miércoles, 5 de marzo de 2014

Aspectos Comerciales

ASPECTOS COMERCIALES


La primera revolución comercial (revolución comercial medieval)
La recuperación del comercio y de la vida urbana
-          La interacción campo-ciudad
La ciudad vive del campo circundante como mínimo en dos aspectos: el demográfico y el económico. En el aspecto demográfico, el aumento de la población de la ciudad procede del campo. Además, dado que las ciudades tienen casi siempre tasas de mortalidad mucho más altas (son devoradas por los hombres), este flujo de población es constante: la ciudad funciona como rebosadero de los excedentes de la población rural. En aspecto económico, la ciudad se alimenta de los productos que le proporciona el campo, trabaja las materias primas que le ofrece el campo y paga unos y otros con la venta de productos urbanos al mundo rural (a los señores o a los campesinos). Por lo tanto, el tamaño de una ciudad tiene un límite en los excedentes de alimentos y de materias primas que puede obtener del campo próximo.
En estas condiciones, la ciudad crece más porque más gente se puede ganar la vida en ella y se convierte así en un dinamizador económico: estimula la producción agraria por el hecho de crear una demanda, permite un comienzo de especialización en el campo y ofrece productos que los campesinos no pueden producir ellos mismos o solo pueden hacerlo a un coste muy elevado.
El punto de encuentro entre la ciudad y el campo circundante es el mercado, espacio de intercambio regulado y legalmente protegido al que campesinos y ciudadanos llevan sus respectivos productos. El mercado se celebraba semanalmente; posteriormente pasó a diaria en las ciudades más grandes y finalmente se dividió en mercados especializados (plaza del trigo, del aceite etc.)

-          La revolución comercial y el comercio a larga distancia
La actividad comercial a larga distancia se reducía a unos pocos comerciantes ambulantes vendedores de productos de lujo. Estos eran los únicos productos que podían ser rentables a pesar de los altos costes de transporte.
Así cada cierto tiempo llegaba a un castillo, monasterio o ciudad un mercader o una pequeña caravana de mercaderes que ofrecían tejidos, armas, pieles, joyas u otros objetos de lujo. Era un comercio que resultaba inexistente para la mayor parte de la población, tanto porque esta vivía fuera de las rutas de los mercaderes como porque no disponía de dinero para pagar los productos que se vendían. Este raquitismo comercial mejoraba ligeramente con el comercio acuático. El transporte acuático permitía comercializar mercancías menos valiosas, aunque no menos necesarias (sal, vino, cereales). Sin embargo, las vías acuáticas solo permiten relacionar espacios geográficos restringidos, si bien es cierto que a veces muy lejanos. Este comercio era importante sobre todo en las costas del Báltico.
El comercio era muy atrasado comparado con los contemporáneos del mundo musulmán, bizantino o chino. De hecho, los principales centros comerciales iniciales como Amalfi, Pisa, Génova, Venecia y Barcelona debían su importancia a los contactos con el mundo bizantino y musulmán.
ð  Los factores de la revolución comercial
Siguiendo la revolución agraria del siglo X, se puede hablar de una verdadera revolución comercial y urbana en los siglos XI y XII. Una revolución marcada por diferentes factores (políticos, económicos y organizativos) que se afianzan y refuerzan mutuamente...
èFactores políticos
En el siglo XI el occidente europeo sale de una larga etapa de debilidad respecto al mundo musulmán y logra una superioridad militar y naval que mantuvo en el Mediterráneo hasta el siglo XV y que supuso la base de su posterior dominio mundial hasta el siglo XX. Esta superioridad se debe, por un lado, a la implantación del sistema mundial: gracias al crecimiento agrario, los señores feudales obtuvieron rentas suficientes para mantener más soldadas y mejorar su armamento, lo que les permitió buscar el enriquecimiento a través de la sujeción de más tierras y hombres (crecimiento expansivo). La potencia militar, más bien terrestre, de los feudales, se combinó con la potencia marítima de las ciudades portuarias para ganar territorios musulmanes, dominar el mar y obtener privilegios comerciales. La superioridad militar posibilitó el predominio de la navegación cristiana por el Mediterráneo y la formación en el Próximo Oriente de estados feudales.
èTransformaciones de la producción
Se estimuló la especialización de algunas ciudades en algunos productos. En este crecimiento, algunas ciudades se especializaron en productos concretos, que lograron introducir en el comercio a larga distancia. La región precursora en esta producción para el comercio internacional fue Flandes, donde se comenzaron a producir tejidos de lana (paños) de tal calidad que hallaba una demanda importante en el resto de Europa occidental y, hecho aun más importante, en Próximo Oriente. Otros artículos también presentes en el comercio a la larga distancia fueron los tejidos (lana, lino y seda) y metales labrados (armas, corazas). Los centros comerciales principales, aparte de Flandes, fueron las grandes ciudades italianas (Génova, Florencia, Venecia, Milán…)
èLa mejora de los transportes
La revolución comercial exigía asimismo una mejora en los transportes. Hasta el siglo XIX el transporte fue el gran obstáculo para el comercio, ya que era una actividad limitada, lenta, peligrosa y, por lo tanto, cara. Ya desde el siglo XII existía una preocupación significativa por la construcción y mejora de caminos (algunos carreteros), puentes y muelles de descarga, la regularización de los ríos y la creación de hostales y monasterios-refugio al pie de puertos de montaña. Asimismo, se luchó contra los obstáculos creados por el hombre (piratería, bandidaje, peajes). Sin embargo, la mejora más importante se produjo, en el transporte marítimo, con la construcción de barcos más grandes y/o más seguros, rápidos y manejables con menos marineros, cambios en la disposición de las velas y especialmente con la introducción (tardía) del timón de popa y de la brújula. Las mejoras de todo tipo en las condiciones o en los medios de transporte continuaron durante toda la etapa preindustrial.
èAvances en la organización
El crecimiento de la actividad artesana también supuso la aparición de formas de asociación específicas. La principal es el gremio, corporación de maestros de un mismo oficio o actividad, asociados con fines laborales, asistenciales y de representación pública. Aunque solamente los maestros de oficio formaban parte del gremio, este albergaba también indirectamente las otras dos categorías profesionales típicas de la época: el aprendizaje y el oficial. El aprendizaje se solía hacer no solo trabajando con el maestro sino conviviendo también con él y formando parte de su familia. La duración del aprendizaje dependía de la complejidad del oficio: rara vez era menor de cinco años y se podía alargar hasta los doce. Cuando el aprendiz había adquirido los conocimientos y destrezas requeridas, pasaba a oficial, que trabajaba a sueldo para un maestro.
Los gremios de oficio fueron importantes hasta el siglo XVII y, a pesar de sufrir una clara decadencia en el siglo XVIII, en algunos países como Alemania llegaron hasta mediados del siglo XIX.
La revolución comercial medieval fue también posible gracias a la introducción paulatina de mejoras en la organización del comercio y en técnicas e instrumentos mercantiles. Desde el punto de vista cronológico, se debe hablar en primer lugar de las ferias. Las ferias son reuniones de comerciantes, reguladas y privilegiadas, que tienen lugar en un espacio y en un momento determinados, en principio aprovechando una fiesta que reúne a mucha gente. Su origen se debe buscar en los mercados, de los que  conservan algunas características: una feria es un mercado grande, aunque las ferias son menos numerosas, más espaciosas, se pueden vender productos de adquisición menos habituales ya participa en ellas más gente procedente de más lejos. El intercambio es doble: de los comerciantes entre ellos mismo y de comerciantes con los lugareños. Las ferias representan la primera superación de la incertidumbre comercial que comportaba el comercio dominado por la oferta. La reunión de gente y de productos en la feria tiene como ventaja principal la concentración de la oferta y la demanda, es decir, el incremento de la variedad y la posibilidad de vender y comprar en el mismo sitio y momento. A partir de las ferias surgió el factor más determinante de la revolución comercial: el eje Flandes-Italia-Próximo Oriente, centrado en las ferias de Champaña. Las ferias de Champaña se convirtieron en el punto de encuentro de los comerciantes flamencos e italianos, que intercambiaban allí los paños de lana por productos orientales (especias, tejidos de seda o de algodón, joyas, perfumes). Durante los siglos XII y XIII las ferias fueron el centro de actividad comercial del mundo occidental. A partir de mediados del siglo XIII las ferias de Champaña empezaron a perder importancia como centro comercial. La existencia de un producto competitivo para el comercio con Oriente posibilitó una mejora en la moneda. Hasta el siglo XIII las grandes monedas del comercio a larga distancia eran árabes o bizantinos. La situación cambió en el siglo XIII: a comienzos de siglo, Venecia acuñó el grosso de plata. El aliñamiento de grandes monedas de planta fue imitado por la mayor parte de países. Sin embargo, el hecho más importante fue que a mediados de siglo Génova, Florencia y posteriormente Venecia, comenzaron a acuñar monedas de oro (florín o ducado) y que desbancaron a las anteriores monedas orientales. La revolución comercia fue también posible gracias a la aparición del crédito y la banca.

èEl apogeo del comercio medieval
El conjunto de los cambios que representó la revolución comercial hizo que los mercaderes europeos dominaran el comercio mediterráneo y aseguraran los contactos con el Lejano Oriente mediante la llamada ruta de la seda que, a través de las estepas asiáticas, ponían en contacto a los comerciantes europeos con China. A partir de mediados del siglo XIV el comercio medieval sufrió una gran crisis, de la que se recuperó sobre nuevas bases. A pesar de coincidir en el tiempo con la crisis demográfica provocada por la Peste Negra, la crisis comercial no tiene nada que ver con la epidemia sino que fue debida a las luchas en el interior de Asia, que acabaron por destruir la ruta de la seda, y al avance de los turcos, que arruinó el Próximo Oriente. Con el objetivo de salir de la crisis, las grandes potencias (Génova y Venecia) se especializaron. Venecia continuó con el comercio tradicional. Génova, en cambio, se concentró en la importación de materias primas. Asimismo, Génova fue la gran impulsora del comercio de esclavos.
Italia y Flandes continuaron siendo los grandes centros comerciales, si bien es cierto que el eje comercial Flandes-Italia-Próximo Oriente perdió importancia. Sin embargo, Italia producía gran parte de los paños y otros tejidos que se exportaban hacia Próximo Oriente mientras que las ciudades de Flandes se mantenían como grandes centros productores de tejidos a los que se le sumaba la confección de tapices.








Política comercial en el SXIX

Evolución del comercio y políticas comerciales
Las relaciones comerciales experimentaron un fuerte crecimiento a lo largo del siglo XIX, aunque los ritmos de este crecimiento y de la riqueza que generaba fueron muy diferentes según productos, zonas y momentos.
El comercio beneficia a algunos más que a otros. La asimetría  es más importante entre los países de competencia de productos extranjeros que podían arruinar la producción propia. Por esta misma razón, las políticas gubernamentales oscilan entre el aprovechamiento de liberar los beneficios de la libertad del comercio (librecambismo) y los intentos de preservar la producción propia encareciendo la entrada de productos extranjeros (proteccionismo)

-          Crecimiento comercial y el avance del librecambismo
Primera fase (1815-1847)
La expansión comercial fue moderada y las políticas económicas fueron proteccionistas e incluso prohibicionistas, siguiendo la tradición mercantilista de los siglos anteriores. El crecimiento se debió a la recuperación del retroceso que había supuesto la larga etapa de guerras casi sin interrupción desde 1775 (guerra de la independencia de EEUU) hasta 1814 (derrota de Napoleón en Waterloo). También fue debido al crecimiento de la población, a la primera difusión de los productos y la maquinaria de la Revolución industrial, ya al inicio de las mejoras en el transporte.
Segunda fase (1847-1868)
Muestra las tasas de crecimiento superior al 5% anual. Este impulso del comercio se debió a la demanda de materias primas industriales y a la oferta de productos manufacturados, a la contracción de líneas ferroviarias, con su doble incidencia sobre la demanda de productos y el abaratamiento del transporte, a la división internacional del trabajo, especialmente a escala europea, y al aumento de las disponibilidades de moneda como consecuencia de los descubrimientos de oro en California y Australia.
Este impulso comercial se vio reforzado por la adopción del librecambismo en Gran Bretaña y a su difusión hacia otros países, a partir de la teoría del crecimiento complementario a la industrialización.
En la difusión al librecambismo desempeñó un papel muy importante la denominada cláusula de nación más favorecida. Mediante esta cláusula, un país concedía a otro una rebaja automática de los aranceles pactados si un tercer país obtenía una tarifa más baja.

-          La depresión del último cuarto de siglo y el inicio del nacionalismo económico
Tercera fase (1868-1896)
Las tasas de crecimiento del comercio fueron mucho más bajas que en la etapa anterior. La desaceleración del comercio fue importante sobre todo en Europa, por varias razones coincidentes:
a)      La madurez de las industrias nacionales, que permitían ahorrar compras en el extranjero (fenómenos muy claros en países como EEUU o Japón)
b)      El fin del primer gran boom de construcción de líneas ferroviarias.
c)      Las dificultades de muchos países monoexportadores primarios, cuyos productos tenían unas tasas de intercambio cada vez más desfavorables
d)     La depresión económica (1873-1895) que comportó la caída del poder adquisitivo de una parte importante de la población.
e)      La substitución de políticas de crecimiento alternativo por políticas de industrialización protegida, primer paso hacia un retorno general al proteccionismo
Entre los años 1873 y 1895, las economías capitalistas se vieron afectadas por una etapa de crecimiento desacelerado a causa de una crisis de sobreproducción, tanto industrial como agrícola, que se tradujo en una crisis financiera. Un exceso de oferta respecto a la demanda solvente que provocó un descenso de precios y una caída de beneficios que expulsaron del mercado a las empresas menos competitivas. Se inicio así un círculo vicioso: aumento del desempleo, caída de salarios, disminución de la demanda, quiebra de más empresas etc. Aunque la primera que se manifestó fue, como suele suceder, la crisis financiera, las raíces del estancamiento deben buscarse en la industria y en la agricultura.
En la industria, el proceso tecnológico había provocado un fuerte incremento de la productividad y de la producción: la oferta conjunta de acero de Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica se había triplicado entre 1865 y 1873, justo en el momento en el que su principal cliente, las empresas constructoras de líneas ferroviarias, limitaban los pedido y no se animaban a hacer nuevas inversiones. En Gran Bretaña los precios de la producción de raíles bajaron un 60% y en Alemania un 37%. Esta crisis de la industria pesada se transmitió al resto de la economía a través de un descenso del consumo.
La causa principal de la crisis agrícola fue la llegada del grano de ultramar, que llegaba a Europa a precios inferiores a los costes de producción europeos, a causa de la mayor productividad de la agricultura estadounidenses y el fuerte abaratamiento de los transportes. Muchas empresas agrícolas familiares europeas no podían subsistir ante la competencia de los cereales y posteriormente de otros productos primarios obtenidos a partir de tierra abundante y ahorro de mano de obra gracias a la maquinaria agrícola. El rendimiento superior por superficie de la agricultura europea no resultaba una ventaja suficiente respecto a la mayor productividad por trabajador (EEUU). El conjunto del mundo agrícola europeo acabó muy empobrecido.
La crisis financiera se inició con la caída de la bolsa de Viena 1873 que se contagió a las demás bolsas, provocando la quiebra de gran cantidad de bancos y de compañías ferroviarias. Esto fue debido a un exceso de capital que acababa participando en la construcción de líneas ferroviarias. Es lo que se ha denominado el mito del ferrocarril: la falsa idea de que el ferrocarril provoca el crecimiento económico, cuando solo puede impulsar el crecimiento existente. Por lo tanto, había mucho capital invertido en líneas deficitarias, construidas a menudo con subvenciones estatales pagadas con emisiones de deuda pública a partir de la idea de que el crecimiento económico y el aumento de las exportaciones que la disponibilidad del ferrocarril induciría permitirían pagar la deuda. La caída de los valores ferroviarios y de los títulos de deuda pública, cuyos intereses a menudo no se pagaban, provocó el descenso de las cotizaciones en la bolsa e hizo tambalear el sistema financiero mundial.
Las consecuencias de la depresión fueron varias y muy importantes. Se consideraba como un gran punto de inflexión histórico: el paso de una fase de optimismo e integración internacional, representada por el librecambismo y la división internacional de trabajo, a una fase de egoísmo nacional, de industrialización concurrente, de protección de la producción y el trabajo de cada país y de captura de mercado, que se prolongaría hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Para salir de la crisis se probaron dos vías: defensa de la producción nacional, tanto industrial como agrícola, a través del proteccionismo y el progreso técnico. Desde el punto de vista arancelario no era, en general, tan elevado, aunque era un proteccionismo global, que afectaba al mismo tiempo la producción industrial y la agraria y era también mucho más selectivo. Sin embargo, el rasgo más característico del retorno al proteccionismo fue su transformación en nacionalismo económico, es decir, en la reserva del mercado interior a través del proteccionismo, la captura por la fuerza de mercados exteriores (se puede prácticamente decir que el país que no es colonialista es porque no puede), mejora de las comunicaciones, la sanidad y la educación como ayuda indirecta del estado a la economía y finalmente, defensa de los beneficios capitalistas con la tolerancia de carteles y monopolios.
Cuarta fase (a partir de 1896)
Se observa una recuperación de las tasas de crecimiento y un nuevo incremento del comercio internacional, que se tiene que atribuir a la superación de la depresión, principalmente en dos aspectos. El primero es la recuperación del poder adquisitivo interior gracias a la restauración y al aumento de los intercambios provocado por la difusión de los nuevos productos, debemos contemplar la aportación del buen funcionamiento del sistema de pagos internacional, la mejora en las comunicaciones, sobre todo marítimas, la ventaja que para las transacciones comerciales significó el telégrafo y la expansión comercial que comenzaba a aportar productos comerciales, al mismo tiempo que demandaba maquinaria y manufacturas para equipar los nuevos asentamientos. Desde el punto de vista  de la política comercial, la visión que hemos dado es válida para Europa. EEUU estuvo a contracorriente de los europeos.


La reestructuración del comercio internacional después de la Primera Guerra Mundial (Siglo XX)
La finalidad última de los esfuerzos para retornar al patrón oro era facilitar el comercio mundial recupera el ritmo de expansión anterior al aguerra, aunque esta aspiración resultó imposible. La reanudación comercial fue lenta. Hasta 1924 no se recuperó el nivel anterior a la guerra. Posteriormente se superó, pero el crecimiento de los intercambios internacionales quedó muy por detrás del crecimiento de la renta durante estos años. Así, el porcentaje que representaban las exportaciones sobre el producto total en la mayoría de los países más importantes aun era en 1929 inferior al de 1913.
Pasando de las cifras globales a aspectos más concretos, los principales cambios experimentados por el comercio durante la década de los años veinte fueron:
1)      La reducción en la participación de una parte de Europa en el comercio internacional
2)      La tendencia de los países a la autosuficiencia, iniciada durante la guerra con la creación de industrias sustitutivas de importaciones, y mantenida tras el conflicto por razones básicamente sociales.
3)      Los intentos de industrialización en los nuevos países del este de Europa.
4)      El aumento de las políticas proteccionistas por las dificultades de muchos estados para equilibrar sus balanzas de pagos.








Distribución y crecimiento de las exportaciones entre los 35 principales países exportadores

Comercio mundial
Crecimiento

1913
1929
1913-1929

(%)
(%)
(%)
Francia
6,2
7,9
47
Alemania
20,9
16,6
-8,2
Italia
2,5
2,7
22,7
Reino Unido
21,5
15,1
-8,7
Otros (Europa)
16,3
17,5
24,7




Australia
1,9
1,7
7,2
Canadá
2,2
3,7
93,2
EEUU
10,5
14,4
58,2




Rusia-URSS
3,6
1,6
-48,7
Argentina
1,1
1,5
57,7
Brasil
1
1,2
37,3
México
1,3
1,8
57,2
Otros (América Latina)
1,5
2,8
114,3
China
2,3
3
49,2
La India
5,2
3,9
-13,4
Japón
0,9
2,1
157,9
Otros (Asia)
1
2,6
187,7




Total (35 países)
100
100
15,6

La ralentización del comercio internacional fue debida a problemas coyunturales causados por la guerra, al igual que a cambios estructurales más profundos. Entre ellos destaca una mayor difusión de la industrialización, que hizo que muchos países dejaran de depender de las importaciones europeas. La guerra hizo mucho para consolidar algunas de estas industrias nacionales, aunque era un proceso que se había iniciado antes y que ahora adquiría mayor impulso. Un aspecto importante es la posición de cada país respecto a los productos de más demanda.
Aquellos países con una ventaja comparativa en los sectores más dinámicos obtenían más cuotas de exportaciones, Así, EEUU aumentó mucho las ventas de maquinaria, de vehículos y de productos químicos. En el otro extremo, las exportaciones francesas de tejidos de seda cayeron fuertemente como consecuencia de la difusión de las fibras artificiales, al igual que pasó con las exportaciones inglesas de tejidos de algodón, que disminuyeron porque muchos antiguos compradores crearon industrias textiles durante la guerra y también por la competencia de los tejidos japoneses, que eran más baratos.
La industrialización o el aumento de la industrialización de muchos países podían suponer un aumento del comercio de productos primarios, aunque no siempre es así. La creación de fábricas de tejidos de algodón o de lana, pero no en la India por ejemplo, donde el aumento de la fabricación de tejidos de algodón se hizo con materia prima del país. Las innovaciones técnicas podían comportar también en algunos casos una disminución del comercio. Así, por ejemplo, la introducción del caucho natural por parte de EEUU.
-          Nueva distribución territorial
La primera dificultad para volver a los patrones comerciales anteriores a la guerra dieron los cambios experimentados durante el conflicto, cuando los países menos afectados, especialmente EEUU y  Japón, ocuparon los mercados que los productores europeos no estaban en condiciones de abastecer. EEUU expandió su comercio principalmente por Suramérica mientras que Japón sustituyó a Gran Bretaña como principal proveedor en los mercados del este asiático. Dentro de Europa, los países más perjudicados fueron el Reino Unido y Alemania. El Reino Unido como consecuencia de la política deflacionista y Alemania por los problemas ocasionados por la hiperinflación.
Las restricciones comerciales impulsaron un fenómeno que no era del todo nuevo, pero que en estos años adquirió fuerza: la deslocalización de la producción. Ante las dificultades que las barreras arancelarias ponían a la explotación, algunas grandes empresas, especialmente del sector automovilístico, encabezadas por Ford y General Motors, iniciaron una doble política consistente en abrir fábricas y adquirir empresas de otros países, que les proporcionaban marcas más conocidas para los compradores locales. Esta última estrategia fue la que General Motors adoptó en Europa, donde compró la británica Vauxhall en 1925 y la alemana Opel en 1927

-          Las restricciones al comercio
Toda la época de entreguerras está marcada por políticas comerciales cada vez más restrictivas. El proteccionismo, dominante ya antes de la guerra, se incrementó posteriormente por varias razones:
1)      El aumento de la competencia internacional, consecuencia del progreso técnico y del abaratamiento de los transportes.
2)      Las dificultades de muchos países para equilibrar sus balanzas de pagos.
3)      El nacionalismo económico, que defendían la industrialización de cada país como forma de crecimiento económico y de impulso al empleo.
4)      El ejemplo de los países a la cabeza: EEUU, con una balanza de pagos muy favorable, incrementó sus aranceles en 1921 con el objetivo de evitar las importaciones baratas impulsadas por la pérdida de valor de las monedas europeas.

-          La evolución de los precios relativos de los productos primarios y los problemas de los países exportadores agrarios.
Tras la Primera Guerra Mundial, la producción primaria continuaba siendo muy importante. Los productos primarios representaban casi el 60% del comercio mundial, correspondiendo un 40% a los productos agrícolas y un 20% por las materias primas de minerales. El comercio mundial de productos primarios superaba también en valor al de productos industriales, tanto en 1913 como en 1929. Entre ambas fechas, las exportaciones de productos primarios crecieron en volumen más que los productos industriales, aunque no en valor, como se puede observar en el siguiente cuadro.
El principal problema para los países exportadores de productos primarios fue que la caída de los precios coincidió con un gran esfuerzo inversor, especialmente en el ámbito agrario. De hecho, las mejoras logradas en la productividad contribuyeron decisivamente al exceso de oferta que se hizo presente una vez superados los efectos inmediatos de la guerra. Los campesinos habían hecho las inversiones contando con una estabilidad del nivel de los precios relativos. El descenso de los ingresos esperados les reportaba serias dificultades para hacer frente a la devolución de los créditos con los que habían financiado la mecanización de sus exportaciones. Otro factor que jugaba en el mismo sentido era el aumento de los precios de sus inputs, especialmente de los abonos.
Como hemos visto anteriormente, el incremento de la oferta por parte de los países exportadores de productos primarios se encontró con restricciones significativas en la demanda por parte de los países industrializados. La reducción de la demanda se debía al fin del impacto de la guerra y al hecho de que, una vez alcanzada la paz, los países europeos se esforzaron en recuperar la producción agrícola con el deseo de reducir al mínimo posible la dependencia de las importaciones. El conflicto había puesto de manifiesto los riesgos de depender del exterior en productos imprescindibles. Muchos países que tradicionalmente habían sido importadores tomaron medidas para aumentar o, como mínimo, no reducir más su producción primaria. Incluso Gran Bretaña cambió su librecambismo tradicional por la protección a la remolacha azucarera (1925) e Italia se marcó como objetivo en 1926 alcanzar rápidamente la autosuficiencia en cereales.







Comparación del comercio internacional de productos industriales y de productos primarios

1913
1929
% valor productos primarios sobre valor total del comercio
64
62
Evolución en volumen del comercio
-          De productos industriales
-          De productos primarios

100
100

129
138
Evolución en valor del comercio
-          De productos industriales
-          De productos primarios

100
100

180
164
Incremento del precio
-          De los productos industriales
-          De los productos primarios

100
100

140
119
Capacidad de compra de los productores primarios
100
107
Términos de intercambio de los productos primarios
100
85




Los países exportadores primarios reaccionaron a la doble disminución de la demanda y de los precios ofreciendo subsidios a las exportaciones (que permitían vencer al exterior a un precio inferior al precio obtenido por los exploradores), acumulando stock (a partir de cierto precio, el gobierno compra el producto para evitar una mayor caída de precio), dificultando las importaciones (aumentando las barreras arancelarias) o, menos habitual, disminuyendo la producción. Aunque estas políticas empezaron a aplicarse en los años veinte, alcanzaron su punto álgido durante la Depresión.
De hecho, el crecimiento de los precios de los productos primarios, a pesar de ser muy moderado e inferior al de los productos manufacturados, aun habría sido inferior sin los efectos de las políticas de apoyo a los precios, como el plan británico Stevenson para el caucho (1922), la protección al precio del azúcar cubano o la formación del cartel internacional del cobre en 1926. Estas mediadas lograron éxitos temporales, aunque a la larga resultaron contraproducentes: los precios internacionales elevados artificialmente estimularon a los productores que escapaban del dominio de los países que intentaban controlar los precios, de modo que el resultado final fue el aumento aun mayor de la oferta.

En las condiciones de la época, el exceso de oferta no se puede calcular solo mediante los precios. Se debe tener en cuenta asimismo el stock. Con un índice de 100 en 1925, los precios de un conjunto de productos agrícolas eran de 75 en 1929 y el stock 175. En 1932, eran 25 y 260 respectivamente. Sin la restricción de la oferta, los precios habrían descendido aún más.

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