Tema 6 Recuperación y
el crecimiento desequilibrado
1
Los
problemas monetarios
1.1 El regreso al patrón oro.
Cuestiones generales.
El
sistema monetario anterior a la guerra tenía dos bases: el compromiso de los
grandes gobiernos de convertir sus monedas en cantidades fijas de oro y la
libertad de los individuos de importar o exportar oro según su conveniencia. La
guerra cambió de golpe esta situación. Todos los países, excepto EEUU y los neutrales,
vieron disminuir sus reservas de oro mientras aumentaba la cantidad de dinero
en circulación. Por otro lado el aumento de la cantidad de billetes en
circulación provocó un aumento generalizado de los precios y la consiguiente
pérdida del poder adquisitivo de la moneda. Tras la guerra, la idea
predominante entre los gobernantes era la necesidad de volver lo más rápido
posible al patrón oro, considerado motor de la economía internacional y, por lo
tanto, de la recuperación económica, de modo que los países dirigieron grandes
esfuerzos a la reorganización del sistema monetario, aunque exigiera implantar
políticas deflacionistas, difíciles de acoplar a las necesidades de
reconstrucción y con la demanda
reprimida durante la guerra, y aun más difíciles de llevar a cabo en un
contexto son una solidaridad internacional.
Se
gastó más energía en la especulación monetaria que en crear las condiciones para la
normalización del comercio, que sufrió mucho a causa de la inestabilidad
monetaria de esos años. En los países vencidos la pérdida de valor de la moneda
(aumento de los precios) alcanzó situaciones denominadas de hiperinflación, que
de hecho comportaron la desaparición de la moneda anterior en Austria, Hungría,
Alemania, Polonia y Rusia.
El
desorden monetario tuvo varias causas: el desconocimiento de la situación real
de cada moneda, la repentina retirada de crédito por parte de EEUU a sus
aliados y las reparaciones exigidas a los vencidos.
El
retorno al patrón oro se planteó en la conferencia de Génova de 1922, convocada
por Gran Bretaña y Francia. La conferencia reconoció que el oro disponible era
insuficiente para asegurar el funcionamiento del patrón oro en las condiciones
anteriores a la guerra y, por lo tanto, la circulación de oro sufrió una doble
restricción: los billetes solo eran convertibles en grandes cantidades y además
las reservas de los países secundarios podían estar formadas por oro o por
divisas convertibles en oro.
Las
posibles vías para volver al patrón oro eran dos: recuperar la paridad oro
anterior a la guerra o fijar una nueva paridad ajustada a la realidad monetaria
de cada país. El retorno del patrón oro comenzó, de hecho, por algunos países
neutrales (Suecia, Holanda) y por otros que habían visto como se volatilizaba
su sistema monetario a consecuencias de la posguerra, como Austria y Alemania.
1.2 La hiperinflación alemana
La
hiperinflación alemana fue la más elevada y la que tuvo más consecuencias para
la economía mundial. Al finalizar la guerra hubo una perdida brutal y constante
del valor de la moneda. En definitiva, el marco papel no tenía valor, la
economía alemana se había convertido en una economía sin sistema monetario que
realmente funcionara.
¿Cómo
se pudo llegar a tal situación?
ð Según
la escuela de la balanza de pagos
La hiperinflación se originó en el
descenso de la cotización del marco en el mercado exterior de cambios a causa
de la abundancia de la oferta de marcos en el mercado como consecuencia del
pago de las reparaciones y del déficit de la balanza comercial. Ello habría
desencadenado: la depreciación de la moneda encarecía las importaciones e
incrementaba los precios interiores, de modo que el gobierno se veía obligado a
recurrir al crédito del Reichbank en forma de emisión de billetes, con el
consiguiente crecimiento de la masa monetaria, mayor depreciación del marco
etc.
ð Según
la escuela del déficit presupuestario
La causa de la hiperinflación
radicó en la falta de voluntad y de consenso para equilibrar el presupuesto,
tanto incrementando los impuestos como disminuyendo los gastos. El déficit era
cubierto mediante préstamos del banco central al gobierno en forma de emisión
de billetes, que provocaban inflación en el interior y un descenso de la tasa
de cambio de marco en el exterior.
La
falta de voluntad de los gobiernos para reducir el déficit presupuestario
estaba vinculada al problema de las reparaciones. También hay que citar que se
produjeron intentos tanto de revueltas obreras revolucionarias como golpes de
estado militares.
Cuando la inflación se disparó, hacia mediados de
1922, la baja capacidad de compras interior hizo aumentar los stocks de las
empresas y provocó el descenso de la producción; de modo que la inflación acabó
por deprimir la actividad económica.
Al contrario, ante el retraso de Alemania en el pago
de las reparaciones y la poca disposición del gobierno a resolverlo, Francia y
Bélgica decidieron cobrar en especie y hacia enero de 1923 ocuparon la cuenca
del Ruhr, el principal yacimiento carbonífero alemán, con la idea de apoderarse
de la producción. Sin embargo, esta pretensión tuvo que enfrentarse a la
resistencia pasiva de las empresas alemanas, que contaban con el apoyo del
gobierno. La producción cesó, mientras que el gobierno se hacía cargo de los
salarios de los trabajadores y de los beneficios de las empresas. Naturalmente,
el gobierno solo podía entregar tales sumas mediante el recurso a la máquina de
imprimir billetes, llevando así la inflación al paroxismo. En estas
condiciones, la situación se hizo insostenible para todos: Francia y Bélgica,
en vez de beneficios, se enfrentaba a los gastos de una ocupación inútil y el
gobierno alemán no podía sostener la situación. De hecho, a mediados de octubre
dejó de financiar a la resistencia.
La condición necesaria y suficiente para la estabilización
era la adopción de medidas creíbles y convincentes para equilibrar el
presupuesto. Por lo tanto, a pesar de que oferta monetaria continuó creciendo,
dejó de tener un efecto inflacionista porque se generó el convencimiento de que
la oferta monetaria no continuaría creciendo.
Las medidas para equilibrar el presupuesto fueron
más drásticas y efectivas que en ocasiones anteriores: el fin de la
financiación de la resistencia en el Ruhr, el despido del 25% de los
trabajadores que dependían del estado y la reducción de un 30% del salario al
resto permitieron presentar en enero de 1924 unas cuentas con superávit,
situación que se mantendría durante los meses posteriores.
El argumento de que la inflación se detuvo por la
reducción del déficit es en parte circular: gran parte de la reducción de
déficit fue debida al fin de la inflación. El compromiso de mantener la tasa de
cambio del marco se expresa mediante una moneda nueva, la denominada retenmark
(marco renta), con un valor de un billón de marcos papel, es decir, de un
antiguo marco oro. Desde este punto de vista, significaba volver a la paridad
anterior a la guerra, pero partiendo de cero.
Evidentemente, lo que detuvo la inflación no fue el
cambio de concepción monetaria sino la limitación de emisión de rentenmarks,
que no superó la cantidad anunciada, lo cual permitió la recuperación de la
confianza de la moneda. En la solución de la crisis también fue importante la
intervención de las otras potencias, en especial EEUU, ya que fue definitiva.
El gobierno norteamericano acepto vincular el problema de la deuda interaliada
a las reparaciones, suavizando las exigencias. Es lo que se denomina el Plan
Dawes (1924).
De esta manera, Alemania fue uno de los primeros
países que volvió al patrón oro, aunque a costa de la liquidación de todo el
ahorro anterior.
1.3 La opción británica: ortodoxia y
deflación
La
necesidad de volver al patrón oro. Sobre la necesidad del retorno no hubo
debate. El Banco de Inglaterra y gran parte de los medios financieros
reclamaban el retorno a la paridad anterior cuanto antes mejor, Keynes defendía
en 1925 que la paridad oro anterior a la guerra representaba una
sobrevaloración de la libra en un 10%, lo que comportaría graves problemas para
el comercio y para las clases trabajadoras británicas.
Pero
volver a la paridad oro tradicional requería reducir la circulación monetaria
hasta recuperar la relación entre oro y moneda circulante existente antes de la
guerra; se hizo a través de dos mecanismos:
-El
superávit presupuestario: incremento de impuestos y disminución de prestaciones
sociales
-La
restricción del crédito: provoca deflación (descenso de precios y salarios),
aumento del tipo de interés real, y por lo tanto, descenso de la inversión,
paro y dificultades para la recuperación. Se genero un malestar social, que se
tradujo en huelga general de 1926, el país estuvo al borde de una guerra civil.
La
preferencia dada a la política monetaria había dificultado la recuperación de
la economía, sometida por otro lado a importantes desajustes estructurales. Con
la ocupación de mercados de EEUU y Japón habían logrado desarrollar y con el
aumento generalizado de las barreras arancelarias. A pesar de que en 1925 tanto
el PIB como la producción superaban los de 1913, las exportaciones eran una
cuarta parte inferiores y el paro superaba el 9%. A pesar del retorno a la
paridad de preguerra, Londres no recuperó la primacía financiera, que se había
trasladado a Nueva York.
1.4 Las dificultades francesas:
inflación y devaluación
La
finalidad era volver al patrón oro.
Francia
no pudo evitar la inflación, es decir, volviendo al patrón oro con una paridad
que reflejaba la nueva relación entre la moneda en circulación y las reservas
de oro disponibles. El franco volvió al patrón oro en 1926 con una paridad de
una quinta parte del valor anterior a la guerra. En este sentido, se puede
afirmar que los ahorradores fueron pagaron la guerra a Francia con la pérdida
de 4/5 partes del oro que había acumulado a través de sus depósitos bancarios.
El
estado estaba fuertemente endeudado con el Banco de Francia al igual que con el
exterior. Al mismo tiempo, el norte de Francia, arrasado por la guerra
necesitaba reconstruirse. La opinión pública reclamaba una rápida
reconstrucción, que se esperaba que pagase Alemania a través de las
reparaciones. Sin embargo, éstas no llegaban y EEUU presionaba para cobrar los
préstamos concedidos durante la guerra. La salida menos traumática era
continuar emitiendo billetes, generando por tanto inflación.
¿Qué
fue lo que provocó este fuerte descenso del franco entre 1919 y1926?
Para
empezar, la euforia de le boche payera (el alemán pagará) que llevo rápidamente
a la reconstrucción y a conceder generosas indemnizaciones a las víctimas de la
guerra.
En
segundo lugar, el estado hizo frente a sus compromisos contrayendo nuevas
deudas para pagar las anteriores.
Finalmente,
el franco fue objeto de una doble especulación: especulación exterior, por la
pérdida de confianza de los inversores internacionales en una moneda que iba
depreciando; especulación interior (fuga de capitales). En 1926 se rozó el
pánico por la caída del valor del franco lo que permitió adoptar una serie de
medidas favorables a los que tenían capital, que provocó la repatriación de los
capitales fugados, la estabilización del franco y el retorno al patrón oro,
aunque fue a la baja paridad de un 20% del valor anterior a la guerra.
Pronto
se pensó que la paridad del oro del franco se había fijado demasiado baja y,
por lo tanto, el franco estaba infravalorado y que posiblemente en el futuro la
paridad del franco se fijaría más alta. Esta esperanza y especulación que
provocó que hicieran que Francia se convirtiera en los años posteriores en el
segundo poseedor de oro tras EEUU. Si el franco estaba devaluado y otras
monedas, especialmente la libra, sobrevaloradas, se podían obtener beneficios
acumulando francos. El mecanismo más habitual era comprar oro con libras (que
en el presente valían más de lo que se esperaba que valieran en el futuro) y
cambiar este oro por francos (que valían menos de lo que se esperaba que
valieran en el futuro).
Puesto
que el franco no fue revaluado, los especuladores no obtuvieron los beneficios
esperados. La especulación solo fue beneficiosa para la economía francesa.
2 El crecimiento económico de los años veinte
Durante
la guerra, el crecimiento se concentro en los países alejados físicamente del
conflicto (como EEUU o Japón), que se pudieron beneficiar tanto de la demanda
de los beligerantes como de los mercados que dejaron desabastecidos.
Para
la mayoría de los países, el crecimiento registrado entre 1913 y 1929 fue
interior al que se produjo entre 1870 y
1913. Sin embargo, este hecho puede resultar engañoso. Si en vez de fijarnos en
el producto por habitante nos fijamos en la productividad, los resultados son
diferentes. La reducción generalizada de las horas trabajadas que se produjo en
estos años. A partir de 1919, la mayoría de los países occidentales adoptaron
la jornada de 8 horas. Una parte de la mejora de la productividad, en vez de
quedar reflejada en un aumento de la producción, fue destinada a mejorar las
condiciones de vida de los trabajadores.
Por
otro lado, el hecho de que el aumento de la productividad fuera más intenso
significa que el efecto de las innovaciones técnicas fue más eficaz en estos
años que en la primera fase de la Segunda Revolución Tecnológica. En este
sentido, es especialmente significativo que también fuera mayor el crecimiento
de la productividad en EEUU, el país líder en el ámbito tecnológico.
Los
problemas más importantes procedían de un desajuste cada vez más intenso entre
la oferta y la demanda de los productos primarios que provocaba una caída de
los precios relativos de estos productos primarios, que provocaba una caída de
los precios relativos de estos productos respecto a los manufacturados, y de un
desequilibrio en la distribución de la renta a favor de los más ricos en la mayoría
de países. El primero de estos dos problemas quedó temporalmente oculto gracias
a EEUU, país exportador de productos primarios. En cambio, la distribución cada
vez más desequilibrada de la renta acabaría afectando gravemente a la evolución
de la demanda dentro de los propios países avanzados.
2
Factores
de crecimiento
2.1 El cambio técnico
La
difusión de la Segunda Revolución Tecnológica fue un factor decisivo para el
crecimiento económico de entreguerras. Los descubrimientos procedían de mucho
antes, aunque hasta después de la Primera Guerra Mundial no desempeñaron un
papel relevante en la economía de muchos países gracias a la conjunción de
procesos de innovación, modernización y mecanización que se generalizaron
ampliamente. La reconstrucción se pudo hacer aprovechando la tecnología más
moderna y el resultado fue una disminución de los costes de producción y de
transporte.
Sin
embargo, estos factores favorables al crecimiento se vieron frenados por la
existencia de muchas instalaciones obsoletas, no se podía prescindir de ellas
si no se quería que el desempleo aumentara.
Existieron otros obstáculos como la escasa capacidad de compra y de la
falta de capitales.
Los
dos sectores más importantes para el crecimiento de los años veinte fueron la
electricidad y los vehículos de motor. Los motores eléctricos baratos
estimularon la mecanización de la producción, incluso en los pequeños talleres.
Los motores de explosión interna, aplicados a automóviles, camiones y aviones
facilitaron y abarataron el transporte y las comunicaciones y, junto con los
tractores, revolucionaron la agricultura. Este conjunto de cambios hizo
posible, al mismo tiempo, el aumento de beneficios y una fuerte reducción de costes
y precios y, por lo tanto, puso los productos industriales a disposición de
mucha más gente. Junto a estas innovaciones básicas fue también importante la
difusión de bienes de consumo duradero como por ejemplo la bicicleta o la máquina
de coser, pero sobre todo los relacionados con la electricidad: el teléfono y
el cinematógrafo, la plancha eléctrica, la tostadora eléctrica, el ventilador,
la radio, el gramófono, la lavadora, el frigorífico etc. Otro campo que creció
rápidamente fue la industria química, especialmente en los sectores de los
colorantes artificiales, los productos sintéticos (fibras caucho etc.), los
abonos, los pesticidas agrarios y los productos farmacéuticos.
2.2 Mejoras y
dificultades en la agricultura
El
incremento de la demanda y las dificultades para el transporte existente
durante la guerra provocaron un fuerte incremento de la producción agrícola.
Los elevados precios que se pagaban por los productos agrarios estimuló la
inversión, que se tradujo en ampliación de la superficie cultivada y,
especialmente, en la introducción de técnicas más intensivas en capital: mayor
uso de productos químicos, mayor atención a la selección de semillas y sobre
todo más maquinaria (arados especializados, segadoras, trilladoras).
Al
mismo tiempo creció la producción. Como consecuencia, los costes unitarios de
producción bajaron. Los precios de los productos agrícolas pronto comenzaron a
descender como consecuencia del aumento de producción, de las mejoras de la
productividad y del descenso de la demanda. Coincidiendo prácticamente con el
retorno al patrón oro, el stock de productos agrícola se duplicó entre 1924 y
1929. Los principales productos en crisis fueron los cereales, especialmente el
trigo, y el azúcar.
El
crecimiento de la producción no fue demasiado elevado, aunque no fue acompañado
de un aumento paralelo de la demanda: el aumento del consumo no alcanzó el 11%.
El pan comenzaba a dejar de ser la base principal de la alimentación en los
países más avanzados.
Tras
la guerra hubo un enorme crecimiento de la superficie dedicada al azúcar de
caña en los países tropicales, especialmente en Cuba y en la isla de Java. A
pesar del aumento del consumo del azúcar, la recuperación de la producción
europea se tradujo en un exceso de oferta y en una vertiginosa caída de los
precios, que se intentó evitar mediante la elevación de las barreras
arancelarias europeas.
De
todas formas, el país más perjudicado por la caída de los precios agrarios fue
Australia, doblemente afectada por el descenso de los precios del trigo y de la
lana.
La
causa fue el efecto combinado del aumento de la producción, que se cifra en un
16% durante los años veinte, de la competencia de las fibras artificiales y del
mejor aprovechamiento de las materias primas por parte de la industria textil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario