ASPECTOS COMERCIALES
La
primera revolución comercial (revolución comercial medieval)
La recuperación del comercio y de la vida urbana
-
La interacción campo-ciudad
La ciudad vive del campo circundante como mínimo en
dos aspectos: el demográfico y el económico. En el aspecto demográfico, el
aumento de la población de la ciudad procede del campo. Además, dado que las
ciudades tienen casi siempre tasas de mortalidad mucho más altas (son devoradas
por los hombres), este flujo de población es constante: la ciudad funciona como
rebosadero de los excedentes de la población rural. En aspecto económico, la
ciudad se alimenta de los productos que le proporciona el campo, trabaja las
materias primas que le ofrece el campo y paga unos y otros con la venta de
productos urbanos al mundo rural (a los señores o a los campesinos). Por lo
tanto, el tamaño de una ciudad tiene un límite en los excedentes de alimentos y
de materias primas que puede obtener del campo próximo.
En estas condiciones, la ciudad crece más porque más
gente se puede ganar la vida en ella y se convierte así en un dinamizador
económico: estimula la producción agraria por el hecho de crear una demanda,
permite un comienzo de especialización en el campo y ofrece productos que los
campesinos no pueden producir ellos mismos o solo pueden hacerlo a un coste muy
elevado.
El punto de encuentro entre la ciudad y el campo
circundante es el mercado, espacio de intercambio regulado y legalmente
protegido al que campesinos y ciudadanos llevan sus respectivos productos. El
mercado se celebraba semanalmente; posteriormente pasó a diaria en las ciudades
más grandes y finalmente se dividió en mercados especializados (plaza del trigo,
del aceite etc.)
-
La revolución comercial y el comercio a
larga distancia
La actividad comercial a larga distancia se reducía
a unos pocos comerciantes ambulantes vendedores de productos de lujo. Estos
eran los únicos productos que podían ser rentables a pesar de los altos costes
de transporte.
Así cada cierto tiempo llegaba a un castillo,
monasterio o ciudad un mercader o una pequeña caravana de mercaderes que
ofrecían tejidos, armas, pieles, joyas u otros objetos de lujo. Era un comercio
que resultaba inexistente para la mayor parte de la población, tanto porque
esta vivía fuera de las rutas de los mercaderes como porque no disponía de
dinero para pagar los productos que se vendían. Este raquitismo comercial
mejoraba ligeramente con el comercio acuático. El transporte acuático permitía
comercializar mercancías menos valiosas, aunque no menos necesarias (sal, vino,
cereales). Sin embargo, las vías acuáticas solo permiten relacionar espacios
geográficos restringidos, si bien es cierto que a veces muy lejanos. Este
comercio era importante sobre todo en las costas del Báltico.
El comercio era muy atrasado comparado con los
contemporáneos del mundo musulmán, bizantino o chino. De hecho, los principales
centros comerciales iniciales como Amalfi, Pisa, Génova, Venecia y Barcelona
debían su importancia a los contactos con el mundo bizantino y musulmán.
ð Los
factores de la revolución comercial
Siguiendo la revolución agraria del siglo X, se
puede hablar de una verdadera revolución comercial y urbana en los siglos XI y XII.
Una revolución marcada por diferentes factores (políticos, económicos y
organizativos) que se afianzan y refuerzan mutuamente...
èFactores
políticos
En el siglo XI el occidente europeo sale de una
larga etapa de debilidad respecto al mundo musulmán y logra una superioridad
militar y naval que mantuvo en el Mediterráneo hasta el siglo XV y que supuso
la base de su posterior dominio mundial hasta el siglo XX. Esta superioridad se
debe, por un lado, a la implantación del sistema mundial: gracias al
crecimiento agrario, los señores feudales obtuvieron rentas suficientes para
mantener más soldadas y mejorar su armamento, lo que les permitió buscar el
enriquecimiento a través de la sujeción de más tierras y hombres (crecimiento
expansivo). La potencia militar, más bien terrestre, de los feudales, se
combinó con la potencia marítima de las ciudades portuarias para ganar
territorios musulmanes, dominar el mar y obtener privilegios comerciales. La
superioridad militar posibilitó el predominio de la navegación cristiana por el
Mediterráneo y la formación en el Próximo Oriente de estados feudales.
èTransformaciones
de la producción
Se estimuló la especialización de algunas ciudades
en algunos productos. En este crecimiento, algunas ciudades se especializaron
en productos concretos, que lograron introducir en el comercio a larga
distancia. La región precursora en esta producción para el comercio
internacional fue Flandes, donde se comenzaron a producir tejidos de lana
(paños) de tal calidad que hallaba una demanda importante en el resto de Europa
occidental y, hecho aun más importante, en Próximo Oriente. Otros artículos
también presentes en el comercio a la larga distancia fueron los tejidos (lana,
lino y seda) y metales labrados (armas, corazas). Los centros comerciales
principales, aparte de Flandes, fueron las grandes ciudades italianas (Génova,
Florencia, Venecia, Milán…)
èLa
mejora de los transportes
La revolución comercial exigía asimismo una mejora
en los transportes. Hasta el siglo XIX el transporte fue el gran obstáculo para
el comercio, ya que era una actividad limitada, lenta, peligrosa y, por lo
tanto, cara. Ya desde el siglo XII existía una preocupación significativa por
la construcción y mejora de caminos (algunos carreteros), puentes y muelles de
descarga, la regularización de los ríos y la creación de hostales y
monasterios-refugio al pie de puertos de montaña. Asimismo, se luchó contra los
obstáculos creados por el hombre (piratería, bandidaje, peajes). Sin embargo,
la mejora más importante se produjo, en el transporte marítimo, con la
construcción de barcos más grandes y/o más seguros, rápidos y manejables con
menos marineros, cambios en la disposición de las velas y especialmente con la
introducción (tardía) del timón de popa y de la brújula. Las mejoras de todo
tipo en las condiciones o en los medios de transporte continuaron durante toda
la etapa preindustrial.
èAvances
en la organización
El crecimiento de la actividad artesana también
supuso la aparición de formas de asociación específicas. La principal es el
gremio, corporación de maestros de un mismo oficio o actividad, asociados con
fines laborales, asistenciales y de representación pública. Aunque solamente
los maestros de oficio formaban parte del gremio, este albergaba también
indirectamente las otras dos categorías profesionales típicas de la época: el
aprendizaje y el oficial. El aprendizaje se solía hacer no solo trabajando con
el maestro sino conviviendo también con él y formando parte de su familia. La
duración del aprendizaje dependía de la complejidad del oficio: rara vez era
menor de cinco años y se podía alargar hasta los doce. Cuando el aprendiz había
adquirido los conocimientos y destrezas requeridas, pasaba a oficial, que
trabajaba a sueldo para un maestro.
Los gremios de oficio fueron importantes hasta el
siglo XVII y, a pesar de sufrir una clara decadencia en el siglo XVIII, en
algunos países como Alemania llegaron hasta mediados del siglo XIX.
La revolución comercial medieval fue también posible
gracias a la introducción paulatina de mejoras en la organización del comercio
y en técnicas e instrumentos mercantiles. Desde el punto de vista cronológico, se
debe hablar en primer lugar de las ferias. Las ferias son reuniones de
comerciantes, reguladas y privilegiadas, que tienen lugar en un espacio y en un
momento determinados, en principio aprovechando una fiesta que reúne a mucha
gente. Su origen se debe buscar en los mercados, de los que conservan algunas características: una feria
es un mercado grande, aunque las ferias son menos numerosas, más espaciosas, se
pueden vender productos de adquisición menos habituales ya participa en ellas
más gente procedente de más lejos. El intercambio es doble: de los comerciantes
entre ellos mismo y de comerciantes con los lugareños. Las ferias representan
la primera superación de la incertidumbre comercial que comportaba el comercio
dominado por la oferta. La reunión de gente y de productos en la feria tiene
como ventaja principal la concentración de la oferta y la demanda, es decir, el
incremento de la variedad y la posibilidad de vender y comprar en el mismo
sitio y momento. A partir de las ferias surgió el factor más determinante de la
revolución comercial: el eje Flandes-Italia-Próximo Oriente, centrado en las
ferias de Champaña. Las ferias de Champaña se convirtieron en el punto de
encuentro de los comerciantes flamencos e italianos, que intercambiaban allí
los paños de lana por productos orientales (especias, tejidos de seda o de
algodón, joyas, perfumes). Durante los siglos XII y XIII las ferias fueron el
centro de actividad comercial del mundo occidental. A partir de mediados del
siglo XIII las ferias de Champaña empezaron a perder importancia como centro
comercial. La existencia de un producto competitivo para el comercio con
Oriente posibilitó una mejora en la moneda. Hasta el siglo XIII las grandes
monedas del comercio a larga distancia eran árabes o bizantinos. La situación
cambió en el siglo XIII: a comienzos de siglo, Venecia acuñó el grosso de
plata. El aliñamiento de grandes monedas de planta fue imitado por la mayor
parte de países. Sin embargo, el hecho más importante fue que a mediados de
siglo Génova, Florencia y posteriormente Venecia, comenzaron a acuñar monedas
de oro (florín o ducado) y que desbancaron a las anteriores monedas orientales.
La revolución comercia fue también posible gracias a la aparición del crédito y
la banca.
èEl
apogeo del comercio medieval
El conjunto de los cambios que representó la
revolución comercial hizo que los mercaderes europeos dominaran el comercio mediterráneo
y aseguraran los contactos con el Lejano Oriente mediante la llamada ruta de la
seda que, a través de las estepas asiáticas, ponían en contacto a los
comerciantes europeos con China. A partir de mediados del siglo XIV el comercio
medieval sufrió una gran crisis, de la que se recuperó sobre nuevas bases. A
pesar de coincidir en el tiempo con la crisis demográfica provocada por la
Peste Negra, la crisis comercial no tiene nada que ver con la epidemia sino que
fue debida a las luchas en el interior de Asia, que acabaron por destruir la
ruta de la seda, y al avance de los turcos, que arruinó el Próximo Oriente. Con
el objetivo de salir de la crisis, las grandes potencias (Génova y Venecia) se
especializaron. Venecia continuó con el comercio tradicional. Génova, en
cambio, se concentró en la importación de materias primas. Asimismo, Génova fue
la gran impulsora del comercio de esclavos.
Italia y Flandes continuaron siendo los grandes
centros comerciales, si bien es cierto que el eje comercial Flandes-Italia-Próximo
Oriente perdió importancia. Sin embargo, Italia producía gran parte de los
paños y otros tejidos que se exportaban hacia Próximo Oriente mientras que las
ciudades de Flandes se mantenían como grandes centros productores de tejidos a
los que se le sumaba la confección de tapices.
Política
comercial en el SXIX
Evolución
del comercio y políticas comerciales
Las relaciones comerciales experimentaron un fuerte
crecimiento a lo largo del siglo XIX, aunque los ritmos de este crecimiento y
de la riqueza que generaba fueron muy diferentes según productos, zonas y
momentos.
El comercio beneficia a algunos más que a otros. La
asimetría es más importante entre los
países de competencia de productos extranjeros que podían arruinar la
producción propia. Por esta misma razón, las políticas gubernamentales oscilan
entre el aprovechamiento de liberar los beneficios de la libertad del comercio
(librecambismo) y los intentos de preservar la producción propia encareciendo
la entrada de productos extranjeros (proteccionismo)
-
Crecimiento
comercial y el avance del librecambismo
Primera fase (1815-1847)
La expansión comercial fue moderada y las políticas
económicas fueron proteccionistas e incluso prohibicionistas, siguiendo la
tradición mercantilista de los siglos anteriores. El crecimiento se debió a la
recuperación del retroceso que había supuesto la larga etapa de guerras casi
sin interrupción desde 1775 (guerra de la independencia de EEUU) hasta 1814
(derrota de Napoleón en Waterloo). También fue debido al crecimiento de la
población, a la primera difusión de los productos y la maquinaria de la
Revolución industrial, ya al inicio de las mejoras en el transporte.
Segunda fase (1847-1868)
Muestra las tasas de crecimiento superior al 5%
anual. Este impulso del comercio se debió a la demanda de materias primas
industriales y a la oferta de productos manufacturados, a la contracción de
líneas ferroviarias, con su doble incidencia sobre la demanda de productos y el
abaratamiento del transporte, a la división internacional del trabajo,
especialmente a escala europea, y al aumento de las disponibilidades de moneda
como consecuencia de los descubrimientos de oro en California y Australia.
Este impulso comercial se vio reforzado por la
adopción del librecambismo en Gran Bretaña y a su difusión hacia otros países,
a partir de la teoría del crecimiento complementario a la industrialización.
En la difusión al librecambismo desempeñó un papel
muy importante la denominada cláusula de nación más favorecida. Mediante esta
cláusula, un país concedía a otro una rebaja automática de los aranceles
pactados si un tercer país obtenía una tarifa más baja.
-
La
depresión del último cuarto de siglo y el inicio del nacionalismo económico
Tercera fase (1868-1896)
Las tasas de crecimiento del comercio fueron mucho
más bajas que en la etapa anterior. La desaceleración del comercio fue
importante sobre todo en Europa, por varias razones coincidentes:
a) La
madurez de las industrias nacionales, que permitían ahorrar compras en el
extranjero (fenómenos muy claros en países como EEUU o Japón)
b) El
fin del primer gran boom de construcción de líneas ferroviarias.
c) Las
dificultades de muchos países monoexportadores primarios, cuyos productos
tenían unas tasas de intercambio cada vez más desfavorables
d) La
depresión económica (1873-1895) que comportó la caída del poder adquisitivo de
una parte importante de la población.
e) La
substitución de políticas de crecimiento alternativo por políticas de
industrialización protegida, primer paso hacia un retorno general al
proteccionismo
Entre los años 1873 y 1895, las economías
capitalistas se vieron afectadas por una etapa de crecimiento desacelerado a
causa de una crisis de sobreproducción, tanto industrial como agrícola, que se
tradujo en una crisis financiera. Un exceso de oferta respecto a la demanda
solvente que provocó un descenso de precios y una caída de beneficios que
expulsaron del mercado a las empresas menos competitivas. Se inicio así un círculo
vicioso: aumento del desempleo, caída de salarios, disminución de la demanda,
quiebra de más empresas etc. Aunque la primera que se manifestó fue, como suele
suceder, la crisis financiera, las raíces del estancamiento deben buscarse en
la industria y en la agricultura.
En la industria, el proceso tecnológico había
provocado un fuerte incremento de la productividad y de la producción: la
oferta conjunta de acero de Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica se había
triplicado entre 1865 y 1873, justo en el momento en el que su principal
cliente, las empresas constructoras de líneas ferroviarias, limitaban los
pedido y no se animaban a hacer nuevas inversiones. En Gran Bretaña los precios
de la producción de raíles bajaron un 60% y en Alemania un 37%. Esta crisis de
la industria pesada se transmitió al resto de la economía a través de un
descenso del consumo.
La causa principal de la crisis agrícola fue la
llegada del grano de ultramar, que llegaba a Europa a precios inferiores a los
costes de producción europeos, a causa de la mayor productividad de la
agricultura estadounidenses y el fuerte abaratamiento de los transportes.
Muchas empresas agrícolas familiares europeas no podían subsistir ante la
competencia de los cereales y posteriormente de otros productos primarios
obtenidos a partir de tierra abundante y ahorro de mano de obra gracias a la
maquinaria agrícola. El rendimiento superior por superficie de la agricultura
europea no resultaba una ventaja suficiente respecto a la mayor productividad
por trabajador (EEUU). El conjunto del mundo agrícola europeo acabó muy
empobrecido.
La crisis financiera se inició con la caída de la
bolsa de Viena 1873 que se contagió a las demás bolsas, provocando la quiebra
de gran cantidad de bancos y de compañías ferroviarias. Esto fue debido a un
exceso de capital que acababa participando en la construcción de líneas
ferroviarias. Es lo que se ha denominado el mito del ferrocarril: la falsa idea
de que el ferrocarril provoca el crecimiento económico, cuando solo puede
impulsar el crecimiento existente. Por lo tanto, había mucho capital invertido
en líneas deficitarias, construidas a menudo con subvenciones estatales pagadas
con emisiones de deuda pública a partir de la idea de que el crecimiento
económico y el aumento de las exportaciones que la disponibilidad del
ferrocarril induciría permitirían pagar la deuda. La caída de los valores
ferroviarios y de los títulos de deuda pública, cuyos intereses a menudo no se
pagaban, provocó el descenso de las cotizaciones en la bolsa e hizo tambalear
el sistema financiero mundial.
Las consecuencias de la depresión fueron varias y
muy importantes. Se consideraba como un gran punto de inflexión histórico: el
paso de una fase de optimismo e integración internacional, representada por el
librecambismo y la división internacional de trabajo, a una fase de egoísmo
nacional, de industrialización concurrente, de protección de la producción y el
trabajo de cada país y de captura de mercado, que se prolongaría hasta después
de la Segunda Guerra Mundial. Para salir de la crisis se probaron dos vías:
defensa de la producción nacional, tanto industrial como agrícola, a través del
proteccionismo y el progreso técnico. Desde el punto de vista arancelario no
era, en general, tan elevado, aunque era un proteccionismo global, que afectaba
al mismo tiempo la producción industrial y la agraria y era también mucho más
selectivo. Sin embargo, el rasgo más característico del retorno al proteccionismo
fue su transformación en nacionalismo económico, es decir, en la reserva del
mercado interior a través del proteccionismo, la captura por la fuerza de
mercados exteriores (se puede prácticamente decir que el país que no es
colonialista es porque no puede), mejora de las comunicaciones, la sanidad y la
educación como ayuda indirecta del estado a la economía y finalmente, defensa
de los beneficios capitalistas con la tolerancia de carteles y monopolios.
Cuarta fase (a partir de 1896)
Se observa una recuperación de las tasas de
crecimiento y un nuevo incremento del comercio internacional, que se tiene que
atribuir a la superación de la depresión, principalmente en dos aspectos. El
primero es la recuperación del poder adquisitivo interior gracias a la restauración
y al aumento de los intercambios provocado por la difusión de los nuevos
productos, debemos contemplar la aportación del buen funcionamiento del sistema
de pagos internacional, la mejora en las comunicaciones, sobre todo marítimas,
la ventaja que para las transacciones comerciales significó el telégrafo y la
expansión comercial que comenzaba a aportar productos comerciales, al mismo
tiempo que demandaba maquinaria y manufacturas para equipar los nuevos
asentamientos. Desde el punto de vista
de la política comercial, la visión que hemos dado es válida para
Europa. EEUU estuvo a contracorriente de los europeos.
La
reestructuración del comercio internacional después de la Primera Guerra Mundial
(Siglo XX)
La finalidad última de los esfuerzos para retornar
al patrón oro era facilitar el comercio mundial recupera el ritmo de expansión
anterior al aguerra, aunque esta aspiración resultó imposible. La reanudación
comercial fue lenta. Hasta 1924 no se recuperó el nivel anterior a la guerra.
Posteriormente se superó, pero el crecimiento de los intercambios
internacionales quedó muy por detrás del crecimiento de la renta durante estos
años. Así, el porcentaje que representaban las exportaciones sobre el producto
total en la mayoría de los países más importantes aun era en 1929 inferior al
de 1913.
Pasando de las cifras globales a aspectos más
concretos, los principales cambios experimentados por el comercio durante la década
de los años veinte fueron:
1) La
reducción en la participación de una parte de Europa en el comercio
internacional
2) La
tendencia de los países a la autosuficiencia, iniciada durante la guerra con la
creación de industrias sustitutivas de importaciones, y mantenida tras el
conflicto por razones básicamente sociales.
3) Los
intentos de industrialización en los nuevos países del este de Europa.
4) El
aumento de las políticas proteccionistas por las dificultades de muchos estados
para equilibrar sus balanzas de pagos.
Distribución y crecimiento de las exportaciones
entre los 35 principales países exportadores
|
|
Comercio mundial
|
Crecimiento
|
|
|
|
1913
|
1929
|
1913-1929
|
|
|
(%)
|
(%)
|
(%)
|
|
Francia
|
6,2
|
7,9
|
47
|
|
Alemania
|
20,9
|
16,6
|
-8,2
|
|
Italia
|
2,5
|
2,7
|
22,7
|
|
Reino
Unido
|
21,5
|
15,1
|
-8,7
|
|
Otros
(Europa)
|
16,3
|
17,5
|
24,7
|
|
|
|
|
|
|
Australia
|
1,9
|
1,7
|
7,2
|
|
Canadá
|
2,2
|
3,7
|
93,2
|
|
EEUU
|
10,5
|
14,4
|
58,2
|
|
|
|
|
|
|
Rusia-URSS
|
3,6
|
1,6
|
-48,7
|
|
Argentina
|
1,1
|
1,5
|
57,7
|
|
Brasil
|
1
|
1,2
|
37,3
|
|
México
|
1,3
|
1,8
|
57,2
|
|
Otros
(América Latina)
|
1,5
|
2,8
|
114,3
|
|
China
|
2,3
|
3
|
49,2
|
|
La
India
|
5,2
|
3,9
|
-13,4
|
|
Japón
|
0,9
|
2,1
|
157,9
|
|
Otros
(Asia)
|
1
|
2,6
|
187,7
|
|
|
|
|
|
|
Total
(35 países)
|
100
|
100
|
15,6
|
La ralentización del comercio internacional fue
debida a problemas coyunturales causados por la guerra, al igual que a cambios
estructurales más profundos. Entre ellos destaca una mayor difusión de la industrialización,
que hizo que muchos países dejaran de depender de las importaciones europeas.
La guerra hizo mucho para consolidar algunas de estas industrias nacionales,
aunque era un proceso que se había iniciado antes y que ahora adquiría mayor
impulso. Un aspecto importante es la posición de cada país respecto a los
productos de más demanda.
Aquellos países con una ventaja comparativa en los
sectores más dinámicos obtenían más cuotas de exportaciones, Así, EEUU aumentó
mucho las ventas de maquinaria, de vehículos y de productos químicos. En el
otro extremo, las exportaciones francesas de tejidos de seda cayeron
fuertemente como consecuencia de la difusión de las fibras artificiales, al
igual que pasó con las exportaciones inglesas de tejidos de algodón, que
disminuyeron porque muchos antiguos compradores crearon industrias textiles
durante la guerra y también por la competencia de los tejidos japoneses, que
eran más baratos.
La industrialización o el aumento de la
industrialización de muchos países podían suponer un aumento del comercio de
productos primarios, aunque no siempre es así. La creación de fábricas de
tejidos de algodón o de lana, pero no en la India por ejemplo, donde el aumento
de la fabricación de tejidos de algodón se hizo con materia prima del país. Las
innovaciones técnicas podían comportar también en algunos casos una disminución
del comercio. Así, por ejemplo, la introducción del caucho natural por parte de
EEUU.
-
Nueva distribución territorial
La primera dificultad
para volver a los patrones comerciales anteriores a la guerra dieron los
cambios experimentados durante el conflicto, cuando los países menos afectados,
especialmente EEUU y Japón, ocuparon los
mercados que los productores europeos no estaban en condiciones de abastecer.
EEUU expandió su comercio principalmente por Suramérica mientras que Japón
sustituyó a Gran Bretaña como principal proveedor en los mercados del este asiático.
Dentro de Europa, los países más perjudicados fueron el Reino Unido y Alemania.
El Reino Unido como consecuencia de la política deflacionista y Alemania por
los problemas ocasionados por la hiperinflación.
Las restricciones
comerciales impulsaron un fenómeno que no era del todo nuevo, pero que en estos
años adquirió fuerza: la deslocalización de la producción. Ante las
dificultades que las barreras arancelarias ponían a la explotación, algunas
grandes empresas, especialmente del sector automovilístico, encabezadas por
Ford y General Motors, iniciaron una doble política consistente en abrir fábricas
y adquirir empresas de otros países, que les proporcionaban marcas más
conocidas para los compradores locales. Esta última estrategia fue la que
General Motors adoptó en Europa, donde compró la británica Vauxhall en 1925 y
la alemana Opel en 1927
-
Las restricciones al comercio
Toda la época de
entreguerras está marcada por políticas comerciales cada vez más restrictivas.
El proteccionismo, dominante ya antes de la guerra, se incrementó
posteriormente por varias razones:
1) El
aumento de la competencia internacional, consecuencia del progreso técnico y
del abaratamiento de los transportes.
2) Las
dificultades de muchos países para equilibrar sus balanzas de pagos.
3) El
nacionalismo económico, que defendían la industrialización de cada país como
forma de crecimiento económico y de impulso al empleo.
4) El
ejemplo de los países a la cabeza: EEUU, con una balanza de pagos muy
favorable, incrementó sus aranceles en 1921 con el objetivo de evitar las
importaciones baratas impulsadas por la pérdida de valor de las monedas
europeas.
-
La evolución de los precios relativos de
los productos primarios y los problemas de los países exportadores agrarios.
Tras la Primera Guerra Mundial, la producción
primaria continuaba siendo muy importante. Los productos primarios representaban
casi el 60% del comercio mundial, correspondiendo un 40% a los productos agrícolas
y un 20% por las materias primas de minerales. El comercio mundial de productos
primarios superaba también en valor al de productos industriales, tanto en 1913
como en 1929. Entre ambas fechas, las exportaciones de productos primarios
crecieron en volumen más que los productos industriales, aunque no en valor,
como se puede observar en el siguiente cuadro.
El principal problema para los países exportadores
de productos primarios fue que la caída de los precios coincidió con un gran
esfuerzo inversor, especialmente en el ámbito agrario. De hecho, las mejoras
logradas en la productividad contribuyeron decisivamente al exceso de oferta
que se hizo presente una vez superados los efectos inmediatos de la guerra. Los
campesinos habían hecho las inversiones contando con una estabilidad del nivel
de los precios relativos. El descenso de los ingresos esperados les reportaba
serias dificultades para hacer frente a la devolución de los créditos con los
que habían financiado la mecanización de sus exportaciones. Otro factor que
jugaba en el mismo sentido era el aumento de los precios de sus inputs,
especialmente de los abonos.
Como hemos visto anteriormente, el incremento de la
oferta por parte de los países exportadores de productos primarios se encontró
con restricciones significativas en la demanda por parte de los países
industrializados. La reducción de la demanda se debía al fin del impacto de la
guerra y al hecho de que, una vez alcanzada la paz, los países europeos se
esforzaron en recuperar la producción agrícola con el deseo de reducir al mínimo
posible la dependencia de las importaciones. El conflicto había puesto de
manifiesto los riesgos de depender del exterior en productos imprescindibles.
Muchos países que tradicionalmente habían sido importadores tomaron medidas
para aumentar o, como mínimo, no reducir más su producción primaria. Incluso
Gran Bretaña cambió su librecambismo tradicional por la protección a la
remolacha azucarera (1925) e Italia se marcó como objetivo en 1926 alcanzar rápidamente
la autosuficiencia en cereales.
Comparación del comercio internacional de productos
industriales y de productos primarios
|
|
1913
|
1929
|
|
%
valor productos primarios sobre valor total del comercio
|
64
|
62
|
|
Evolución
en volumen del comercio
-
De productos industriales
-
De productos primarios
|
100
100
|
129
138
|
|
Evolución
en valor del comercio
-
De productos industriales
-
De productos primarios
|
100
100
|
180
164
|
|
Incremento
del precio
-
De los productos industriales
-
De los productos primarios
|
100
100
|
140
119
|
|
Capacidad
de compra de los productores primarios
|
100
|
107
|
|
Términos
de intercambio de los productos primarios
|
100
|
85
|
|
|
|
|
Los países exportadores primarios reaccionaron a la
doble disminución de la demanda y de los precios ofreciendo subsidios a las
exportaciones (que permitían vencer al exterior a un precio inferior al precio
obtenido por los exploradores), acumulando stock (a partir de cierto precio, el
gobierno compra el producto para evitar una mayor caída de precio),
dificultando las importaciones (aumentando las barreras arancelarias) o, menos
habitual, disminuyendo la producción. Aunque estas políticas empezaron a aplicarse
en los años veinte, alcanzaron su punto álgido durante la Depresión.
De hecho, el crecimiento de los precios de los
productos primarios, a pesar de ser muy moderado e inferior al de los productos
manufacturados, aun habría sido inferior sin los efectos de las políticas de
apoyo a los precios, como el plan británico Stevenson para el caucho (1922), la
protección al precio del azúcar cubano o la formación del cartel internacional
del cobre en 1926. Estas mediadas lograron éxitos temporales, aunque a la larga
resultaron contraproducentes: los precios internacionales elevados
artificialmente estimularon a los productores que escapaban del dominio de los
países que intentaban controlar los precios, de modo que el resultado final fue
el aumento aun mayor de la oferta.
En las condiciones de la época, el exceso de oferta
no se puede calcular solo mediante los precios. Se debe tener en cuenta
asimismo el stock. Con un índice de 100 en 1925, los precios de un conjunto de
productos agrícolas eran de 75 en 1929 y el stock 175. En 1932, eran 25 y 260
respectivamente. Sin la restricción de la oferta, los precios habrían
descendido aún más.
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