miércoles, 5 de marzo de 2014

Tablas de interés en relación con el tema tratado




Sistema demográfico antiguo: coexistencia entre los dos modelos

                        Alta presión
Baja Presión
Región europea de influencia
Este y Sur
Norte(aparece a finales del SXVII)
Nupcialidad
Precoz
Tardía
Fecundidad
Elevada natalidad: supera el 40%
Inferior al 40%
Esperanza de vida
25-28 años
+ de 30, cercana a 40
Mortalidad infantil (1er año)

Supera el 250 %

150-225%
Mortalidad (1-5 años)
Supera el 200%
100%


Consecuencias
La fecundidad elevada lleva a la alta mortalidad infantil y juvenil con bajo nivel de vida y tasas de dependencia juvenil altas. Crecimiento estancado

Mejor condiciones de vida prudencia en términos Maltusianos

Valor añadido de la Industria británica


1770
1801
1831
1831 a precios de 1870

Millones  Libras
%
Millones  Libras
%
Millones  Libras
%
Millones  Libras
%
Sector tradicional
19,8
86,8
38,2
70,6
72,2
63,9
51,4
42,6
Lana
7,0
30,7
10,1
18,7
15,9
14,1
14,3
11,8
Cuero
5,1
22,4
8,4
15,5
9,8
8,7
7,9
6,6
Construcción
2,4
10,5
9,3
17,2
26,5
23,5
14,8
12,3









Sector industrial
3,0
13,2
15,9
29,4
40,8
36,1
69,4
57,4
Hierro
1,5
6,6
4,0
7,4
7,6
6,7
25,2
20,9
Carbón
0,9
3,9
2,7
5,0
7,9
7,0
5,9
4,9
Algodón
0,6
2,6
9,2
17,0
25,3
22,4
38,2
31,6









TOTAL
22,8
100,0
54,1
100,0
113,0
100
120,8
100
1770=100
100

237,3

495,6

530,0


Se debe tener presente que la utilización del valor añadido como indicador del crecimiento económico infravalora el crecimiento de los sectores industrializados. El porcentaje que representan  en cada momento estos sectores se ve disminuido porque sus precios bajan gracias al aumento de la productividad. Queda también infravalorado por el impacto sobre otras industrias, es evidente que el impacto del sector industrializado fue superior al que indican las cifras que intentan medirlo.
Sin embargo aun aceptando las cifras del valor añadido, la industria moderna, que representa una pequeña parte de la producción (13,2%) en el año 1770, alcanza prácticamente, el 30% en 1801 y el 36% en 1831, aunque en este último momento, si calculamos su valor con los precios de 1770, se acerca al 60%

Producción por habitante por regiones($)

Europa occidental
Nuevas Europas
Europa Oriental
América Latina
Asia
África
Media
1820
1232
1201
667
665
579
418
667
1870
1974
2431
917
698
552
444
867
1913
3473
5227
1501
1511
679
585
1510
1950
4594
9288
2601
2554
713
852
2114
1973
11534
16172
5729
4531
1725
1365
4104
1998
17921
26146
4354
5795
1368
1368
5709
Tasas de incremento anual acumulativo (%)
1820-1870
0,9
1,4
0,6
0,1
-0,1
0,1
0,5
1870-1913
1,3
1,8
1,2
1,8
0,5
0,6
1,3
1913-1950
0,8
1,6
1,5
1,4
0,1
1,0
0,9
1950-1973
4,1
2,4
3,5
2.5
3,9
2,1
2,9
1973-1998
1,8
1,9
-1,1
1,0
2,9
0,0
1,3
1820-1998
1,5
1,7
1,1
1,2
1,0
0,7
1,2


1.1  El crecimiento económico moderno
La característica más destacada de la evolución económica del mundo en los dos últimos siglos ha sido el crecimiento económico sostenido. Nunca en épocas anteriores se había producido un crecimiento de tal magnitud y duración. Dicho crecimiento ha sido tanto extensivo como intensivo. El crecimiento económico extensivo se caracteriza por el incremento de la producción total mientras que el crecimiento económico intensivo también se caracteriza por la producción por habitante. El crecimiento económico de los últimos 200 años ha transformado completamente las condiciones de vida de la humanidad entera. Se puede comprobar que, respecto a la época preindustrial, el crecimiento de los siglos XIX y XX ha sido mucho más intenso y ha comportado una mejora sustancial de la producción por habitante. En países más avanzados, la producción se ha multiplicado por 80. Este hecho ha propiciado un incremento más que notable de la población. El PIB per cápita se ha multiplicado por 16 en los últimos 200 años.
Esta transformación no se ha producido de manera regular en el tiempo ni ha afectado con la misma intensidad a todos los países. Justamente, una de las características del crecimiento económico contemporáneo es que está estrechamente vinculado a la industrialización. El crecimiento ha sido más precoz y globalmente más intenso en los países de la Europa Occidental y aquellos que han sido poblados mayoritariamente por emigrantes de Europa del Norte. Las otras zonas se fueron incorporando al crecimiento intensivo con tasas significativas a partir del SXIX y, en el caso de Asia y de África, bien entrado el SXX. A principios del SXIX había notables diferencias de desarrollo entre las diferentes zonas. Las consecuencias más notables del diferente impacto del crecimiento económico ha sido un incremento de la distancia entre países ricos y países pobres. Eso no significa que los países pobres no hayan mejorado su situación sino que los ricos lo han hecho más rápidamente. Como indican las cifras, si hacia 1820 la Europa occidental tenía poco más del triple de producto por habitante que África actualmente es de 13 a 1. El crecimiento económico de los países asiáticos ha sido muy intenso y han logrado acortar distancias y, en algún caso, alcanzar el nivel de los países occidentales más avanzados. Los países con niveles más bajos de producto por habitante concentran la mayor parte de la población del planeta, de modo que la distribución de la población mundial, tiende a ser cada vez más desigual. Esta distribución desigual de la renta y de la riqueza y la distancia entre ricos y pobres sería aun más acusada si en vez de comparar continentes comparamos países concretos.
Si el crecimiento de estos dos últimos siglos no ha sido equilibrado territorialmente, tampoco ha sido constante, ni si quiera en los países más avanzados. Durante el SXIX, la expansión económica de estos países fue más o menos regular, aunque más intensa en la segunda mitad que en la primera. Ello no quiere decir que en este periodo no hubiera fases de desaceleración o de crecimiento lento, que para algunos países como Gran Bretaña fueron muy significativas.









Distribución de la producción y de la población mundial por regiones
(A, % del producto; B, % de la población)

1820
1870
1913
1950
1973
1998

A
B
A
B
A
B
A
B
A
B
A
B

Europa Occidental
23,6
12,8
33,6
14,8
33,5
14,6
26,3
12,1
25,7
9,2
20,6
6,6

Nuevas Europas
1,9
1,0
10,2
3,6
21,6
6,2
30,6
7,0
25,3
6,4
25,1
5,5

Europa Oriental
8,8
8,8
11,7
11,1
13,1
13,2
13,2
10,6
12,9
9,2
5,3
7,0

América Latina
2,0
2,0
2,5
3,1
4,5
4,5
7,9
6,6
8,7
7,9
8,7
8,6

Asia
59,2
69,2
38,3
61,2
24,6
54,6
18,4
54,7
24,1
57,4
37,2
59,5

África
4,5
7,1
3,6
7,1
2,7
7,0
3,6
9,0
3,3
9,9
3,1
12,8

Total
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100



La Primera Guerra Mundial interrumpió este proceso de crecimiento y abrió un periodo de inestabilidad, que tuvo su punto culminante en los primeros años de la década de 1930, cuando una fuerte crisis (La Gran Depresión) sacudió la economía mundial, provocando un atraso profundo del que muchos países aun no se habían recuperado al estallar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Una vez finalizada la conflagración, se da la fase de crecimiento más intenso de la historia contemporánea, la época dorada de la economía. Las tasas de crecimiento se situaron en niveles tres veces superiores a las de las fases más expansivas del SXIX. Este periodo se detendría en 1973 con la primera crisis del petróleo. En las últimas décadas, el crecimiento de la economía de los países occidentales ha sido más lento y ha habido varias fases de estancamiento y de expansión, mientras se iniciaba una profunda transformación tecnológica y organizativa que aun continua. Dentro del marco de estas grandes fases, cada país ha experimentado su propia dinámica, marcada por las condiciones que posibilitan el crecimiento y determinan su intensidad son muy complejas y responden tanto a factores de carácter general como a factores específicos de cada zona o país.
Procedencia de la emigración europea (1821-1915)


1821-1850
1851-1880
1881-1915
TOTAL


mil
%
mil
%
mill
%
mill
%
Gran Bretaña
2,6
76,5
4,6
56,8
8,9
27,7
16,1
36,9
Alemania
0,6
17,6
2,1
25,9
2,2
6,8
4,9
11,2
Resto N-O Eur.
0,2
5,9
0,7
8,6
2,6
8,1
3,5
8,0
Europa N y O
3,4
100
7,4
91,4
13,7
42,8
24,5
56,2
Austria-Hungría


0,2
2,5
4,2

4,4
10,1
Italia


0,2
2,5
7,8
24,3
8
18,3
España y Portug.


0,3
3,7
4,3
13,4
4,6
10,6
Resto S-E Europ.




2,1
6,5
2,1
4,8
Europa S y E


0,7
8,6
18,4
57,3
19,1
43,8
Total
3,4
100
8,1
100
32,1
100
43,6
100
Destino de la emigración europea (1821-1915)

EEUU
2,38
67,0
7,73
68,1
21,76
59,7
31,87
61,8
Canadá
0,74
20,8
0,82
7,2
2,59
7,1
4,15
8,1
Argentina


0,44
3,9
4,26
11,7
4,7
9,1
Brasil
0,02
0,6
0,45
4,0
2,97
8,2
3,44
6,7
Australia


0,79
7,0
2,77
7,6
3,56
6,9
Otros destinos
0,41
11,5
0,58
5,11
1,64
4,4
3,82
7,4
Total
3,55
100
11,35
100
36,64
100
51,53
100


Los movimientos internacionales de factores de producción
El resultado del comercio es la homogeneización de los precios al nivel más bajo imposible. Otro modo de conseguir los mismos efectos es mediante la movilidad de los factores.
La gran emigración europea
Como mínimo 44 millones de personas abandonaron Europa definitivamente hacia otros continentes a lo largo del siglo que va desde 1815 hasta 1914. Como ya hemos apuntado, en la historia de la humanidad no se ha dado ningún movimiento de población de semejante magnitud. Su impacto no se tiene que calibrar solo por el número de emigrantes, sino también por su descendencia: la emigración del siglo XIX europeizó gran parte del mundo.
Volumen, origen y destino de la emigración
La emigración fue un proceso acelerado.
El resultado es que a lo largo del periodo 1821-1915, un 36% de los emigrantes salieron de Gran Bretaña y un 18% de Italia. Alemania, Austria-Hungría y la península ibérica participaron en aproximadamente un 10%  cada uno. El destino es mucho más concentrado: un 60% de los emigrantes europeos acabaron en EEUU. El resto de destinos, como Argentina, Canadá o Australia y Nueva Zelanda no llegaba al 10% cada uno.
La primera gran oleada de emigración en EEUU se produjo en los años 1844-1854; la mayoría de los recién llegados eran irlandeses, que huían del hambre causada por el pudrimiento de la patata. Una segunda oleada importante de emigración, tanto británica como alemana, coincide con la Guerra de Secesión. Mientras tanto crece con fuerza la emigración italiana y la de la Europa meridional y oriental, que a partir de 1900 apretaban más de la mitad del total de emigrantes.
Junto con la emigración europea hubo una emigración africana forzada. A pesar de la prohibición del comercio de esclavos, éste se continúo practicando teniendo como destino los estados del sur de EEUU, las colonias españolas del Caribe (Cuba y Puerto Rico) y Brasil.

Causas y consecuencias de la emigración
Expulsión económica: campesinos sin tierra o bien obreros sin trabajo, como resultado de dos fenómenos: el crecimiento demográfico y le cambio tecnológico. Hay una masa dispuesta a emigrar, pero lo que lleva a tomar la decisión de partir, el factor activo, es la atracción, la esperanza de una vida mejor, incluso el enriquecimiento; se trata de gente con dificultades para mantener el nivel de vida al que estaban acostumbrados, pero con la capacidad de reunir unos ahorros que les permita pagar el billete y realizar unos gastos mínimos en el país de destino.
La posibilidad de disponer de tierra propia o de obtener trabajo con salarios más elevados, que no estarían a su alcance en el país de origen. Aunque la industrialización fue durante mucho tiempo una gran fuente de demanda de trabajo, hay que tener en cuenta que para un campesino resulta generalmente preferible la idea de reproducir sus formas de vida, aunque sea en otro continente, a la de cambiar de trabajo, aunque fuera más cerca.
El abaratamiento y la mejora del transporte comienzan dentro del propio país, cuando se puede disponer de ferrocarriles hacia los puertos de embarque. Sin embargo, fue facilitado sobre todo por la introducción de los barcos de vapor, que acortaban la duración del viaje, lo abarataban y mejoraban sus condiciones.
La ultima ventaja importante en este sentido fue la creación de líneas de navegación regulares que, puesto que necesitaban pasajeros para hacer rentables sus viajes, favorecieron la emigración difundiendo los precios, las condiciones del viaje y las fechas de salida y llegada de los barcos.
Las consecuencias de la emigración fueron favorables, tanto para Europa como para los países de destinación. En Europa, los efectos principales fueron la disminución de la presión sobre la tierra. Secundariamente, la emigración permitió también una mejora de los salarios industriales y de la economía en general. Para los países de inmigración, los beneficios procedían de explotación de la tierra y de la inversión de capitales, que solo era posible disponiendo de mano de obra suficiente.
Sin embargo, el exceso de inmigración puede provocar un retroceso relativo de los salarios de los trabajadores no especializados.

Distribución del consumo bruto mundial de energía por fuentes primarias (%)

1900
1933
1955
1973
Carbón
100,0
69,5
51,6
30,2
Petróleo


31,0
43,7
Gas natural


11,1
19,7
Petróleo

22,0
42,1
63,4
Energía hidroeléctrica

8,5
6,3
5,9
Energía



0,5
nuclear
100,0
100,0
100,0
100,0

Evolución de la población agraria (% población agraria y ev de la población agraria r.

% Población agraria
Diferencia población agraria real

1860
1910
1950
1910-1860
1950-1910
1950-1860
Bretaña
32
15
9
-2938
-1758
-4694
Bélgica
47
24
13
-400
-662
-1062
Alemania
50
27
18
-591
-8436
-9028
Francia
52
41
30
-2842
-3631
-6503
EEUU
61
33
16
11271
-6131
5140
Italia
70
58
42
2359
-812
1542
España
75
67
55
1687
2023
3710
Rusia
81
77
48
61885
-33844
28042



La Segunda Revolución Tecnológica
En los treinta años que van desde 1870 hasta 1900 empezaron a difundirse una serie de innovaciones de primer orden que marcarían el desarrollo económico mundial durante un siglo, hasta los años 1970. Este conjunto de innovaciones reviven el nombre de Segunda revolución Tecnológica

Las características que mejor define la Segunda Revolución Tecnológica es la importancia decisiva del conocimiento científico. El inventor individual, típico de la Primera Revolución Industrial, dio paso a equipos científicos que trabajaban en laboratorios y empresas de investigación de cierta dimensión, capaces de llevar a cabo procesos de investigación sistemática, encaminados al descubrimiento y mejora de una innovación predeterminada.
El nuevo paradigma tecnológico que surge en estos años y que perduró hasta la década de 1970 presenta las siguientes características:
1.      Introducción de maneras nuevas y más baratas de obtener materiales conocidos anteriormente, lo cual permitía que se usaran de manera más amplia.
2.      Aparición de materiales nuevos que podían sustituir a los productos naturales escasos y/o caros.
3.      Aplicación de nuevas formas de energía y de nuevos transformadores energéticos que permitieron ampliar los niveles de mecanización y el uso de energía moderna.
4.      Creación de grandes empresas, con nuevas formas de gestión y control.
5.      Puesta en marcha de nuevos sistemas de organización de los procesos productivos y de la fuerza de trabajo.
Su aplicación abrió las puertas a una nueva fase de crecimiento económico global y permitió el acceso de buena parte de la población al uso de bienes de consumo duraderos como electrodomésticos o automóviles, así como a los servicios de sanidad, educación y ocio, que es una de las características de la sociedad del SXX.

Las grandes innovaciones
Materiales más baratos y materiales nuevos
El acero hace de puente entre la primera y la segunda revolución tecnológica; se encuentra en medio camino entre el invento artesano y la investigación programada.

El acero barato permitió una gran expansión en su uso, hasta tal punto que desde el punto de vista práctico se le podía considerar prácticamente un nuevo material. Este hecho hizo posible la fabricación de máquinas herramientas (tornos, perforadoras, fresadoras), que proporcionan piezas de una precisión suficiente, procedimiento que abarata la producción y facilita las reparaciones. Estas ventajas permiten la fabricación de productos mejores, más baratos y de más larga duración, al igual que de maquinas de mayor precisión.

El otro gran metal de la Segunda Revolución Tecnológica es el aluminio. Dúctil, ligero y resistente a la corrosión. Su gran cliente es sobre todo una nueva industria, la industria aeronáutica. El descenso de su precio es una muestra clara de abaratamiento de la producción y, por lo tanto, de la ampliación de su campo de uso.

El otro grupo de materiales nuevos corresponde a la industria química. Se añadieron productos nuevos o con un fuerte crecimiento a partir de 1870 como la pasta de papel, el cemento, los abonos artificiales, los derivados del caucho (neumáticos) y, en el campo farmacéutico, la aspirina (1893).
Producción industrial: era necesario encontrar procedimientos de fabricación más baratos, mejorar la seguridad y el aprovechamiento de los subproductos. Podemos afirmar que, aunque la química orgánica nació en Gran Bretaña y tuvo una primera implantación en Francia, su madurez fue obra de empresas alemanas y, en menor escala, suiza. La química orgánica ha hecho posible la obtención de explosivos (nitrocelulosa) hasta pinturas, celuloide (fotografía y cine), fibras artificiales y plásticos. Otros sectores importantes de la química orgánica son la industria farmacéutica, que se desarrolló especialmente tras la Primera Guerra Mundial, y petroquímica, que lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial.

Nuevas formas y fuentes de energía
A pesar  de la importancia de los nuevos materiales, la característica más distintiva de la Segunda Revolución Tecnológica es el uso de una nueva fuente de energía, el petróleo, y de una nueva forma de energía, la electricidad.

El petróleo y sus derivados
Desde el punto de vista químico, el petróleo está emparentado con el carbón, aunque como se trata de un liquido resulta mucho más manipulable y versátil. A pesar de haberse usado anteriormente como lubrificante y en iluminación, su importancia procede de su uso como carburante de un motor nuevo, el motor de la combustión interna. La máquina de vapor proporciona una energía continua y de una potencia relativamente alta que solo es económicamente eficaz en procesos que necesitan una cantidad constante y elevada de energía. Comparado con la máquina de vapor, las principales ventajas son sus dimensiones menores, una mayor seguridad y limpieza y una gran adaptabilidad, ya que puede ser usado con poca o mucha potencia, de forma interminable y en cualquier lugar. Aunque fue inventado para funcionar con gas, siendo los primeros motores fijos, la adopción del petróleo como combustible permitió su uso en el transporte. Los primeros motores de gasolina fueron construidos en 1885. Diez años de intensas pruebas darían rápidamente sus frutos con la aparición del motor Diesel (1895) y del primer automóvil Ford (1896). El automóvil representa la culminación de  la Segunda Revolución Tecnológica, como el ferrocarril lo fue para la Revolución Industrial. Tenemos que citar un aumento importante de la capacidad, tanto para el traslado de viajeros (autobús) como aún más para el traslado de productos (camión). En la navegación los barcos deben reservar mucho menos espacios al combustible y/o pueden navegar durante más tiempo sin tocar puerto. Otra de las innovaciones de la Segunda Revolución Tecnológica en el mundo del transporte fue la aviación. Muy vinculada a la posibilidad de construir motores de aluminio, ligeros pero muy caros, hasta la Primera Guerra Mundial fue sobre todo una actividad deportiva, que pasaría a ser militar durante el conflicto. En cambio, el transporte de mercancías no fue importante hasta la segunda mitad del SXX. El petróleo se convirtió en la principal fuente de energía mundial. Esta situación no empezó a cambiar hasta 1973, cuando la guerra entre israelíes y árabes hizo que los precios del petróleo se triplicaran, lo que obligo a tomar medidas de ahorro y diversificación energéticas.

La electricidad
La primera aplicación práctica de la electricidad fue en el mundo de la comunicación (el telégrafo), el teléfono (Bell, 1876), la telegrafía sin hilos (radiotelegrafía) (Marconi 1895) y, a partir de los años 1920, la radio. Más tarde apareció la televisión. Sin embargo, lo que convirtió la electricidad en la principal innovación energética del SXX fue su aplicación en la iluminación, al motor eléctrico y la electroquímica.
Los inconvenientes, sobre todo los ecológicos, de las centrales eléctricas hidráulicas y atómicas se evitan con la obtención de energía eléctrica a partir de generadores eólicos o aprovechando la energía solar, así como con las otras energías alternativas, aunque la cantidad de electricidad obtenible mediante estos procedimientos es aún muy limitada.
Las grandes ventajas de la electricidad son: la flexibilidad, la transmisibilidad y la divisibilidad. El fluido eléctrico se puede transformar alternativamente en luz, en calor o en fuerza de manera sencilla y mediante transformadores pequeños y limpios. Puede ser transportado por dentro de las fabricas y de las casas a través de cables finos y flexibles, y finalmente, su potencia puede dividirse hasta ajustarla a las necesidades de cada usuario.
Las principales aplicaciones de la electricidad se desarrollan my rápidamente. En iluminación, el arco voltaico (1857), útil para grandes potencias lumínicas, pronto se vio complementado por la bombilla eléctrica, más pequeña y manejable, inventada por Edison en 1879. Sin embargo, la aplicación de la electricidad más trascendente fue, sin lugar a dudas, el motor eléctrico. La principal característica de los motores eléctricos es su gran versatilidad: se pueden construir de potencia lo suficientemente baja para que funcionen con una pila eléctrica (por ejemplo para que funcione un juguete) o de gran potencia para mover maquinas de cualquier tipo. La primera aplicación del motor eléctrico fue el transporte. En 1879, el mismo año que Edison inventaba la bombilla incandescente, Siemens presentaba en Berlín el primer ferrocarril eléctrico (tranvía. El motor eléctrico permitió mecanizar muchos procesos industriales que necesitan poca potencia energética y discontinua y prescindir a la vez de la concentración de la producción en fábrica. El motor eléctrico hizo posible el pequeño taller mecanizado. El resultado fue una nueva división del trabajo: la fabrica y el taller ya no se distinguían por el uso o no de la energía inanimado sino por la especialización en actividades intensivas de capital (la fabrica) o en trabajo (taller), hecho que a menudo permite que sus actividades sean complementarias.

Cambios en la organización del trabajo y de la empresa
La organización científica del trabajo
La fabricación mediante piezas estándar alcanza su perfeccionamiento en el trabajo en cadena y en la denominada organización científica del trabajo o taylorismo: un conjunto de obreros fabricando o montando cada uno de ellos todas las piezas de una maquina resulta menos eficiente que si cada obrero se especializa en un trabajo determinado. Las propuestas de Taylor son de la década de 1880, aunque no se llevaron a cabo hasta finales de siglo. Ford lo adoptó en su nueva fábrica de automóviles de Detroit en 1904. En Europa no fue introducido hasta la Primera Guerra Mundial.

Los cambios en la organización empresarial
Las redes ferroviarias en un primer momento, la navegación a vapor y los camiones tras la Primera Guerra Mundial comportaron un aumento de la capacidad y de la velocidad del transporte, al mismo tiempo que una disminución de sus costes, hecho que tuvo efectos multiplicadores en el comercio, especialmente en el comercio internacional. El resultado fueron unos mercados más grandes, que posibilitaban la existencia de empresas mayores, tanto industriales como comerciales y de servicios.
El primer reto al que tenían que dar respuesta las nuevas empresas era el aumento tanto del tamaño como de la competencia del mercado. La característica principal de las condiciones del mercado de la Segunda Revolución Tecnológica es la aparición de la gran empresa, dedicada a la producción y a la distribución en masa, que le permiten aprovechar las economías de escala en la producción y en la velocidad de circulación de capital.
        
Los cambios en la agricultura
Durante la etapa de la Segunda Revolución Tecnológica, y en gran parte como consecuencia de esta, la agricultura experimentó importantes transformaciones. En el punto de partida, el esquema básico es muy parecido al industrial. La producción y la productividad crecieron hasta el punto de provocar una larga crisis de sobreproducción, superada por la adopción de innovaciones, aunque también a través del recurso al proteccionismo. El incremento de la producción fue debida al aumento de la superficie cultivada y a la mejora de rendimientos, fenómenos que se pueden presentar juntos o por separado. La puesta en cultivo de más tierra depende sobre todo del aumento de la población y del estimulo de la demanda. La mejora de los rendimientos está directamente relacionada con el cambio tecnológico.

Las formas de explotación
La característica de la explotación agraria en la época de la Segunda Revolución Tecnológica es el peso creciente del factor capital. Las plantaciones se inician en el SXVII, pero la revolución de los transportes, la ocupación colonial de gran parte de Asia y África y la introducción de nuevos productos representan a finales del SXIX un cambio no solo cuantitativo sino también cualitativo. Los productos antiguos de plantación son básicamente el azúcar (Brasil, Caribe y sur de EEUU) el tabaco (Caribe y sur de EEUU) aprovechando el desabastecimiento provocado por la Guerra de Secesión en EEUU, otros países como Egipto, Brasil, China, la India y Rusia aumentan el cultivo y la explotación de algodón, rompiendo así el anterior casi monopolio de EEUU.
Los nuevos productos de  plantación con un fuerte incremento en el momento de la Segunda Revolución Tecnológica son: el café, que prácticamente era en esta etapa un monopolio de Brasil, pero que comenzaba a extenderse hacia el Caribe (Jamaica, Santo Domingo) y hacia Colombia; el té, cultivado tradicionalmente en la India y en Sri Lanka (Ceilán); el caucho, que explotado en Brasil en estado salvaje se convirtió en producto de plantación en Indochina y en Indonesia; y los aceites vegetales (palma, cacahuete), introducidos por los colonizadores en las costas del golfo de Guinea.
La gran transformación agraria
Los principales cambios han sido la práctica de la desaparición de la agricultura de autoconsumo en Europa y su retroceso en Asia y en parte de África, una agricultura sustituida por la agricultura orientada al mercado. Esta generalización de la agricultura capitalista fue debida al estimulo de la demanda, consecuencia del aumento de la población urbana, del incremento de la renta y de la caída de los precios. Fue también debida al aumento de la productividad, gracias a un mayor uso de la maquinaria agrícola, a la mejora en la selección de semillas y ganado, al uso más intensivo de abonos y finalmente a la seguridad que ofrecía el proteccionismo agrario vigente en la mayoría de países.
La innovación más decisiva que representa el momento crucial de todos los tiempos en la agricultura fue la difusión del tractor. Los primeros tractores empezaron a funcionar en EEUU en 1905. En 1920 ya había en funcionamiento unos 246.000.











Retorno al patrón oro
País
Año
Paridad en % valor antes guerra
Austria
1922
0,000,07
Suecia
1922
100,0
Alemania
1923
0,000,000,000,000,001
Checoeslovaquia
1924
14,6
Hungría
1924
0,069
Bulgaria
1924
3,8
Finlandia
1924
13,00
Holanda
1924
100,00
Yugoslavia
1925
8,90
Gran Bretaña
1925
100,00
Polonia
1926
0,000,026
Bélgica
1926
14,50
Francia
1926
20,3
Italia
1926
27,3
Dinamarca
1926
100,0
Rumania
1927
3,10
Grecia
1927
6,70
Noruega
1928
100,00
Portugal
1928
4,10

Los problemas monetarios
El regreso al patrón oro. Cuestiones generales.
El sistema monetario anterior a la guerra tenía dos bases: el compromiso de los grandes gobiernos de convertir sus monedas en cantidades fijas de oro y la libertad de los individuos de importar o exportar oro según su conveniencia. La guerra cambió de golpe esta situación. Todos los países, excepto EEUU y los neutrales, vieron disminuir sus reservas de oro mientras aumentaba la cantidad de dinero en circulación. Por otro lado el aumento de la cantidad de billetes en circulación provocó un aumento generalizado de los precios y la consiguiente pérdida del poder adquisitivo de la moneda. Tras la guerra, la idea predominante entre los gobernantes era la necesidad de volver lo más rápido posible al patrón oro, considerado motor de la economía internacional y, por lo tanto, de la recuperación económica, de modo que los países dirigieron grandes esfuerzos a la reorganización del sistema monetario, aunque exigiera implantar políticas deflacionistas, difíciles de acoplar a las necesidades de reconstrucción y con la demanda  reprimida durante la guerra, y aun más difíciles de llevar a cabo en un contexto son una solidaridad internacional.
Se gastó más energía en la especulación monetaria que  en crear las condiciones para la normalización del comercio, que sufrió mucho a causa de la inestabilidad monetaria de esos años. En los países vencidos la pérdida de valor de la moneda (aumento de los precios) alcanzó situaciones denominadas de hiperinflación, que de hecho comportaron la desaparición de la moneda anterior en Austria, Hungría, Alemania, Polonia y Rusia.
El desorden monetario tuvo varias causas: el desconocimiento de la situación real de cada moneda, la repentina retirada de crédito por parte de EEUU a sus aliados y las reparaciones exigidas a los vencidos.
El retorno al patrón oro se planteó en la conferencia de Génova de 1922, convocada por Gran Bretaña y Francia. La conferencia reconoció que el oro disponible era insuficiente para asegurar el funcionamiento del patrón oro en las condiciones anteriores a la guerra y, por lo tanto, la circulación de oro sufrió una doble restricción: los billetes solo eran convertibles en grandes cantidades y además las reservas de los países secundarios podían estar formadas por oro o por divisas convertibles en oro.
Las posibles vías para volver al patrón oro eran dos: recuperar la paridad oro anterior a la guerra o fijar una nueva paridad ajustada a la realidad monetaria de cada país. El retorno del patrón oro comenzó, de hecho, por algunos países neutrales (Suecia, Holanda) y por otros que habían visto como se volatilizaba su sistema monetario a consecuencias de la posguerra, como Austria y Alemania.

Evolución del PIB per cápita (1913 = 100)

1919
1925
1929
Suiza
95,18
126,3
148,43
Japón
131,77
135,95
146,08
EEUU
107,16
118,52
130,15
Francia
77,38
114,68
129,64
Alemania
79,98
109,22
125,29
Suecia
86,20
104,42
124,96
Canadá
91,49
101,31
118,48
Italia
110,94
108,96
115,43
Gran Bretaña
98,98
104,55
111,84
Australia
87,92
103,75
92,56

El crecimiento económico de los años veinte
Durante la guerra, el crecimiento se concentro en los países alejados físicamente del conflicto (como EEUU o Japón), que se pudieron beneficiar tanto de la demanda de los beligerantes como de los mercados que dejaron desabastecidos.

Para la mayoría de los países, el crecimiento registrado entre 1913 y 1929 fue interior al  que se produjo entre 1870 y 1913. Sin embargo, este hecho puede resultar engañoso. Si en vez de fijarnos en el producto por habitante nos fijamos en la productividad, los resultados son diferentes. La reducción generalizada de las horas trabajadas que se produjo en estos años. A partir de 1919, la mayoría de los países occidentales adoptaron la jornada de 8 horas. Una parte de la mejora de la productividad, en vez de quedar reflejada en un aumento de la producción, fue destinada a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Por otro lado, el hecho de que el aumento de la productividad fuera más intenso significa que el efecto de las innovaciones técnicas fue más eficaz en estos años que en la primera fase de la Segunda Revolución Tecnológica. En este sentido, es especialmente significativo que también fuera mayor el crecimiento de la productividad en EEUU, el país líder en el ámbito tecnológico.
Los problemas más importantes procedían de un desajuste cada vez más intenso entre la oferta y la demanda de los productos primarios que provocaba una caída de los precios relativos de estos productos primarios, que provocaba una caída de los precios relativos de estos productos respecto a los manufacturados, y de un desequilibrio en la distribución de la renta a favor de los más ricos en la mayoría de países. El primero de estos dos problemas quedó temporalmente oculto gracias a EEUU, país exportador de productos primarios. En cambio, la distribución cada vez más desequilibrada de la renta acabaría afectando gravemente a la evolución de la demanda dentro de los propios países avanzados.

Factores de crecimiento
 El cambio técnico
La difusión de la Segunda Revolución Tecnológica fue un factor decisivo para el crecimiento económico de entreguerras. Los descubrimientos procedían de mucho antes, aunque hasta después de la Primera Guerra Mundial no desempeñaron un papel relevante en la economía de muchos países gracias a la conjunción de procesos de innovación, modernización y mecanización que se generalizaron ampliamente. La reconstrucción se pudo hacer aprovechando la tecnología más moderna y el resultado fue una disminución de los costes de producción y de transporte.

Sin embargo, estos factores favorables al crecimiento se vieron frenados por la existencia de muchas instalaciones obsoletas, no se podía prescindir de ellas si no se quería que el desempleo aumentara.  Existieron otros obstáculos como la escasa capacidad de compra y de la falta de capitales.

Los dos sectores más importantes para el crecimiento de los años veinte fueron la electricidad y los vehículos de motor. Los motores eléctricos baratos estimularon la mecanización de la producción, incluso en los pequeños talleres. Los motores de explosión interna, aplicados a automóviles, camiones y aviones facilitaron y abarataron el transporte y las comunicaciones y, junto con los tractores, revolucionaron la agricultura. Este conjunto de cambios hizo posible, al mismo tiempo, el aumento de beneficios y una fuerte reducción de costes y precios y, por lo tanto, puso los productos industriales a disposición de mucha más gente. Junto a estas innovaciones básicas fue también importante la difusión de bienes de consumo duradero como por ejemplo la bicicleta o la máquina de coser, pero sobre todo los relacionados con la electricidad: el teléfono y el cinematógrafo, la plancha eléctrica, la tostadora eléctrica, el ventilador, la radio, el gramófono, la lavadora, el frigorífico etc. Otro campo que creció rápidamente fue la industria química, especialmente en los sectores de los colorantes artificiales, los productos sintéticos (fibras caucho etc.), los abonos, los pesticidas agrarios y los productos farmacéuticos.

La recuperación económica europea

Gran Bretaña
Francia
Italia
Alemania Federal

producción
empleo
producción
empleo
producción
empleo
producción
empleo
1948
83

82

58

36

1949
89

85

64

51

1950
95

91
100
73
94
65
80
1951
100
96
99
102
82
95
77
86
1952
96
96
98
101
85
95
83
90
1953
101
97
99
99
93
95
90
93
1954
100
100
100
100
100
100
100
100



El Plan Marshall

La situación de las economías europeas en 1947 rozaba el colapso. El conjunto de las
Exportaciones europeas (disminuidas tras la guerra) y la partida de indivisibles (reducida por la liquidación de inversiones en el exterior, pérdida de transportes y caída del turismo) no eran suficientes para pagar las importaciones de alimentos, materias primas y maquinaria.
Otro obstáculo era la incertidumbre sobre el valor de las diferentes monedas. La disminuida renta de los países europeos no podía generar el suficiente ahorro para financiar la recuperación ni permitía a los gobiernos aumentar los impuestos para equilibrar los presupuestos. El resultado era que la inflación y el caos financiero erosionaban la capacidad de los estados europeos para reorganizar sus economías.
Los expertos estadounidenses consideraban que la mayoría de países no podían continuar pagando sus compras a EEUU más allá de año o año y medio. EE.UU disponía de un exceso de capitales que podía hacer temer la aparición de una nueva recesión si no se lograba una demanda exterior sostenida. En este momento, el general Marshall diagnosticó que Europa sólo podría salir de la crisis con un esfuerzo coordinado entre los diferentes estados y con la ayuda de EE.UU. El Plan Marshall formó parte de una estrategia global de EEUU para reconstruir la economía del mundo capitalista tras la IIGM y asegurarse su liderazgo. Era un programa económico con tres finalidades:
1. Evitar el peligro de una nueva recesión
2. Asegurar la reconstrucción del comercio internacional.
3. Lograr la estabilización de Europa occidental como baluarte contra el comunismo.
Este Plan, anunciado en junio de 1947 y aprobado al año siguiente, tenía la finalidad de aportar los recursos necesarios a las economías europeas sin provocar dificultades en su balanza de pagos. El objetivo era ayudar a la recuperación de la producción, evitando la inflación y el malestar político. Al mismo tiempo, EEUU proponía a Europa su modelo de crecimiento, basado en la organización científica del trabajo y el aumento de la productividad, y se aseguraban un flujo constante de exportaciones.
El Plan Marshall fue un plan de ayuda selectiva a aquellos países que se podía ayudar, haciendo que el dinero invertido se utilizara de forma eficiente. Además, era una ayuda condicionada: los países europeos beneficiarios se comprometían a crear organizaciones conjuntas con dos objetivos: a evitar iniciativas concurrentes que pudieran dar lugar a una competencia excesiva y a facilitar pagos multilaterales.
El Plan Marshall no era un plan conjunto, sino una serie de acuerdos bilaterales entre EEUU y cada uno de los países de la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica, creada para dicho plan).
Dichos acuerdos comprometían a los países europeos a:
1. Desarrollar la producción.
2. Expandir el comercio exterior.
3. Equilibrar el presupuesto.
4. Estabilizar la moneda
5. Desarrollar la cooperación económica
6. Vender preferentemente a EEUU las materias primas que les pudiese interesar
En 1951 quedó integrado en el programa de ayuda militar para la creación de la OTAN (NATO en inglés). En total, Europa recibió más de 20 mil millones de dólares, siendo un 70% de la cantidad en concepto de donativo. Gracias al plan Marshall el proceso de recuperación de Europa empezó.
El Plan Marshall palió en parte la penuria de recursos. El problema europeo no era de capital fijo, sino de infrautilización de ese capital fijo, y del capital humano, por la falta de alimentos y de materias primas. La ayuda permitió que las fábricas y los obreros preparados para ponerlas en marcha no tuvieran que estar parados, por lo que gracias al Plan Marshall se produjo un incremento del empleo y de la producción.  A pesar de ello, los problemas de déficit comercial no fueron fáciles de resolver. Hasta 1958, las principales monedas europeas no fueron plenamente convertibles en dólares, a un tipo de cambio muy inferior al existente antes de la guerra. La Unión Europea de Pagos (UEP) fue un organismo temporal que permitía compensar las balanzas de pagos y financiar sus déficits. Funcionaba como una especie de compensación que permitía minimizar las transferencias de capitales, además de conceder créditos a los países que resultaban deudores.
El Plan Marshall fue el “empujón” que puso en marcha la economía europea tras la SGM Francia y Alemania crearon un organismo supranacional, la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), para la gestión conjunta de estos productos básicos. Así se lograba la reconstrucción de la industria pesada alemana y deshacer la frontera que separaba el hierro de Alsacia y Lorena del carbón del Ruhr y del Sarre. De esta forma, lo que antes eran rivalidades y disputas por el dominio del territorio se convertía en colaboración, evitando una futura guerra. La CECA incorporó a los países del Benelux* e Italia. Este conjunto de países formarán el núcleo inicial de la Comunidad Económica Europea, germen de la actual Unión Europea.

*El principal factor de recuperación de las monedas europeas fue el comportamiento de la economía estadounidense que experimentó numerosos déficits a causa de la escasa capacidad de compra de ciertos países y de la creación de la OTAN. Éste déficit proporcionaba mayor capacidad de compra a otros países y permitió que éstos reconstruyeran sus reservas de divisas. En 1959 se produjo un retorno a la convertibilidad monetaria y a la estabilización de los tipos de cambio. Éste déficit facilitó el buen funcionamiento de la economía internacional durante los años cincuenta y sesenta, aunque, por hecho posteriores (guerra de Vietnam), acabó por hacerse insostenible la convertibilidad del dólar.







Diferencias entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial

Primera Guerra Mundial (1914-1918)
Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
Crecimiento económico
Escasa movilidad de los factores y crecimiento lento y precario
Crecimiento elevado , sostenido y generalizado. Libre movilidad de los factores (Capacidad abundante para financiar protectos a pequeña o gran escala. Trabajo por el crecimiento de la población. Migraciones. Transformación de mano de obra Sur-Norte
Cambios estructurales
Los precios eran a la baja debido a los desequilibrios entre la ofera y la demanda.

Desarrollo de la industria quimica y mejora de la agricultura.
Agricultura: Descenso en producto y empleo.
Industria: Aumenta más en producto que en empleo
Servicios: aumenta más en empleo que en productos. (baja la productividad respecto a la industria.
Empleo
Desempleo a gran escala y de larga duración, la perspectiva era pequeña
Pleno empleo
Política económica y papel del estado
Estado: intervencionismo
Politica económica: proteccionismo
Estado: Intervencionista
Politica economica: Librecambismo. Pactos supranacionales
Papel del gobierno
Mano invisible – mercado
Mano invisible – Mercado
Migraciones
Hacia el oeste  de Europa. America. Escasez de capitales por la que hay escasez de migración
Se diferencian en origen y destino
Precios
Bajos debido al desequilibrio entre la oferta y la demanda
La tecnología y la difusión del capital humano.
Exportar la mano de obra más especializada.
Gran cantidad de inventos
Comercio
Reducido
Era el motor de la economía.
Tasa de crecimiento del volumen de exportaciones => 10%


Diferencias entre las posguerras

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