Tema
5 La Primera Guerra Mundial y los problemas de reconstrucción
1
Los orígenes del enfrentamiento armado
Las causas de la guerra fueron tanto políticas como económicas.
La etapa posterior a la guerra francoprusiana de 1870-1871 es la denominada paz
armada. Supuso un importante crecimiento de los ejércitos, sobre todo de su
potencia, gracias a la aplicación de las innovaciones tecnológicas en el campo
del armamento, a las nuevas técnicas de obtención de acero y de aluminio, y al
aprovechamiento de las mejoras en los transportes y en las comunicaciones.
Los puntos principales del conflicto fueron la
ocupación de los últimos espacios coloniales y la formación de imperios económicos
en las colonias. Los primeros choques se produjeron entre Francia e Italia (Túnez
1881) y entre Francia y Gran Bretaña (1898) aunque los que más influyeron en
las alianzas que conducirían a la guerra fueron los enfrentamientos entre
Italia y Turquía por Libia (1912) y entre Alemania, Francia y España por
Marruecos (conferencia de Algeciras de 1906) y posteriormente entre Francia y
España también por Marruecos (división en zonas de influencia, 1912), como
también la oposición francesa y británica a la expansión económica de Alemania
por el Próximo Oriente (Turquía, Siria e Irak).
Desde el punto de vista económico, el aumento de
producción y especialmente de la productividad que hacía posible la adopción de
la Segunda Revolución Tecnológica provocó una lucha por los mercados mundiales.
El enfrentamiento principal se produjo por el asalto de los productos alemanes
a la anterior supremacía británica. Mientras Francia y Gran Bretaña se
quejaban. Alemania creía que su brillante desarrollo económico se veía
entorpecido por la supremacía colonial británica, que entorpecía la
introducción de sus productos a la zona que controlaba y que podía imponer dificultades para obtener
materias primas coloniales. Esta serie de rivalidades cruzadas dio lugar a la
creación de dos bandos que entraron en conflicto: los imperios centrales (el
alemán y el austrohúngaro) contaron con la ayuda de Turquía y Bulgaria. Por
otro lado, la Triple Entente entre Gran Bretaña, Francia y Rusia se vio
reforzada en el último momento por Italia (aliada tradicional de Alemania, pero
enfrentada al Imperio austrohúngaro por el Tirol y por el Asiático) y contó
posteriormente con la ayuda militar y económica de EEUU y de Rumanía
(enfrentada a Bulgaria y a Turquía), Portugal y Grecia (semiindependientes de
Gran Bretaña) y Japón, que codiciaba las posesiones alemanas en el pacífico.
El convencimiento de que la guerra era insoslayable
hizo que todos los países incrementaran significativamente los gastos en
defensa. A pesar de que el conflicto se evitó en tres ocasiones en la que
parecía inminente, no pudo evitarse tras el asesinato del príncipe heredero de
Austria-Hungría en Sarajevo por parte de un terrorista nacionalista serbio (28
de Junio de 1914). El magnicidio provocó la declaración de guerra de Austria a
Serbia. Tras ello, el resto de países fueron entrando en el conflicto.
1.1 Características de la guerra
La
Primera Guerra Mundial fue una guerra diferente a las anteriores. En primer lugar,
hay que tener en cuenta que fue la primera guerra industrial. Ello significa
que el armamento usado era parte nuevo (guerra química, tanques, aviación,
submarinos), mucho más potente y destructivo (artillería de largo alcance) y
afectaba mucho más a la población civil.
Los
problemas económicos inherentes a la guerra eran dos: la financiación y el
abastecimiento. El primero tendría fuerte consecuencias, aunque no se pusieron
de manifiesto hasta después del conflicto: el gasto: el gasto militar británico
paso del 4% del PNB en 1913 al 38% en 1916-1917. En Alemania, el gasto militar
era del 53% del PNB en 1917. El abastecimiento fue la principal preocupación
durante la guerra: el abastecimiento propio del armamento y de alimentos y, a
la vez obstaculización del abastecimiento del enemigo. En este aspecto tuvo una
gran importancia el bloque de los puertos alemanes y la represalia alemana en
forma de guerra submarina. La preocupación por el abastecimiento obligó a una
creciente intervención del gobierno en la economía para incrementar la
producción de armamento y de medios de transporte (construcción o adaptación de
fabricas y astilleros), y también para planificar la producción y controlar el
comercio y los precios hasta llegar al racionamiento. Se crearon nuevas
empresas por parte de los gobiernos. En cambio, la oportunidad de la demanda
militar posibilitó importantes mejoras tanto en los productos (automóviles,
submarinos, aviones etc.) como en la productividad. Por ejemplo, la
militarización de los obreros permitió introducir la cadena de montaje,
rechazada anteriormente por los trabajadores europeos. La retención en la
guerra de parte de la población masculina comportó el inicio del trabajo
femenino masivo en labores reservadas tradicionalmente al hombre como son la mecánica
o la conducción de vehículos.
La
guerra acabó hundiendo a los imperios, debilitados por la hambruna: la Rusia
zarista fue liquidada por la revolución de 1917 y un año más tarde varias
insurrecciones nacionalistas (en Republica Checa, Serbia y Polonia) y obreras
(En Alemania y Austria) provocaron la huída de los emperadores, seguida de una
demanda de paz.
Alemania
como en Austria se mantendría un fuerte partido militarista, convencido de la
superioridad de sus ejércitos y dolido con los políticos, que no habían sabido
gestionar el abastecimiento y, con los protagonistas de las revueltas, que
habían forzado la rendición. Esta situación tendría importante consecuencias para
la evolución de Alemania durante la posguerra y sería, junto con el malestar
causado por las reparaciones de guerra, una de las bases del nazismo.
2
Las
consecuencias del conflicto
Todos
los contendientes habían entrado en guerra con la idea de que el enfrentamiento
sería corto y los daños, por lo tanto, restringidos. Sin embargo, la realidad
fue diferente. La guerra duró cuatro años y supuso la movilización de 65
millones de combatientes. Sólo la disminución de la producción y de la renta
que este fenómeno representaba, más la producción destinada a la destrucción
(el armamento) y la interrupción de muchos flujos comerciales, ya presenta un
coste incalculable. Sin embargo, los daños directos fueron muy superiores: más
de 8 millones de fallecidos y 7 millones de incapacitados. Además la edad de
los fallecidos era del sector de la población más productivo. A los fallecidos
hay que añadir los no nacidos a consecuencia del conflicto. Hay que tener en
cuenta también que las pérdidas fueron muy desiguales: las zonas más devastadas
fueron Bélgica y el norte de Francia, el noreste de Italia, Serbia y Polonia.
En cambio, los países neutrales resultaron pocos o muy beneficiados.
La
guerra comportó un descenso de la importancia de la economía europea dentro de
la economía mundial. Así, la participación europea de la producción mundial era
del 43% en 1913 y solo del 34% en 1923, mientras que la participación en el
comercio mundial descendió durante los mismos años del 59 al 50%.
Ello
se debe, en parte, a las pérdidas que Europa experimento como consecuencia de
la guerra, aunque también el crecimiento de los otros continentes (EEUU y Canadá).
Otro
problema de la Europa de la posguerra era la mala asignación industrial, con
una capacidad de producción con fuertes excedentes en las industrias
relacionadas con la guerra y una falta de productos para la reconstrucción y el
consumo.
El
comercio también se retrajo, tanto por la disminución de la oferta como debido
a que en muchos países la guerra había estimulado industrias sustitutivas de
importaciones y además, los países más avanzados como EEUU o Japón había
ocupado una parte importante de los mercados europeos anteriores, sobre todo en
América y Asia.
Finalmente,
el conflicto dejó un gran malestar social. La guerra fue hecha sobre todo por
los campesinos y obreros, que al ser desmovilizados se encontraban sin trabajo,
mientras podían observar los beneficios obtenidos por los empresarios
relacionados con la producción de la guerra y veían como las promesas de
mejoras desvanecían. El contacto en las trincheras de gente de diferentes
procedencias y oficios, coaccionados por la legislación militar y alentados por
las promesas de futuro, provocó tras la guerra una mayor movilización y
participación, estimuladas además por la Revolución Rusa. El resultado fue la
demanda de gobiernos más democráticos y de sociedades menos desiguales. El
principal problema al que se tuvo que enfrentar Europa en el momento de la
reconstrucción era la falta de capital.
2.1 La financiación de la guerra
La
guerra se financió mediante el aumento de impuestos, el endeudamiento del
gobierno y la expoliación de los territorios ocupados. La más importante por
sus consecuencias posteriores fue el endeudamiento, que se concretaba principalmente
en: la emisión de deuda pública interior (bonos de guerra), los préstamos
exteriores y los avances del banco a través de la emisión de billetes.
El
aumento de la circulación fiduciaria fue, en general, la principal forma de
financiación de la guerra. El valor nominal de los billetes en circulación se
multiplicó por en 5 en Francia y por 10 en Gran Bretaña y en Alemania. Todos
los estados, incluso los neutrales, suspendieron la convertibilidad de billetes
en circulación, ya que no la podían asegurar. De este modo, la moneda dejaba de
ser real para convertirse en fiduciaria. Además, el aumento de billetes en
circulación y la restricción de la oferta de mercancías, provocaba inflación
que se desbocó una vez finalizada la guerra. De hecho, la idea generalizada de
que la guerra sería corta y que el enemigo vencido pagaría los costes hizo que
hubiera poca previsión financiera ante
la guerra. Francia y Rusia financiaron principalmente la guerra con sus
reservas de oro y con los préstamos internacionales. Lo mismo hizo Gran
Bretaña, que sin embargo fue el país que más recurrió al aumento de impuestos.
Alemania recurrió al aumento de impuestos y al empresita interior, aunque
obtuvo bienes y dinero de los territorios ocupados y de la indemnización pagada
por la URSS.
Como
consecuencia de la inflación, la unidad monetaria se había depreciado, no valía
tanto como antes. La incertidumbre sobre el valor que finalmente tendrían las
diferentes monedas, la continuación de emisión monetaria para sufragar la
recuperación y las dudas sobre la evolución posterior de las diferentes
economías provocaron tras la guerra una gran fluctuación de las cotizaciones de
las monedas al igual que amplios movimientos especulativos que representaban un
obstáculo más para la recuperación y para el comercio internacional.
Además,
los problemas monetarios se complicaron tras el fin de la cooperación
financiera entre los aliados y la demanda norteamericana de una rápida
devolución de los créditos, pero sobre todo con la exigencia de reparaciones de
guerra. Los gobiernos pagan sus importaciones con las reservas de oro, muchos
países no disponían de reservas suficientes
de modo que gran parte de las importaciones, sobre todo las de armamento,
se hicieron a crédito. Sin embargo, tras finalizar la guerra EEUU suspendió el
crédito a sus aliados y reclamó el pago de la deuda contraída, sin tener en
cuenta la situación en la que se encontraban los países europeos y los gastos
de reconstrucción y de reconversión a los que tenían que hacer frente. Los
países acreedores eran EEUU por un total de 11.900millones de dólares y Gran
Bretaña por 6.400millones de dólares. Tras muchas discusiones, lo que realmente
aconteció fue que EEUU solo logró cobrar a medida que Alemania iba efectuando sus
pagos. Del total de la deuda interaliada, EEUU solo recuperó 5.650millones.
2.2 El tratado de Versalles
El
conjunto de tratados de paz tienen dos aspectos principales: la imposición de
sanciones económicas a los vencidos, considerados iniciadores y culpables por
lo tanto de la guerra, y los cambios fronterizos, que afectaron sobre todo a
Europa oriental. Las sanciones económicas a los vencidos tenían como precedente
la imposición de pagos en metálico que hizo Alemania sobre Francia tras la
guerra francoprusiana. Francia entendía la nueva situación como una venganza. Inspirándose
en las condiciones de 1871, Francia pretendía que los vencidos, y en particular
Alemania pagaran todo el coste de la guerra. EEUU obligó a rebajar estas
aspiraciones. Las situaciones de 1871 y de 1919 no eran comparables: Francia
había pagado el equivalente aproximado a una cuarta parte de su renta nacional
en 1871. A Alemania se le pedía un 125%, aunque en plazos mucho más largos. La
duración de la guerra y el aumento de la capacidad de destrucción provocaban
estas diferencias. Mientras se discutía el importe de las reparaciones,
Alemania fue obligada a realizar importantes pagos en especie, principalmente
carbón, aunque también fueron intervenidos gran parte de las reservas de oro
del Reciban, material de guerra, parte de la marina de guerra y mercante y una
parte importante del material ferroviario: 5.000 locomotoras y 150.000
vagonetas. En cuanto a las reparaciones, a pesar del drástico recorte de las
aspiraciones francesas, su importe era, solo para Alemania, de 31.455 millones
de dólares, aproximadamente unas 47.000 toneladas de oro. Francia y los otros
aliados tenían derecho a declarar todos los daños sufridos como consecuencia de
la guerra, pero las transferencias debían ir vinculadas a la capacidad de pago
de Alemania. Por eso se exigía el pago inmediato de 50.000 millones de dólares
(un 38% del total) mientras que el resto quedaba sin determina hasta que
Alemania se pudiera hacer cargo.
El
pago se preveía a lo largo de 42 años, en parte en entregas hechas por el
gobierno y en parte con un impuesto del 26% sobre el valor de las exportaciones
alemanas, que cubriría el doble objetivo de recaudar el dinero y encarecer los
productos alemanes en el exterior.
Cuando
aun se estaba negociando la cantidad y las formas de pago de las reparaciones,
Keynes escribió un libro sobre las consecuencias económicas de la paz (1919) en
el que se consideraba que las reparaciones que se proponían eran económicamente
irracionales y políticamente imprudentes, y advertía del peligro y de la
imposibilidad de que Alemania pudiera hacer frente a ellas. De hecho, Alemania
inmediatamente después de la guerra fue privada de sus colonias. A causa de los
cambios de frontera había perdido un 10% de su territorio y de su población,
unos territorios que contenían una tercera parte de sus reservas de carbón y ¾
partes de las de hierro. Keynes ponía de relieve además el endeudamiento del
Estado, el sufrimiento del pueblo alemán durante la guerra, el empobrecimiento
de la posguerra, el malestar social y el peligro de una revuelta bolchevique.
Consideraba, por lo tanto, que la cifra máxima que se le podía exigir a
Alemania era de 2.000 millones de libras esterlinas (14.650 toneladas de oro).
Era solo una tercera parte de lo que se le acabaría pidiendo, aunque Keynes dudaba
incluso de que pudiera pagar la cantidad que él proponía.
La
capacidad alemana para pagar las reparaciones dependía de que consiguiera la
balanza comercial favorable, aunque como ya advertía Keynes, resultaba
inaceptable. Incluso la oferta alemana de enviar trabajadores para ayudar a la
reconstrucción del norte de Francia y Bélgica resultaba inaceptable tanto políticamente,
por el odio contra los alemanes, como económicamente, ya que estos países
tenían que dar trabajo a sus miles de soldados desmovilizados. El pago a través
de exportaciones habría requerido un
descenso brutal de los precios de producción en Alemania y con los intereses
comerciales de los países vencedores.
El
problema de las reparaciones de guerra provocó discrepancias y resentimientos
entre Alemania, por un lado, y Francia y Bélgica por el otro. De hecho,
Alemania difirió tanto como pudo el pago de las reparaciones, hasta tal punto
que los aliados ocuparon dos veces parte
del territorio para forzar al gobierno alemán a cumplir con los compromisos
impuestos. La más importante fue la ocupación del año 1923, por parte de
Francia y Bélgica, del distrito minero de Ruar, con la idea de cobrar en
especie. Sin embargo, la resistencia pasiva de la población frustró el intento
y la mediación de Gran Bretaña y de EEUU, forzó la retirada y el compromiso de
pagar con unas condiciones más ventajosas, el
denominado Plan Dawes (1924), vinculado por otro lado, al fin de la
hiperinflación alemana.
El
Plan Dawes, aprobado en abril de 1924, tenía varios aspectos relacionados:
a) Una
fuerte disminución de la cantidad que se debía pagar inmediatamente, con un
incremento progresivo hasta 2500 millones en el quinto año, con la idea de que
el crecimiento de la economía alemana permitiría hacer frente al aumento de las
nuevas reparaciones.
b) La
creación de una agricultura para controlar las finanzas alemanas y asegurar el
cobro de las reparaciones
c) La
concesión de un empresita internacional (el empréstito Dawes) que tenía que
permitir el retorno de la moneda alemana al patrón oro.
Tras la crisis de 1929,
se volvieron a suavizar las condiciones de pago y al año siguiente el
presidente de EEUU declaró una moratoria sobre las indemnizaciones de guerra,
que de hecho dejaron de ser reclamadas. Alemania logró evitar el pago de las
reparaciones mediante una serie de maniobras económicas y políticas que le
permitieron aplazar gran parte de los pagos hasta que se abandonó la exigencia
de las reparaciones. El problema principal era que la inestabilidad económica
alemana tenía un importante impacto en su comercio y en el comercio de toda
Europa central y oriental, y por lo tanto, intensificaba el peligro de
insurrecciones o revoluciones bolcheviques en estos países. Aunque haya debate
sobre las cantidades realmente pagadas por Alemania, parece que como mucho pagó
una cuarta parte de la cantidad reclamada, aproximadamente un 80% de la cifra
propuesta por Keynes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario