solvente que provocó un descenso de precios y una
caída de beneficios que expulsaron del mercado a las empresas menos
competitivas. Se inicio así un circulo vicioso: aumento del desempleo, caída de
salarios, disminución de la demanda, quiebra de más empresas etc. Aunque la
primera que se manifestó fue, como suele suceder, la crisis financiera, las
raíces del estancamiento deben buscarse en la industria y en la agricultura.
En la industria, el
proceso tecnológico había provocado un fuerte incremento de la productividad y
de la producción: la oferta conjunta de acero de Gran Bretaña, Alemania,
Francia y Bélgica se había triplicado entre 1865 y 1873, justo en el momento en
el que su principal cliente, las empresas constructoras de líneas ferroviarias,
limitaban los pedido y no se animaban a hacer nuevas inversiones. En Gran
Bretaña los precios de la producción de raíles bajaron un 60% y en Alemania un
37%. Esta crisis de la industria pesada se transmitió al resto de la economía a
través de un descenso del consumo.
La causa principal de
la crisis agrícola fue la llegada del grano de ultramar, que llegaba a Europa a
precios inferiores a los costes de producción europeos, a causa de la mayor
productividad de la agricultura estadounidenses y el fuerte abaratamiento del
transportes. Muchas empresas agrícolas familiares europeas no podían subsistir
ante la competencia de los cereales y posteriormente de otros productos
primarios obtenidos a partir de tierra abundante y ahorro de mano de obra
gracias a la maquinaria agrícola. El rendimiento superior por superficie de la
agricultura europea no resultaba una ventaja suficiente respecto a la mayor
productividad por trabajador (EEUU). El conjunto del mundo agrícola europeo
acabó muy empobrecido.
La crisis financiera se
inició con la caída de la bolsa de Viena 1873 que se contagió a las demás
bolsas, provocando la quiebra de gran cantidad de bancos y de compañías
ferroviarias. Esto fue debido a un exceso de capital que acababa participando
en la construcción de líneas ferroviarias. Es lo que se ha denominado el mito
del ferrocarril: la falsa idea de que el ferrocarril provoca el crecimiento
económico, cuando solo puede impulsar el crecimiento existente. Por lo tanto,
había mucho capital invertido en líneas deficitarias, construidas a menudo con
subvenciones estatales pagadas con emisiones de deuda pública a partir de la
idea de que el crecimiento económico y el aumento de las exportaciones que la
disponibilidad del ferrocarril induciría permitirían pagar la deuda. La caída
de los valores ferroviarios y de los títulos de deuda pública, cuyos intereses
a menudo no se pagaban, provocó el descenso de las cotizaciones en la bolsa e
hizo tambalear el sistema financiero mundial.
Las consecuencias de la
depresión fueron varias y muy importantes. Se consideraba como un gran punto de
inflexión histórico: el paso de una fase de optimismo e integración
internacional, representada por el librecambismo y la división internacional de
trabajo , a una fase de egoísmo nacional, de industrialización concurrente, de
protección de la producción y el trabajo de cada país y de captura de mercado,
que se prolongaría hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Para salir de la
crisis se probaron dos vías: defensa de la producción nacional, tanto
industrial como agrícola, a través del proteccionismo y el progreso técnico.
Desde el punto de vista arancelario no era, en general, tan elevado, aunque era
un proteccionismo global, que afectaba al mismo tiempo la producción industrial
y la agraria y era también mucho más selectivo. Sin embargo, el rasgo más
característico del retorno al proteccionismo fue su transformación en
nacionalismo económico, es decir, en la reserva del mercado interior a través
del proteccionismo, la captura por la fuerza de mercados exteriores (se puede prácticamente
decir que el país que no es colonialista es porque no puede), mejora de las
comunicaciones, la sanidad y la educación como ayuda indirecta del estado a la
economía y finalmente, defensa de los beneficios capitalistas con la tolerancia
de carteles y monopolios.
Cuarta fase (a
partir de 1896)
Se observa una
recuperación de las tasas de crecimiento y un nuevo incremento del comercio
internacional, que se tiene que atribuir a la superación de la depresión, principalmente
en dos aspectos. El primero es la recuperación del poder adquisitivo interior
gracias a la restauración y al aumento de los intercambios provocado por la
difusión de los nuevos productos, debemos contemplar la aportación del buen
funcionamiento del sistema de pagos internacional, la mejora en las
comunicaciones, sobre todo marítimas, la ventaja que para las transacciones
comerciales significó el telégrafo y la expansión comercial que comenzaba a
aportar productos comerciales, al mismo tiempo que demandaba maquinaria y
manufacturas para equipar los nuevos asentamientos. Desde el punto de
vista de la política comercial, la
visión que hemos dado es válida para Europa. EEUU estuvo a contracorriente de
los europeos.
3.
Los
movimientos internacionales de factores de producción
El resultado del comercio es la
homogeneización de los precios al nivel más bajo imposible. Otro modo de
conseguir los mismos efectos es mediante la movilidad de los factores.
3.1 La gran emigración europea
Como
mínimo 44 millones de personas abandonaron Europa definitivamente hacia otros
continentes a lo largo del siglo que va desde 1815 hasta 1914. Como ya hemos
apuntado, en la historia de la humanidad no se ha dado ningún movimiento de
población de semejante magnitud. Su impacto no se tiene que calibrar solo por
el número de emigrantes, sino también por su descendencia: la emigración del
siglo XIX europeizó gran parte del mundo.
3.1.1
Volumen,
origen y destino de la emigración
La
emigración fue un proceso acelerado.
El
resultado es que a lo largo del periodo 1821-1915, un 36% de los emigrantes
salieron de Gran Bretaña y un 18% de Italia. Alemania, Austria-Hungría y la península
ibérica participaron en aproximadamente un 10%
cada uno. El destino es mucho más concentrado: un 60% de los emigrantes
europeos acabaron en EEUU. El resto de destinos, como Argentina, Canadá o
Australia y Nueva Zelanda no llegaba al 10% cada uno.
La
primera gran oleada de emigración en EEUU se produjo en los años 1844-1854; la
mayoría de los recién llegados eran irlandeses, que huían del hambre causada
por el pudrimiento de la patata. Una segunda oleada importante de emigración,
tanto británica como alemana, coincide con la Guerra de Secesión. Mientras
tanto crece con fuerza la emigración italiana y la de la Europa meridional y
oriental, que a partir de 1900 apretaban más de la mitad del total de
emigrantes.
Junto
con la emigración europea hubo una emigración africana forzada. A pesar de la
prohibición del comercio de esclavos, éste se continúo practicando teniendo
como destino los estados del sur de EEUU, las colonias españolas del Caribe
(Cuba y Puerto Rico) y Brasil.
3.1.2
Causas
y consecuencias de la emigración
Expulsión
económica: campesinos sin tierra o bien obreros sin trabajo, como resultado de
dos fenómenos: el crecimiento demográfico y le cambio tecnológico. Hay una masa
dispuesta a emigrar, pero lo que lleva a tomar la decisión de partir, el factor
activo, es la atracción, la esperanza de una vida mejor, incluso el
enriquecimiento; se trata de gente con dificultades para mantener el nivel de
vida al que estaban acostumbrados, pero con la capacidad de reunir unos ahorros
que les permita pagar el billete y realizar unos gastos mínimos en el país de
destino.
La
posibilidad de disponer de tierra propia o de obtener trabajo con salarios más
elevados, que no estarían a su alcance en el país de origen. Aunque la
industrialización fue durante mucho tiempo una gran fuente de demanda de
trabajo, hay que tener en cuenta que para un campesino resulta generalmente
preferible la idea de reproducir sus formas de vida, aunque sea en otro
continente, a la de cambiar de trabajo, aunque fuera más cerca.
El
abaratamiento y la mejora del transporte comienza dentro del propio país,
cuando se puede disponer de ferrocarriles hacia los puertos de embarque. Sin
embargo, fue facilitado sobre todo por la introducción de los barcos de vapor,
que acortaban la duración del viaje, lo abarataban y mejoraban sus condiciones.
La
ultima ventaja importante en este sentido fue la creación de líneas de
navegación regulares que, puesto que necesitaban pasajeros para hacer rentables
sus viajes, favorecieron la emigración difundiendo los precios, las condiciones
del viaje y las fechas de salida y llegada de los barcos.
Las
consecuencias de la emigración fueron favorables, tanto para Europa como para
los países de destinación. En Europa, los efectos principales fueron la
disminución de la presión sobre la tierra. Secundariamente, la emigración
permitió también una mejora de los salarios industriales y de la economía en
general. Para los países de inmigración, los beneficios procedían de
explotación de la tierra y de la inversión de capitales, que solo era posible
disponiendo de mano de obra suficiente.
Sin
embargo, el exceso de inmigración puede provocar un retroceso relativo de los
salarios de los trabajadores no especializados.
Nota:
El patrón
oro es un sistema monetario que fija el valor de la unidad monetaria en términos de una determinada cantidad de oro. El emisor
de la divisa garantiza que pueda dar al poseedor de sus billetes la cantidad de oro
consignada en ellos
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