ASPECTOS
AGRICOLAS
1.
La primera revolución agrícola contemporánea.
2.
Sistema
Norfolk: La Revolución del nitrógeno
3.
Los
cercamientos

Los sistemas de
explotación tradicional fueron modificándose como consecuencia de la aparición
paulatina de innovaciones técnicas y de cambios en la distribución de la
propiedad (paulatina desaparición de las tierras comunales y campos abiertos,
openfield, a favor del movimiento de cercados -enclosure movement-).

Estas novedades se experimentaron por
primera vez en el este de Inglaterra y se difundieron después a los países de
mediterráneos, donde las innovaciones fueron más tardías y consistieron,
en una mejora, diversificación y ampliación de los regadíos. En la Europa
septentrional, el barbecho fue sustituido por la rotación de cultivos
complementarios. Los tubérculos (nabos, papas) y los forrajes (trébol), para
alimentar el ganado, podían ser introducidos en las rotaciones sin agotar la
tierra, intercalándose con el cereal, según el siguiente ciclo:
trigo-nabos-cebada-trébol. De este modo, la tierra se regeneraba sin necesidad
de dejar de producir. Junto con la papa, otros productos originarios de
América, y ya conocidos con anterioridad, se difundieron en este periodo. Es el
caso del maíz, empleado como forraje, o los pimientos, cultivados en huertas.
La invención de maquinas para este
sector, además de traer consigo grandes controversias, facilitó el trabajo e
incrementó la producción. Entre estos inventos se encuentra: la sembradora de
Jethro Tull que permitía ahorrar semillas y mano de obra. La segadora de
MacCormirck, tirada inicialmente por caballos, realizaba el trabajo equivalente
de un elevado número de personas provistas de las tradicionales hoces y
guadañas. La trilladora de Turner, quitaba el trabajo a decenas de jornaleros,
separando eficazmente la paja del grano.
La utilización de fertilizantes
naturales y la aparición de los primeros fertilizantes artificiales, dieron
también un impulso a la productividad de la tierra.
Se pusieron en explotación y se sanearon
nuevas tierras, ampliándose la superficie cultivada.

El sistema Norfolk es un sistema de rotación de cultivos revolucionario surgido entre los años 1730-1740
en Inglaterra en el momento de la Revolución agraria que consistía en que en los cultivos se hacían rotaciones regulares sin agotar nunca
la tierra ni dejarla improductiva. Este sistema fue inventado por Lord
Townshend, embajador inglés en Holanda y secretario de Estado, quien tras
abandonar su carrera política en 1730 se retiró a sus propiedades en Norfolk (Reino
Unido). Se trataba de
aplicar la rotación cuatrienal en el siguiente orden: trigo, nabos, cebada, trébol. De esta forma se eliminó el barbecho, aumentando la productividad y dedicando las plantas forrajeras a la alimentación del ganado.1 Lord Townshend, se inspiró en los métodos que
había visto practicar en los países
bajos, drenó el suelo, lo
abonó, inició los cultivos que se sucedían en rotaciones regulares sin agotar
nunca la tierra ni dejarla improductiva y sembró prados y forrajes para el
ganado.
2.
Segunda
revolución agrícola (high farming)
A partir de 1830 empieza a difundirse en Gran
Bretaña una forma de organización agrícola técnicamente más avanzada,
denominada high farming, conocida también como Segunda Revolución Agrícola.
Ello significo “el paso de la agricultura, de una industria extractiva a una
industria manufacturera” en el sentido de que, como cualquier otra industria la
empresa agrícola necesitaba adquirir en el mercado una parte importante de los
inputs necesarios para el proceso de producción, especialmente productos
destinados a mejorar la alimentación animal y el rendimiento de la tierra. En
ambos aspectos, los productos básicos son más bien sorprendentes: orujo de lino
y de colza (restos una vez extraído el aceite) y huesos.
El high farming genera explotaciones integradas (agrícolas
y ganaderas) que pueden fácilmente cambiar su producción según la evolución
relativa de los precios de los cereales y de los productos ganaderos, sobre
todo cuando la disponibilidad de los abonos artificiales convirtió en
secundaria la necesidad de producir estiércoles para fertilizar los campos.
Así, si los precios de los cereales eran más provechosos, podían disminuir el número
de de cabezas de ganado y vender el cereal. En cambio, si la relación de
intercambio era favorable a los productos ganaderos, se destinaba más cereal a
alimentar al ganado dentro de la explotación. Puesto que se producía para
vender, la preocupación principal de esta agricultura capitalista era la
disminución de costes, en especial de los costes de trabajo. Ello se obtuvo por
el mismo aumento de la productividad agrícola e industrial (selección de
semillas y de razas de ganado, disponibilidad de abonos artificiales), al igual
que por la introducción de la maquinaria agrícola, que supone un importante
ahorro de mano de obra, sobre todo temporera. Como contrapartida, la
disminución de la cantidad de trabajo necesario por superficie, y hasta 1870,
la tendencia de los precios agrícolas al alza, animaban a aumentar o a mejorar
la superficie cultivada, ni que fuera llevando a cabo importantes obras de
drenaje. Así, más de 1,5 millones de hectáreas fueron drenadas en Inglaterra
entre 1845 y 1870 y el proceso exigió temporalmente una fuerte demanda de mano
de obra.
Esta revolución capital intensiva deja a la sombra
una revolución agrícola paralela trabajo intensivo, llevada a cabo por los
campesinos con poca tierra, gracias a la difusión de un producto humilde, pero
de gran rendimiento: la patata. Hacia 1800, la media de producción de trigo en
Europa era de 8,5 quintales por hectárea; la de patatas, de 50 quintales.
Aunque el trigo aportaba más calorías por unidad de peso, el rendimiento
calórico por unidad de superficie es muchísimo más favorable a la patata. De
hecho, la disponibilidad de una pequeña superficie para cultivar patatas explica
la pervivencia en el campo de muchos campesinos desposeídos por el proceso de enclosure. Las patatas y
los jornales que se podían conseguir permitían sobrevivir, aunque fuera
pobremente. Las alternativas posible, el trabajo industrial o la emigración, no
eran mejores. De ahí que la aparición de un hongo que pudría las patatas, y que
causó la pérdida de la cosecha de 1847, arruinó a gran parte del campesinado irlandés,
hasta el punto de causar muchas muertes por inanición y de provocar que una
parte significativa de la población emigrase a EEUU. Otras pequeñas
explotaciones sobrevivían gracias a la especialización, ya fuera en la viña o
en la producción de frutas, hortalizas y aves de corral para el consumo urbano.
Una evolución paralela, pero diferente, viene
representada por la explotación capitalista extensiva, practicada en zonas
templadas y poco pobladas de América y Oceanía. Se trata de grandes
explotaciones con una importante disponibilidad de capital, destinadas
especialmente a la obtención de cereales o de productos ganaderos (lana, y
secundariamente cuero y carne), que hacían compatibles unos rendimientos bajos
con una productividad alta gracias al ahorro del factor trabajo. En la
agricultura de EEUU, este ahorro fue especialmente importante cuando, a partir
de la Guerra de Secesión (1861-1865), se difundió el uso de la maquinaria
agrícola.
La tercera fase, que corresponde al periodo
posterior, así como también la difusión del high farming en gran parte del
continente europeo y de la agricultura capitalista extensiva en las zonas
templadas de los demás continentes, viene marcada por la mecanización, con una
disminución todavía mayor del factor trabajo.
La Revolución Industrial incidió en la agricultura
indirectamente a través del transporte, exactamente gracias al ferrocarril que
hacía que los productos frescos (leche,
huevos, frutos y hortalizas) pudiesen llegar a mercados más lejanos en menos
tiempo. Algo parecido sucedió, a otro nivel, con la navegación a vapor, que
permite más volumen de transporte y a precios muchos más bajos. La conjunción
de los dos medios de transporte permitió que el cereal de Rusia o del interior
de EEUU llegara a Europa a partir de 1870 a precios sin competencia posible.
3.
Los
cambios en la agricultura durante la Segunda Revolución Tecnológica
Durante la etapa de la Segunda Revolución
Tecnológica, y en gran parte como consecuencia de esta, la agricultura
experimentó importantes transformaciones. En el punto de partida, el esquema
básico es muy parecido al industrial. La producción y la productividad
crecieron hasta el punto de provocar una larga crisis de sobreproducción,
superada por la adopción de innovaciones, aunque también a través del recurso
al proteccionismo. El incremento de la producción fue debido al aumento de la
superficie cultivada y a la mejora de rendimientos, fenómenos que se pueden
presentar juntos o por separado. La puesta en cultivo de más tierra depende
sobre todo del aumento de la población y del estimulo de la demanda. La mejora
de los rendimientos está directamente relacionada con el cambio tecnológico.
Las
formas de explotación
La característica de la explotación agraria en la
época de la Segunda Revolución Tecnológica es el peso creciente del factor
capital. Las plantaciones se inician en el SXVII, pero la revolución de los
transportes, la ocupación colonial de gran parte de Asia y África y la
introducción de nuevos productos representan a finales del SXIX un cambio no
solo cuantitativo sino también cualitativo. Los productos antiguos de
plantación son básicamente el azúcar (Brasil, Caribe y sur de EEUU) el tabaco
(Caribe y sur de EEUU) aprovechando el desabastecimiento provocado por la
Guerra de Secesión en EEUU, otros países como Egipto, Brasil, China, la India y
Rusia aumentan el cultivo y la explotación de algodón, rompiendo así el
anterior casi monopolio de EEUU.
Los nuevos productos de plantación con un fuerte incremento en el
momento de la Segunda Revolución Tecnológica son: el café, que prácticamente
era en esta etapa un monopolio de Brasil, pero que comenzaba a extenderse hacia
el Caribe (Jamaica, Santo Domingo) y hacia Colombia; el té, cultivado
tradicionalmente en la India y en Sri Lanka (Ceilán); el caucho, que explotado
en Brasil en estado salvaje se convirtió en producto de plantación en Indochina
y en Indonesia; y los aceites vegetales (palma, cacahuete), introducidos por
los colonizadores en las costas del golfo de Guinea.
La
gran transformación agraria
Los principales cambios han sido la práctica de la
desaparición de la agricultura de autoconsumo en Europa y su retroceso en Asia
y en parte de África, una agricultura sustituida por la agricultura orientada
al mercado. Esta generalización de la agricultura capitalista fue debida al
estimulo de la demanda, consecuencia del aumento de la población urbana, del
incremento de la renta y de la caída de los precios. Fue también debida al
aumento de la productividad, gracias a un mayor uso de la maquinaria agrícola,
a la mejora en la selección de semillas y ganado, al uso más intensivo de
abonos y finalmente a la seguridad que ofrecía el proteccionismo agrario vigente
en la mayoría de países.
La innovación más decisiva que representa el momento
crucial de todos los tiempos en la agricultura fue la difusión del tractor. Los
primeros tractores empezaron a funcionar en EEUU en 1905. En 1920 ya había en
funcionamiento unos 246.000.
4.
Mejoras
y dificultades en la agricultura en el crecimiento económico de los años 20
El
incremento de la demanda y las dificultades para el transporte existente
durante la guerra provocaron un fuerte incremento de la producción agrícola.
Los elevados precios que se pagaban por los productos agrarios estimuló la
inversión, que se tradujo en ampliación de la superficie cultivada y,
especialmente, en la introducción de técnicas más intensivas en capital: mayor
uso de productos químicos, mayor atención a la selección de semillas y sobre
todo más maquinaria (arados especializados, segadoras, trilladoras).
Al
mismo tiempo creció la producción. Como consecuencia, los costes unitarios de
producción bajaron. Los precios de los productos agrícolas pronto comenzaron a
descender como consecuencia del aumento de producción, de las mejoras de la
productividad y del descenso de la demanda. Coincidiendo prácticamente con el
retorno al patrón oro, el stock de productos agrícola se duplicó entre 1924 y
1929. Los principales productos en crisis fueron los cereales, especialmente el
trigo, y el azúcar.
El
crecimiento de la producción no fue demasiado elevado, aunque no fue acompañado
de un aumento paralelo de la demanda: el aumento del consumo no alcanzó el 11%.
El pan comenzaba a dejar de ser la base principal de la alimentación en los
países más avanzados.
Tras
la guerra hubo un enorme crecimiento de la superficie dedicada al azúcar de
caña en los países tropicales, especialmente en Cuba y en la isla de Java. A
pesar del aumento del consumo del azúcar, la recuperación de la producción
europea se tradujo en un exceso de oferta y en una vertiginosa caída de los
precios, que se intentó evitar mediante la elevación de las barreras
arancelarias europeas.
De
todas formas, el país más perjudicado por la caída de los precios agrarios fue
Australia, doblemente afectada por el descenso de los precios del trigo y de la
lana.
La
causa fue el efecto combinado del aumento de la producción, que se cifra en un
16% durante los años veinte, de la competencia de las fibras artificiales y del
mejor aprovechamiento de las materias primas por parte de la industria textil.
5.
Los
problemas agrícolas como causa de la crisis de EEUU tras la Primera Guerra
Mundial
Los
problemas agrícolas: la agricultura americana tenía problemas estructurales,
principalmente en el sector del trigo y del algodón.
Los productores de trigo tuvieron que hacer frente a la
caída del consumo interior (debida a un mayor bienestar de la población que le
permitía prescindir del pan) y a la competencia internacional ya que, en el
exterior, la recuperación de Europa y los precios más competitivos de otras
potencias exportadoras como Canadá o Australia, comportaron una disminución
importante de las exportaciones americanas. Como consecuencia el precio se
redujo en pocos años a la mitad.
Respecto al algodón, la situación era peor ya que, en las zonas de monocultivo
en el sur, los trabajadores negros trabajaban en explotaciones pequeñas y
atrasadas, arrendadas a corto plazo y que eran poco competitivas.
Los principales problemas de la
agricultura americana fueron el desfase entre demanda y oferta, puesto que la
guerra fue una oportunidad debido a la subida de precios por parte de la
demanda europea y animó a muchos agricultores a ampliar y modernizar sus
instalaciones. Pero al acabar la guerra, la producción seguía creciendo
mientras que los precios comenzaban a descender, aunque la mejora de la
productividad permitió un ligero aumento de la renta agraria. El problema residía
en las explotaciones endeudadas,
que con la caída de precios no lograban cubrir con sus ingresos los gastos de explotación
y financieros.
6.
Factor de crecimiento en la edad de oro del capitalismo. La Doble
revolución Agrícola: motorización y semilla (La revolución verde)
A pesar de todo, la agricultura
fue el sector económico que experimentó una transformación más radical, ya que
pasó a ser una actividad industrial (aparece el tractor). De hecho, encontramos
dos procesos independientes: la mecanización
(ahorra trabajo) y la revolución
verde (aumenta la producción). Ambos procesos se pueden dar por
separado, aunque la eficiencia máxima se obtiene cuando funcionan
conjuntamente, provocando así un aumento sin precedente de los rendimientos y
especialmente de la productividad.
Tanto una como otra suponen la
adopción de innovaciones además de la sustitución de unos factores orgánicos
por otros inorgánicos, que exigían una aportación de capital mucho más elevada
a cambio del ahorro de los otros factores de producción: tierra y trabajo.
-La motorización permite sustituir el esfuerzo humano y animal por
la energía proporcionada por el motor de combustión interna, básicamente
mediante el tractor, al que se le sumaron una serie de máquinas recolectoras,
además de maquinaria que permitía ahorrar trabajo en la ganadería.
-La revolución verde tiene varios aspectos cuyos factores
principales son:
1. La adopción de semillas
híbridas, preparadas científicamente y tratadas contra las plagas, de rendimiento
muy superior a las naturales.
2. Un uso más intenso de los
productos químicos como abonos más diversificados.
3. Aumento de regadíos con nuevas
formas (riego y goteo) que ahorraban agua.
4. La intensificación del
monocultivo.
5. La mejora de las razas en el
ganado y su engorde intensivo (estabulado y alimentado con pienso industrial).
La contrapartida fue un fuerte
aumento de la productividad. Las tasas de crecimiento agrario fueron superiores
a la de cualquier otro momento anterior o posterior, aunque ésta fue una
característica de todo el siglo. Pero los beneficios del crecimiento de la
productividad fueron a parar más a la economía general, a los consumidores y a
los negociantes agrarios que a
los agricultores. Además, la tendencia al monocultivo y a la explotación ganadera
intensiva genera problemas graves de sostenibilidad.
El proceso era más avanzado en
EE.UU, donde tras la guerra, el gobierno mantuvo políticas heredadas del New Deal que significaban precios
subvencionados a cambio de reducir la superficie trabajada. La mejora de la
productividad se debió a la disminución de la mano de obra agrícola favorecida
por la motorización y por la oferta de trabajo en la industria y en los
servicios.
Tanto Europa occidental como
Japón fueron introduciendo las innovaciones estadounidenses, a pesar de los
problemas de adaptación y reestructuración que planteaba el pequeño tamaño y la
escasa capitalización de las explotaciones. La adopción de la motorización, los
abonos, los productos químicos y las mejoras en las semillas y los animales
fueron acompañados de una fuerte reducción de mano de obra agrícola y del
número de explotaciones, y de una mayor intensificación ganadera de las
explotaciones subsistentes.
La revolución verde también ha
llegado a países en vías de desarrollo, mucho más en los aspectos relacionados
con las mejoras de semillas, animales y productos químicos que en la
motorización. Sin embargo, no ha solucionado todos los problemas ya que la
mejora de la productividad ha exigido más dependencia de inputs exteriores y más capital, de
modo que a menudo ha agravado las diferencias de renta entre los campesinos,
enriqueciendo a los más ricos y empobreciendo al resto.
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