miércoles, 5 de marzo de 2014

Tema 5. La Primera Guerra Mundial y los problemas de reconstrucción

Tema 5 La Primera Guerra Mundial y los problemas de reconstrucción


1 Los orígenes del enfrentamiento armado

Las causas de la guerra fueron tanto políticas como económicas. La etapa posterior a la guerra francoprusiana de 1870-1871 es la denominada paz armada. Supuso un importante crecimiento de los ejércitos, sobre todo de su potencia, gracias a la aplicación de las innovaciones tecnológicas en el campo del armamento, a las nuevas técnicas de obtención de acero y de aluminio, y al aprovechamiento de las mejoras en los transportes y en las comunicaciones.
Los puntos principales del conflicto fueron la ocupación de los últimos espacios coloniales y la formación de imperios económicos en las colonias. Los primeros choques se produjeron entre Francia e Italia (Túnez 1881) y entre Francia y Gran Bretaña (1898) aunque los que más influyeron en las alianzas que conducirían a la guerra fueron los enfrentamientos entre Italia y Turquía por Libia (1912) y entre Alemania, Francia y España por Marruecos (conferencia de Algeciras de 1906) y posteriormente entre Francia y España también por Marruecos (división en zonas de influencia, 1912), como también la oposición francesa y británica a la expansión económica de Alemania por el Próximo Oriente (Turquía, Siria e Irak).
Desde el punto de vista económico, el aumento de producción y especialmente de la productividad que hacía posible la adopción de la Segunda Revolución Tecnológica provocó una lucha por los mercados mundiales. El enfrentamiento principal se produjo por el asalto de los productos alemanes a la anterior supremacía británica. Mientras Francia y Gran Bretaña se quejaban. Alemania creía que su brillante desarrollo económico se veía entorpecido por la supremacía colonial británica, que entorpecía la introducción de sus productos a la zona que controlaba  y que podía imponer dificultades para obtener materias primas coloniales. Esta serie de rivalidades cruzadas dio lugar a la creación de dos bandos que entraron en conflicto: los imperios centrales (el alemán y el austrohúngaro) contaron con la ayuda de Turquía y Bulgaria. Por otro lado, la Triple Entente entre Gran Bretaña, Francia y Rusia se vio reforzada en el último momento por Italia (aliada tradicional de Alemania, pero enfrentada al Imperio austrohúngaro por el Tirol y por el Asiático) y contó posteriormente con la ayuda militar y económica de EEUU y de Rumanía (enfrentada a Bulgaria y a Turquía), Portugal y Grecia (semiindependientes de Gran Bretaña) y Japón, que codiciaba las posesiones alemanas en el pacífico.
El convencimiento de que la guerra era insoslayable hizo que todos los países incrementaran significativamente los gastos en defensa. A pesar de que el conflicto se evitó en tres ocasiones en la que parecía inminente, no pudo evitarse tras el asesinato del príncipe heredero de Austria-Hungría en Sarajevo por parte de un terrorista nacionalista serbio (28 de Junio de 1914). El magnicidio provocó la declaración de guerra de Austria a Serbia. Tras ello, el resto de países fueron entrando en el conflicto.

1.1  Características de la guerra
La Primera Guerra Mundial fue una guerra diferente a las anteriores. En primer lugar, hay que tener en cuenta que fue la primera guerra industrial. Ello significa que el armamento usado era parte nuevo (guerra química, tanques, aviación, submarinos), mucho más potente y destructivo (artillería de largo alcance) y afectaba mucho más a la población civil.
Los problemas económicos inherentes a la guerra eran dos: la financiación y el abastecimiento. El primero tendría fuerte consecuencias, aunque no se pusieron de manifiesto hasta después del conflicto: el gasto: el gasto militar británico paso del 4% del PNB en 1913 al 38% en 1916-1917. En Alemania, el gasto militar era del 53% del PNB en 1917. El abastecimiento fue la principal preocupación durante la guerra: el abastecimiento propio del armamento y de alimentos y, a la vez obstaculización del abastecimiento del enemigo. En este aspecto tuvo una gran importancia el bloque de los puertos alemanes y la represalia alemana en forma de guerra submarina. La preocupación por el abastecimiento obligó a una creciente intervención del gobierno en la economía para incrementar la producción de armamento y de medios de transporte (construcción o adaptación de fabricas y astilleros), y también para planificar la producción y controlar el comercio y los precios hasta llegar al racionamiento. Se crearon nuevas empresas por parte de los gobiernos. En cambio, la oportunidad de la demanda militar posibilitó importantes mejoras tanto en los productos (automóviles, submarinos, aviones etc.) como en la productividad. Por ejemplo, la militarización de los obreros permitió introducir la cadena de montaje, rechazada anteriormente por los trabajadores europeos. La retención en la guerra de parte de la población masculina comportó el inicio del trabajo femenino masivo en labores reservadas tradicionalmente al hombre como son la mecánica o la conducción de vehículos.
La guerra acabó hundiendo a los imperios, debilitados por la hambruna: la Rusia zarista fue liquidada por la revolución de 1917 y un año más tarde varias insurrecciones nacionalistas (en Republica Checa, Serbia y Polonia) y obreras (En Alemania y Austria) provocaron la huída de los emperadores, seguida de una demanda de paz.
Alemania como en Austria se mantendría un fuerte partido militarista, convencido de la superioridad de sus ejércitos y dolido con los políticos, que no habían sabido gestionar el abastecimiento y, con los protagonistas de las revueltas, que habían forzado la rendición. Esta situación tendría importante consecuencias para la evolución de Alemania durante la posguerra y sería, junto con el malestar causado por las reparaciones de guerra, una de las bases del nazismo.


2        Las consecuencias del conflicto

Todos los contendientes habían entrado en guerra con la idea de que el enfrentamiento sería corto y los daños, por lo tanto, restringidos. Sin embargo, la realidad fue diferente. La guerra duró cuatro años y supuso la movilización de 65 millones de combatientes. Sólo la disminución de la producción y de la renta que este fenómeno representaba, más la producción destinada a la destrucción (el armamento) y la interrupción de muchos flujos comerciales, ya presenta un coste incalculable. Sin embargo, los daños directos fueron muy superiores: más de 8 millones de fallecidos y 7 millones de incapacitados. Además la edad de los fallecidos era del sector de la población más productivo. A los fallecidos hay que añadir los no nacidos a consecuencia del conflicto. Hay que tener en cuenta también que las pérdidas fueron muy desiguales: las zonas más devastadas fueron Bélgica y el norte de Francia, el noreste de Italia, Serbia y Polonia. En cambio, los países neutrales resultaron pocos o muy beneficiados.
La guerra comportó un descenso de la importancia de la economía europea dentro de la economía mundial. Así, la participación europea de la producción mundial era del 43% en 1913 y solo del 34% en 1923, mientras que la participación en el comercio mundial descendió durante los mismos años del 59 al 50%.
Ello se debe, en parte, a las pérdidas que Europa experimento como consecuencia de la guerra, aunque también el crecimiento de los otros continentes (EEUU y Canadá).
Otro problema de la Europa de la posguerra era la mala asignación industrial, con una capacidad de producción con fuertes excedentes en las industrias relacionadas con la guerra y una falta de productos para la reconstrucción y el consumo.
El comercio también se retrajo, tanto por la disminución de la oferta como debido a que en muchos países la guerra había estimulado industrias sustitutivas de importaciones y además, los países más avanzados como EEUU o Japón había ocupado una parte importante de los mercados europeos anteriores, sobre todo en América y Asia.
Finalmente, el conflicto dejó un gran malestar social. La guerra fue hecha sobre todo por los campesinos y obreros, que al ser desmovilizados se encontraban sin trabajo, mientras podían observar los beneficios obtenidos por los empresarios relacionados con la producción de la guerra y veían como las promesas de mejoras desvanecían. El contacto en las trincheras de gente de diferentes procedencias y oficios, coaccionados por la legislación militar y alentados por las promesas de futuro, provocó tras la guerra una mayor movilización y participación, estimuladas además por la Revolución Rusa. El resultado fue la demanda de gobiernos más democráticos y de sociedades menos desiguales. El principal problema al que se tuvo que enfrentar Europa en el momento de la reconstrucción era la falta de capital.

2.1  La financiación de la guerra
La guerra se financió mediante el aumento de impuestos, el endeudamiento del gobierno y la expoliación de los territorios ocupados. La más importante por sus consecuencias posteriores fue el endeudamiento, que se concretaba principalmente en: la emisión de deuda pública interior (bonos de guerra), los préstamos exteriores y los avances del banco a través de la emisión de billetes.
El aumento de la circulación fiduciaria fue, en general, la principal forma de financiación de la guerra. El valor nominal de los billetes en circulación se multiplicó por en 5 en Francia y por 10 en Gran Bretaña y en Alemania. Todos los estados, incluso los neutrales, suspendieron la convertibilidad de billetes en circulación, ya que no la podían asegurar. De este modo, la moneda dejaba de ser real para convertirse en fiduciaria. Además, el aumento de billetes en circulación y la restricción de la oferta de mercancías, provocaba inflación que se desbocó una vez finalizada la guerra. De hecho, la idea generalizada de que la guerra sería corta y que el enemigo vencido pagaría los costes hizo que hubiera  poca previsión financiera ante la guerra. Francia y Rusia financiaron principalmente la guerra con sus reservas de oro y con los préstamos internacionales. Lo mismo hizo Gran Bretaña, que sin embargo fue el país que más recurrió al aumento de impuestos. Alemania recurrió al aumento de impuestos y al empresita interior, aunque obtuvo bienes y dinero de los territorios ocupados y de la indemnización pagada por la URSS.
Como consecuencia de la inflación, la unidad monetaria se había depreciado, no valía tanto como antes. La incertidumbre sobre el valor que finalmente tendrían las diferentes monedas, la continuación de emisión monetaria para sufragar la recuperación y las dudas sobre la evolución posterior de las diferentes economías provocaron tras la guerra una gran fluctuación de las cotizaciones de las monedas al igual que amplios movimientos especulativos que representaban un obstáculo más para la recuperación y para el comercio internacional.
Además, los problemas monetarios se complicaron tras el fin de la cooperación financiera entre los aliados y la demanda norteamericana de una rápida devolución de los créditos, pero sobre todo con la exigencia de reparaciones de guerra. Los gobiernos pagan sus importaciones con las reservas de oro, muchos países no disponían de reservas suficientes  de modo que gran parte de las importaciones, sobre todo las de armamento, se hicieron a crédito. Sin embargo, tras finalizar la guerra EEUU suspendió el crédito a sus aliados y reclamó el pago de la deuda contraída, sin tener en cuenta la situación en la que se encontraban los países europeos y los gastos de reconstrucción y de reconversión a los que tenían que hacer frente. Los países acreedores eran EEUU por un total de 11.900millones de dólares y Gran Bretaña por 6.400millones de dólares. Tras muchas discusiones, lo que realmente aconteció fue que EEUU solo logró cobrar a medida que Alemania iba efectuando sus pagos. Del total de la deuda interaliada, EEUU solo recuperó 5.650millones.

2.2  El tratado de Versalles
El conjunto de tratados de paz tienen dos aspectos principales: la imposición de sanciones económicas a los vencidos, considerados iniciadores y culpables por lo tanto de la guerra, y los cambios fronterizos, que afectaron sobre todo a Europa oriental. Las sanciones económicas a los vencidos tenían como precedente la imposición de pagos en metálico que hizo Alemania sobre Francia tras la guerra francoprusiana. Francia entendía la nueva situación como una venganza. Inspirándose en las condiciones de 1871, Francia pretendía que los vencidos, y en particular Alemania pagaran todo el coste de la guerra. EEUU obligó a rebajar estas aspiraciones. Las situaciones de 1871 y de 1919 no eran comparables: Francia había pagado el equivalente aproximado a una cuarta parte de su renta nacional en 1871. A Alemania se le pedía un 125%, aunque en plazos mucho más largos. La duración de la guerra y el aumento de la capacidad de destrucción provocaban estas diferencias. Mientras se discutía el importe de las reparaciones, Alemania fue obligada a realizar importantes pagos en especie, principalmente carbón, aunque también fueron intervenidos gran parte de las reservas de oro del Reciban, material de guerra, parte de la marina de guerra y mercante y una parte importante del material ferroviario: 5.000 locomotoras y 150.000 vagonetas. En cuanto a las reparaciones, a pesar del drástico recorte de las aspiraciones francesas, su importe era, solo para Alemania, de 31.455 millones de dólares, aproximadamente unas 47.000 toneladas de oro. Francia y los otros aliados tenían derecho a declarar todos los daños sufridos como consecuencia de la guerra, pero las transferencias debían ir vinculadas a la capacidad de pago de Alemania. Por eso se exigía el pago inmediato de 50.000 millones de dólares (un 38% del total) mientras que el resto quedaba sin determina hasta que Alemania se pudiera hacer cargo.
El pago se preveía a lo largo de 42 años, en parte en entregas hechas por el gobierno y en parte con un impuesto del 26% sobre el valor de las exportaciones alemanas, que cubriría el doble objetivo de recaudar el dinero y encarecer los productos alemanes en el exterior.
Cuando aun se estaba negociando la cantidad y las formas de pago de las reparaciones, Keynes escribió un libro sobre las consecuencias económicas de la paz (1919) en el que se consideraba que las reparaciones que se proponían eran económicamente irracionales y políticamente imprudentes, y advertía del peligro y de la imposibilidad de que Alemania pudiera hacer frente a ellas. De hecho, Alemania inmediatamente después de la guerra fue privada de sus colonias. A causa de los cambios de frontera había perdido un 10% de su territorio y de su población, unos territorios que contenían una tercera parte de sus reservas de carbón y ¾ partes de las de hierro. Keynes ponía de relieve además el endeudamiento del Estado, el sufrimiento del pueblo alemán durante la guerra, el empobrecimiento de la posguerra, el malestar social y el peligro de una revuelta bolchevique. Consideraba, por lo tanto, que la cifra máxima que se le podía exigir a Alemania era de 2.000 millones de libras esterlinas (14.650 toneladas de oro). Era solo una tercera parte de lo que se le acabaría pidiendo, aunque Keynes dudaba incluso de que pudiera pagar la cantidad que él proponía.
La capacidad alemana para pagar las reparaciones dependía de que consiguiera la balanza comercial favorable, aunque como ya advertía Keynes, resultaba inaceptable. Incluso la oferta alemana de enviar trabajadores para ayudar a la reconstrucción del norte de Francia y Bélgica resultaba inaceptable tanto políticamente, por el odio contra los alemanes, como económicamente, ya que estos países tenían que dar trabajo a sus miles de soldados desmovilizados. El pago a través de  exportaciones habría requerido un descenso brutal de los precios de producción en Alemania y con los intereses comerciales de los países vencedores.
El problema de las reparaciones de guerra provocó discrepancias y resentimientos entre Alemania, por un lado, y Francia y Bélgica por el otro. De hecho, Alemania difirió tanto como pudo el pago de las reparaciones, hasta tal punto que los aliados ocuparon dos veces  parte del territorio para forzar al gobierno alemán a cumplir con los compromisos impuestos. La más importante fue la ocupación del año 1923, por parte de Francia y Bélgica, del distrito minero de Ruar, con la idea de cobrar en especie. Sin embargo, la resistencia pasiva de la población frustró el intento y la mediación de Gran Bretaña y de EEUU, forzó la retirada y el compromiso de pagar con unas condiciones más ventajosas, el  denominado Plan Dawes (1924), vinculado por otro lado, al fin de la hiperinflación alemana.
El Plan Dawes, aprobado en abril de 1924, tenía varios aspectos relacionados:
a)      Una fuerte disminución de la cantidad que se debía pagar inmediatamente, con un incremento progresivo hasta 2500 millones en el quinto año, con la idea de que el crecimiento de la economía alemana permitiría hacer frente al aumento de las nuevas reparaciones.
b)      La creación de una agricultura para controlar las finanzas alemanas y asegurar el cobro de las reparaciones
c)      La concesión de un empresita internacional (el empréstito Dawes) que tenía que permitir el retorno de la moneda alemana al patrón oro.

Tras la crisis de 1929, se volvieron a suavizar las condiciones de pago y al año siguiente el presidente de EEUU declaró una moratoria sobre las indemnizaciones de guerra, que de hecho dejaron de ser reclamadas. Alemania logró evitar el pago de las reparaciones mediante una serie de maniobras económicas y políticas que le permitieron aplazar gran parte de los pagos hasta que se abandonó la exigencia de las reparaciones. El problema principal era que la inestabilidad económica alemana tenía un importante impacto en su comercio y en el comercio de toda Europa central y oriental, y por lo tanto, intensificaba el peligro de insurrecciones o revoluciones bolcheviques en estos países. Aunque haya debate sobre las cantidades realmente pagadas por Alemania, parece que como mucho pagó una cuarta parte de la cantidad reclamada, aproximadamente un 80% de la cifra propuesta por Keynes.



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